Alejandro Zambra escribe una carta a su hijo y demuestra el poder de la literatura para crear una nueva masculinidad
El escritor chileno fue padre hace cinco años y por eso ha escrito 'Literatura infantil', una novela sobre escribir, la paternidad y la infancia perdida
Alejandro Zambra / Cedida
Cuando Kafka escribió Carta al padre, para contarle a su progenitor el miedo que sentía por él, usó todas las tácticas de un buen abogado. La carta se salvó de la hoguera y con ella un texto clave para entender al escritor checo. Mucho menos traumático es la carta al padre y la carta al hijo que Alejandro Zambra ha dejado para la posteridad en Literatura infantil, su nuevo libro publicado en Anagrama y que le ha traído a la Feria del Libro de Madrid, que acaba este fin de semana. "Siento que se castiga la idea de ficción", dice en una entrevista en la Cadena SER.
El escritor chileno fue padre hace cinco años y por eso ha escrito esta novela en la que cuenta lo que estaba pasando el primer año de vida de Silvestre, así se llama el hijo, en una ficción en la que escribe, con prosa y versos, lo que le sucedió al convertirse en padre en un momento en el que se vive una dificultad por expresar los sentimientos. "Me parece que es recurrente la idea de que toda literatura es una vuelta a la infancia, luego formalizamos y empezamos a hablar de literatura en términos muy técnicos", reconoce el escritor, que ha jugado con el título.
Literatura infantil muestra también una nueva masculinidad, una nueva generación de padres dispuestos a hablar de paternidad, a cuidar y a ir desligándose del oficio. "La idea de generación es muy engañosa, porque cuando se habla de generación, inmediatamente se borran las clases sociales, por ejemplo", recuerda Zambra. "En cada país en que parece que ya todas las discusiones sucedieron, pero luego resulta que son las elecciones y los resultados más bien evidencian que ninguna de esas discusiones parece haber sucedido. Entonces cometemos permanentemente el error de creer que están resueltas algunas cosas y luego sale Bolsonaro, luego sale Trump. Y empiezas a preguntarte exactamente cuál era la discusión".
Sobre el debate en torno a la masculinidad, dice Zambra que la clave está en la conversación entre hombres. "Lo que sí se ha vuelto crecientemente importante para mí es la rehabilitación del diálogo entre hombres". El diálogo, la conversación y, sobre todo, la literatura, como camino para la salvación. "Yo confío mucho en la literatura, pero es una desviación mía. No sé si su poder es objetivo, pero yo siento que la literatura permite hablar yendo más allá del grito y de las propias contradicciones. Su poderío, me parece, está vinculado a la conversación".
"Alguien que está escribiendo, está oponiéndose a la tiranía del tiempo cronológico. Que alguien suspenda la vida durante 100 o 200 páginas, significa algo, más allá de lo que lea. Pero en la lectura misma creo que está el milagro de la poesía, de la novela y también el ensayo literario", añade Zambra. Cuando su hijo nació suspendió lo que estaba haciendo en ese momento, que era escribir la novela Poeta chileno y lo hizo porque no quería que hubiera ninguna rivalidad entre la literatura y la crianza. "Desde los primeros días quería que hubiera una armonía entre entre la escritura y la crianza, pensando en estas historias que leímos muchas veces de que el papá está escribiendo y se necesita silencio", cuenta el escritor que admite que hay pocos relatos sobre paternidad en la literatura, frente al auge de los relatos de escritoras que han abordado distintos aspectos de la maternidad en los últimos años.
"Creo que hay más representaciones de la maternidad, pero tampoco tantas, quizá en los últimos años ha habido mucha, pero de la paternidad muy poquitas. Y lo que he visto tiene que ver con el esfuerzo físico, con el cansancio. Y es cierto que eso existe. Me parece que se descuida el espacio del placer, el espacio del juego, la recuperación del juego y la compañía. Hay un montón de satisfacciones que da la paternidad y que no se están narrando, quizá son difíciles de narrar. Por supuesto, la paternidad es una fiesta y hay momentos de desconcierto en medio de cualquier fiesta. A veces piensas que que estás cansado y después encuentras una segunda energía", reflexiona Zambra que insiste en que la paternidad es una cuestión que afecta a toda la humanidad.
El lector encontrará en estas páginas una trama con el estilo ya reconocible de Zambra, donde aparece la figura del narrador poco fiable, porque la duda de si es él el protagonista o no siempre está en el aire. También hay una mirada al padre, no solo al hijo. "Fui descubriendo su necesidad, porque cuando nace nace uno hijo, uno vuelve a ser hijo y a la vez empieza, por primera vez, a compararse realmente con su padre", explica el autor que dedica bonitas reflexiones a hablar de las relaciones complejas y silenciosas que a veces se dan entre hombres. Su padre se convirtió en padre a los 20 años, mientras que Zambra a los 40. "Es una comparación tramposa e inevitable", asiente. "Ninguno de estos problemas se resuelve, porque la vida sigue. El libro no termina cuando uno lo cierra y la vida tampoco, porque uno no termina nunca de encontrarse". También habrá un juego con la ficción y la propia identidad del autor y es que el juego es quizá lo que define la literatura de este escritor tímido y amable.
Cuando en 2006 se publicó Bonsái, la novela con la que el chileno se dio a conocer en España, en algunas librerías lo situaron en la sección de botánica, por eso bromea con que su nueva novela Literatura infantil no se coloque en la parte de infantil. Tampoco en la de autoficción. "Yo distinto entre escribir y publicar", dice sobre qué cuestiones personales pueden aparecer en una novela. "No hay que castigar nada, censurar nada, porque si no la escritura no va a resultar. Pero es una trampa, por lo que yo trataría de salvaguardar el tiempo de la escritura, porque en general lo que sucede con los planes es que fracasan cuando uno escribe, pero sirven porque son punto de partida. Escribir es equivocarse día a día, escribir mal, corregir la frase, ir más allá de la intención comunicativa original, transformarla en otra. Hacer algo con las palabras. Evocar ese momento futuro imposible en que, sin embargo, es posible que se corrobore algo, que se concrete algo con otra persona. Entonces, ahí lo que yo diga en relación a mi vida, en realidad no tiene ninguna importancia dentro de la literatura". Y es que Literatura infantil es, ante todo, un libro sobre el oficio de escribir y su responsabilidad y su grandeza y sus miserias.
Pepa Blanes
Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada...Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural y de Género, dirige el programa de cine y series El Cine en la SER. Es autora de 'Abre los ojos, películas y series para entender el mundo'.