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Cannes 2023 | 'Cerrar los ojos': Víctor Erice y el milagro del cine

Cincuenta años después de 'El espíritu de la colmena', el director emociona en Cannes con una película sobre la memoria y el poder del cine

Fotograma de Cerrar los ojos, película de Víctor Erice presentada en Cannes / cedida

Tuvo algo de místico la esperadísima proyección de Cerrar los ojos, el regreso de Víctor Erice. Ya sonaba a milagroso que el director decidiera, treinta años después, volver a rodar un largometraje. Milagroso fue que encajara con su cine, con su carrera, con su manera de mirar el mundo y que dejara en silencio a la sala entera, recordando que los milagros solo están en la gran pantalla.

Con solo tres largometrajes, Víctor Erice se consolidó como uno de los grandes directores del cine español, cuyo cine ha observado a España desde lugares diferentes. Los ojos de una niña que descubría el cine y la maldad de la Guerra Civil, una joven que busca entender a su padre y con él a toda una generación o la mirada de un pintor realista. El espíritu de la colmena, El sur y El sol del membrillo, tres títulos vitales para la historia de España. Durante años, durante décadas, en el cine se español estaba la incógnita de por qué no volvía a rodar Víctor Erice. Él siempre dejó claro que no ha dejado de rodar, aunque es cierto que desde hace treinta años no ha estrenado un largometraje.

Cerrar los ojos es su cuarta película, que ha rodado a sus 82 años. Una película en la que Erice habla de él, pero sobre todo de su cine. Biografía, ficción, memoria y sentimientos van apareciendo en las casi tres horas de metraje de una película que se ha presentado en el Festival de Cannes en la sección Cannes Premiere, con la ausencia del director, algo que quizá se comprende una vez vista la película en la que la idea de desaparecer, de dejar que la obra hable por si misma está muy presente. En un pase lleno de españoles, con cineastas como Kore Eda o Amat Escalante entre los asistentes y con una ovación a los productores y a los actores que ha puesto los pelos de punta. Ana Torrent, a quien Erice dio su primer papel de niña en El espíritu de la colmena, Manolo Solo, un alter ego del director, José Coronado, un actor desaparecido, y María León.

El argumento es sencillo: un programa de televisión que se encarga de buscar desaparecidos, un Quién sabe dónde moderno, dedica un especial a un actor que desapareció en medio de un rodaje. El director de aquella película, ya retirado, decide participar. Una historia, escrita junto a Michel Gaztambide, que le permite al director repasar su vida y sus películas, la unión de ambas y su relación con el mundo. Cerrar los ojos es el cierre perfecto del círculo con homenaje incluido a Ana Torrent. Cuyos ojos vuelven a brillar y a emocionar cincuenta años después.

Si esa niña descubría el cine en la España de posguerra, ahora en Cerrar los ojos descubre que el cine puede obrar el milagro, por mucho que diga un personaje que desde Dreyer, el cine ya no hace milagros. La memoria recorre toda la película. El ejercicio que hacen los personajes por recordar aquella misteriosa desaparición. Las teorías conspiranoicas de la prensa, los recuerdos de sus amigos y seres queridos y también la memoria como legado. ¿Quién recordará a ese actor? ¿Qué pensarán al ver sus películas? Como si Erice se preguntara eso sobre sí mismo.

La película se abre y se cierra con unas imágenes de archivo de lo último que ese actor y ese director rodaron juntos y cuya película nunca se terminó, ni se vio. Amigos desde jóvenes, antifranquistas y dedicados al cine. Una película de época, en la que vemos a José María Pou y a José Coronado. El primero le pide al segundo que encuentre a su hija, desparecida en Shanghai. En un guiño a una de sus películas que quedaron sin hacer, como fue la adaptación de la novela de Juan Marsé El embrujo de Shanghai. Los nombres de los personajes son también personajes de aquel guion. Aparece también un guiño a un relato de Borges que nunca llegó a adaptar, La muerte y la brújula.

Cerrar los ojos es la película más sentimental del director vasco, melancólica y bella a la vez. Manolo Solo borda el papel del viejo Erice. Un director que ha dejado de dirigir y de escribir. Que vive, como el propio autor, en un pueblo cerca del mar en la Alpujarra granadina. Que allí, acompañado de un perro, pesca, cultiva y vive con lo justo. El director muestra los invernaderos, los mercadillos, los pueblos. Una España que también existe.

Víctor Erice cierra el círculo cincuenta años después de El espíritu de la colmena. Vuelve a fijarse en el cine, un cine que ya no existe, un cine que tiene la capacidad de hacer recordar, de emocionar y de volver a la vida al más desmemoriado de los desmemoriados. Cerrar los ojos es quizá la más borgiana de sus películas, también la más sentimental y la primera en la que mira a la España del momento actual. En la que se cuela el emérito, cuyas tropelías quedará esculpidas en la historia del cine. Se cuela también la lucha contra la dictadura, la memoria histórica.

"Una persona no es solo memoria, también son sentimientos", dice Juan Margallo en el filme. Otro guiño al cine de Erice, pues Margallo fue el maqui de El espíritu de la colmena. Memoria e identidad, individual y colectiva. La película habla de lo que somos, de quiénes somos para los demás y lo hace con la figura del actor, capaz de interpretar mil personalidades. Solo el cine puede ayudarnos, dice Erice en un precioso final, lleno de miradas, de sombras en la sala oscura y de emoción y de ojos cerrados.

Pepa Blanes

Pepa Blanes

Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...

 
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