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Yásnaya E. Aguilar Gil: "No hay mejor manera de ponerse en los zapatos de los otros que aprender su lengua"

La lingüista, ensayista y traductora mixe reflexiona sobre el multilingüismo e invita a defender y conocer aquellos idiomas que se encuentran amenazados

Vecinos sin derecho a votar su alcalde y la importancia de preservar las lenguas minoritarias

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Madrid

Entre dos mesas de un café madrileño donde sus comensales hablan en francés, una chica habla por teléfono con acento bogotano y la camarera que le trae su cuenta comparte que es caleña, Yásnaya Elena Aguilar Gil se presenta para hacer una de sus actividades favoritas: platicar. Originaria de Ayutla, en el Estado mexicano de Oaxaca, esta lingüista mixe muestra su interés por las lenguas incluso en las charlas previas a la entrevista propiamente dicha al ser ella quien primero lanza preguntas a su interlocutora: "¿De dónde eres? ¿Y ya cuánto llevas en España? Es verdad que no has perdido nada el acento", dice entre sonrisas, admitiendo que muchas veces analiza maravillada en secreto la forma en la que otras personas hablan. "Dice mucho di ti la forma en la que hablas y no nos damos cuenta". Por ello, en 'Ää: manifiestos sobre la diversidad lingüística' (Almadía), una recopilación de ensayos, Aguilar reflexiona sobre el uso y valoración que damos a las lenguas, invitando a defender y conocer aquellos idiomas minorizados como una forma de pluralidad vital.

Se estima que durante este siglo, más de la mitad de las 7.000 lenguas que se hablan en el mundo podrían morir. La diversidad biológica está íntimamente ligada con la diversidad lingüística, así que la crisis climática -que a día de hoy ya genera migraciones forzadas- es una amenaza también para la supervivencia de las lenguas, pues sus hablantes se ven forzados a hablar en una lengua que no es su lengua materna, muchas veces derivando en la muerte lingüística. Para Aguilar, hay dos formas en las que una lengua muere. La manera "normal" es la de una lengua "que cambia tanto, que se vuelve en otra cosa y esa es una forma de no morir en realidad", como sucedió con el latín, que siguió viviendo como lo que hoy conocemos como español, francés, catalán, rumano, etc. En cambio, la segunda forma en la que muere una lengua es necesariamente violenta, pues tiene que ver con acabar con las lenguas por medio de etnocidios o genocidios. Por ello, "si fuera normal que las lenguas murieran, no se explica por qué en este momento de la historia y no antes hay una muerte de las lenguas tan masiva", explica la lingüista. En la conversación, Aguilar también expone el nacimiento violento de las lenguas criollas. O, más recientemente, el del "spanglish", que surge gracias a la migración de personas hispanohablantes hacia Estados Unidos.

En un contexto donde cada vez se clama por la diversidad, la paradoja de las pérdidas de lenguas minorizadas se explica por las migraciones forzadas. Aunque también se debe a la homogeneización que los Estados-nación y algunos de sus hablantes ejercen contra quienes hablan lenguas minorizadas. En su libro, Aguilar explica de forma muy clara cómo se valoran ciertos monolingüismos y ciertos bilingüismos. "No tiene que ver con la lengua sino con la valoración que se ha hecho de ella, una valoración totalmente extralingüística". Por ejemplo, si una persona es monolingüe en español, no se le juzga negativamente por solo hablar esa lengua tanto como a una persona monolingüe en zoque. Otro ejemplo: si una persona es bilingüe en español y mixe, se le considerará en menor estima que a una persona que es bilingüe en español e inglés, pues se considera "más útil" hablar inglés y español antes que una lengua indígena. Además, este tipo de prejuicios lingüísticos ponen en una disyuntiva sin sentido e injustificada a los hablantes, pues en realidad es compaginable aprender una lengua indígena junto con inglés.

Lenguas desde el disfrute, no desde la amenaza

"Hay un ocultamiento desde los Estados-nación a pensar que hay más lenguas que las oficiales o las lenguas del Estado", comparte Aguilar sobre la negación de la diversidad lingüística. No es que defienda que haya un Estado particular para cada lengua, sino que se reconozca la diversidad que cada uno ya tiene dentro de sí. Un ejemplo del que habla mucho la lingüista en su libro es el de la castellanización en México, cuyo objetivo principal, "aunque suene contradictorio", "no fue tanto castellanizar, fue luchar contra el uso de las lenguas originarias". México reconoce 68 lenguas indígenas y al español como sus lenguas nacionales. Sin embargo, sólo un 6.2% de la población en el país americano habla una lengua indígena, según el último censo del INEGI.

Cuando se le pregunta cómo ve el caso de España, donde el español es la lengua oficial que convive con lenguas cooficiales (euskera, catalán, aranés, gallego y valenciano), Aguilar entiende que la discusión de sus habitantes va más bien vinculada a movimientos independentistas y eso complica en ocasiones la cuestión. Sin embargo, la ensayista cree que una perspectiva que podría tomarse es "desde el disfrute de la diversidad" de las lenguas que se hablan, aproximarse a ellas "como una riqueza de este país", no como una amenaza.

Las lenguas son una muestra viva de las emociones humanas pero también de las condiciones sociales e identidades políticas de sus hablantes y para Aguilar "no hay mejor manera de ponerse en los zapatos de los otros que aprender su lengua". Y así como podemos cambiar de zapatos, las lenguas y nuestras identidades también lo hacen. "Es más fácil abrir la mente una vez que se han abierto los oídos", y por ello muchas veces podemos sentir mayor empatía con quien expresa que siente "morriña" gallega, "saudade" portuguesa o "achicopale" en México si sabemos qué siente cuando nos habla. Entender las discriminaciones, alegrías y vivencias de la gente se logra tendiendo puentes lingüísticos.

"Indígena oculta una diversidad gigante"

Definir la otredad es una constante humana y sólo puede hacerse en contraposición a una cosa que se define como distinta. Muchas lenguas indígenas no tienen un término para definir "indígena", pero sí tienen términos para nombrar a aquellas personas que no forman parte de sus comunidades. "Indígena oculta una diversidad gigante", explica Aguilar sobre un término que explica como una categoría política. La activista, precisa y directa en sus palabras, explica que no hay una cultura indígena, porque poco o nada tienen en común el pueblo inuit en los hielos con los pueblos mixes. Ser indígena es "pertenecer a un pueblo que sufrió colonialismo y que en los procesos de conformación de los países no formamos uno propio".

Y al igual que la categoría de indígena, para Aguilar "si lo político es el arte o la gestión de lo común, no hay nada más político que una lengua". Ante la pérdida de lenguas que se prevé para este siglo, la ensayista hace un llamado a la acción para protegerlas por medio del cuidado mismo de las personas: "Amo las lenguas, pero me importan más sus hablantes porque para que logres matar una lengua tienes que oprimir a sus hablantes".

Fernanda Fernández

Fernanda Fernández

Redactora y productora en 'A vivir que son dos días' desde 2022. También produce 'Segunda Acepción'.

 
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