Hora 25El análisis de Xavier Vidal-Folch
Opinión

La herencia de Trump, en ruinas

¿Sirven para algo las cumbres internacionales? A veces sí. No para todo lo que muchos pretenden, pero al menos para encontrar algún punto de apoyo para consensos posteriores

La herencia de Trump, en ruinas

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Barcelona

¿Sirven para algo las cumbres internacionales? A veces sí. No para todo lo que muchos pretenden, pero al menos para encontrar algún punto de apoyo para consensos posteriores. Es lo que acaba de suceder con la reciente cumbre del G-20 en Bali y con la climática en Egipto.

A veces no sirven para nada más que para retroceder. Es lo que sucedía en la época de Donald Trump. Desarticulaba las reuniones del G-7 y del G-20, los foros de los países de economía potentes. Se oponía a armonizar impuestos. Se dedicaba a aplicar más y más aranceles, o sea, impuestos a la importación de los productos ajenos. Enredaba, boicoteaba a la Organización Mundial del Comercio. No creía en un mundo gobernado multilateralmente.

Y lo mismo practicaba en las reuniones y cumbres climáticas. Era (y es) un negacionista climático, niega que los gases de efecto invernadero calienten la atmósfera. Reivindica las energías fósiles (y los enloquecidos dividendos de las compañías gasistas, petroleras y de fracking) que los explotan. Y recela de las renovables.

Trump no ha muerto políticamente. Pero va de capa caída. Y sobre todo su herencia internacional está en la ruina. El último G-20 no solo no se ha enzarzado en discusiones comerciales bizantinas, sino que ha reducido la tensión en las relaciones occidentales con China. Y sobre todo ha negado taxativamente que esta era pueda ser una era de guerra; y ha dejado claro que la amenaza nuclear está fuera de sitio. Y la cumbre climática de Egipto ha aprobado la creación de un fondo multilateral para ayudar a los países más perjudicados por el calentamiento global: falta, sin embargo, fijar su dotación, designar a los paganos y concretar su funcionamiento.

Todo eso es menos que lo deseable. Pero también mucho más de lo que se esperaba. E infinitamente más de lo que jamás podrá haberse pensado si en Estados Unidos mandase un populista extremista como el magnate Trump, ese tipo que nunca paga impuestos.

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