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Wim Wenders: "Perfect days' es un acto puro de optimismo que contrasta con la imagen del mundo actual"

El director alemán firma una de las películas más bellas de la temporada en 'Perfect days', un canto al servicio público, a despojarnos del yo, mientras escuamos a Lou Reed, Patti Smith y The Kinks

Wim Wenders, durante su visita al BCN Film Fest en abril (Photo by Xavi Torrent/Getty Images) / Xavi Torrent

Madrid

Ser optimista hoy es casi un acto revolucionario. Así lo cree el director alemán, Wim Wenders, que a sus 78 años, estrena una película en japonés llena de buena música, bonhomía y que nos invita a vivir sin cinismo. "Soy un eterno optimista, aunque, a veces, es bueno fingir que no lo eres para poder contar una historia", dice el director en una entrevista en la Cadena SER, donde nos habla de Perfect Days, una sencilla y luminosa historia sobre un hombre feliz. "Creo que Perfect days es un acto puro de optimismo, que contrasta con la imagen del mundo actual, porque solo las imágenes contrarias son productivas".

Wim Wenders nos cuenta el discurrir de la vida de un hombre bueno, que trabaja limpiando los baños públicos que hay ubicados por todo Japón. Son baños con cristaleras, de diseño, situados en parques o en calles de la capital japonesas, que el protagonista limpia con esmero y dedicación, con una meticulosidad pasmosa, como si estuviera pintando un cuadro bellísimo y siempre con una sonrisa. Disfruta de su rutina, la naturaleza, la fotografía y los libros."Me gusta mi personaje, porque comienza cada mañana con una sonrisa y porque piensa en hacer las cosas lo mejor que puede, en aportar algo. Quizás no cambie el mundo, pero si hubiera más como él, tendríamos un mundo diferente".

No hay más en el argumento. No importa, la historia no necesita nada más. El director se ahorra giros de guion o momentos dramáticos, tan solo nos ofrece algunos detalles de su apartamento, lleno de libros, casetes de música y cajas de fotos, y algún encuentro, primero con su sobrina, que se ha ido de casa, y luego con una hermana. Escenas que infieren que en el pasado el personaje vivió en otra clara social, más acomodada, donde no fue tan feliz. Eso sí, en ningún momento se verbalizan las razones por las que Hirayama ha decidido dedicarse a su oficio, que le permite vivir en armonía consigo mismo. Una felicidad o una reconciliación con uno mismo que solo el cine puede ofrecernos en el mundo de hoy. Insiste el director que solo podremos sobrevivir como su personaje lo hace.

"Tal y como están las cosas ahora, si no eres optimista, puedes pegarte un tiro. Tengo 78 años y nunca había visto las cosas tan mal como ahora. Cuando cayó el Muro de Berlín, todos pensamos que el mundo iría en una dirección diferente. Lo que no sabíamos era que iba a empeorar. Estoy harto y cansado de esto, y estoy desesperado por el estado del mundo y que la gente tome decisiones equivocadas en todas partes. Eligen soluciones como el nacionalismo o la venganza. Soluciones que siempre han demostrado ser las peores. Estaría totalmente devastado si no fuera optimista. Y no creo que las cosas todavía puedan cambiar y que la humanidad tenga en sí misma el potencial para el cambio. Solo nos va a salvar aprender de los errores del pasado".

Perfect days es una oda también al oficio artesanal, al servicio público, al trabajo bien hecho, algo que con el capitalismo cada vez es más difícil de defender o encontrar. "Los japoneses han aprendido a vivir en las grandes ciudades y a vivir juntos. Por eso aceptan las reglas de manera diferente a cómo lo hacemos en nuestros países occidentales, donde el yo está en el centro de todo lo que hacemos o pensamos. En Japón es al revés y eso está representado en el personaje de Hirayam. Está haciendo un trabajo para otras personas y le gusta hacerlo lo mejor posible", reconoce Wenders. "Me gusta la forma en que en Japón se respeta a los artesanos. En nuestras culturas, los artesanos se encuentran a veces en la parte inferior de la escala social y en Japón es todo lo contrario. Son muy respetados y venerados, incluso se les considera casi como monumentos nacionales, porque hacen algo con sus manos. Hirayama representa esa idea".

Cada día repite los mismos gestos. Se desplaza, como los personajes de En el curso del tiempo, con su camioneta, limpia los lavabos, se encuentra con alguno de sus trabajadores, visita los baños públicos, se arregla el bigote, se afeita, come en un restaurante donde le sirve la misma chica y lee una novela de William Faulkner por la noche. Durante una hora no sabemos casi nada de este personaje, solo tenemos sus gestos, maravillosamente interpretado por el actor japonés Koji Yakusho, que ganó el premio de interpretación en el pasado Festival de Cannes. Protagonista de La anguila, clásico japonés de Imamura, el actor ha aparecido en producciones como Babel, de Iñárritu, Sall we dance? o Memorias de una Geisha. También es parte de ese cine de samuráis de Takashi Miike.

Al ritmo de Lou Reed

El director de Buena vista social club, donde la música era parte de la trama, repita estrategia aquí. El título de la canción de Lou Reed, le sirve para representar un modo de vivir, y conforma el título del filme. Es una de las muchas que suena en la película, junto con los Kinks o Nina Simon. Son las canciones que escucha, en sus viejas cintas de cassettes el personaje. "Me gustan mucho algunas de las canciones que suenan, porque representan parte de la historia de la humanidad y representan cosas que aprecio, ideas que me gustan. Las puse en el guion como parte de la narración, no eran algo accidental o algo que haya añadido después. Son parte de la idea misma de contar la historia que representa la película", nos cuenta el director que reconoce que tuvo miedo de que no cuadraran con la idiosincrasia del personaje, un trabajador público de la ciudad de Tokio.

"Me preocupaba estar imponiendo un poco mi propio gusto. No quería imponer a mi funcionario japonés el gusto musical del viajero alemán, que es lo que soy yo", reconoce Wenders, que ha contado con un guionista japonés para encauzar la historia, Takuma Takasaki A él le preguntó directamente si, como alemán, tenía derecho a incluir estas canciones en el guion. "Me contó que en los años 70,en Japón, se escuchaba también a la Velvet Underground, a los Rolling, a Patti Smith. Me dijo que si el personaje existiera ahora en Japón ,sería rico porque todas esas cintas de casete y el walkman son lo más moderno y popular que hay. A veces pienso que si no hubiera tirado mi colección, sería rico", bromea el director de París Texas o El cielo sobre Berlín, en una decisión que es también una defensa del mundo analógico y presencial que cada vez existe menos y que representa un cine al que se dedicó y que le hizo feliz.

En realidad, la idea de realizar esta película surge más de querer agradecer a Japón todo lo que esa cultura le ha dado a este alemán con mirada universal. "Me gusta la cultura japonesa desde que la descubrí por primera vez en los años 70. Cuando llegué a Tokio por primera vez, me sentí como en casa. Y todavía lo hago. Así que cada vez que voy allí, siento nostalgia. Como si fuera mi país, aunque mi país sea Alemania. Siento nostalgia por Japón si no lo he visitado durante un tiempo", dice Wenders que representará a ese país en los próximos Oscar, siendo Perfect days, una de las competidoras de La sociedad de la nieve de Bayona. "Me asustó la idea, pero entendí enseguida que para ellos la elección se debe al amor que sienten por nuestro actor, por Koji Yajusho. Es muy venerado y respetado y va a ser él quien realmente represente a Japón en los Oscar, yo solo seré el director que le acompañe. Pero bueno, ya he ganado un premio de los cines alemanes a la película internacional más esperada, así que entiendo lo que esto significa".

Homenaje al maestro Ozu

El amor por Japón viene del cine. "Todo empezó cuando vi las películas de Ozu y sentí una afinidad muy profunda, porque no solo estaba representando a Japón, sino a toda la humanidad, más que cualquiera otra película que hubiera visto", dice del director de Cuentos de Tokio a quien había rendido ya homenaje en Tokyo Ga (1985). "Fue un cineasta que representó a la familia en sentido universal", insiste Wenders que destaca del país nipón la manera de convivir y de entender el trabajo hacía el otro. "Me gusta la forma peculiar en la que los japoneses viven juntos y su sentido del bien común y la responsabilidad social. No todo es tan glorioso, también tienen cosas extrañas, pero quizá el hecho de vivir en una pequeña isla, les ha hecho que sepan lidiar con el espacio y convivir con el otro".

La idea de convivencia se refleja en al película, a pesar del carácter solitario de un personaje que mira con respecto e ilusión a aquellos que se cruzan en su día a día y a quienes observa como esos ángeles de Tan lejos tan cerca observaban a los habitantes de Berlín. La mujer que come el sándwich sola en el parque. El niño que se pierde, o el borracho que entra a vomitar en uno de los baños. "Estar en Tokio en hora punta no es una carga como lo sería en Berlín. Evito Berlín y las horas punta porque son muy desagradables, pero en Tokio es hasta bonito. Me encanta tomar el metro en Tokio en las horas pico o en cualquier otro momento, porque es una experiencia social de paz". Eso es lo que trasmite el filme, gracias a la fotografía Franz Lustig —que también ha colaborado con el direcrtor en el documental que estrenará este año, Anselm- y que consigue imágenes armoniosas de la ciudad donde encuatra al personaje, de manera tal que el espectador vive una experiencia sensorial envolvente, sin necesidad de 3D, herramienta que Wenders, utilizó por cierto, en Pina.

El cine es para Wenders también un oficio artesanal. "Hacer cine es en gran medida un oficio, aunque no se haga con las manos, sí se hace con los ojos, y junto con personas que son artesanas, los cámaras, sonidistas, etc. Es más un oficio que cualquier otra cosa. Así que me gusta la idea de la artesanía en las películas, y me gustan todos los directores y cineastas que no se consideran artistas, sino que se consideran artesanos". Entre esa lista, está, de nuevo, Ozu, maestro para el alemán, porque de él aprendió lo más importante. "Cómo mirarte a ti mismo y cómo representar la vida a través del oficio. La artesanía y el espíritu de trabajo están estrechamente relacionados". Perfect days solo podría suceder en Tokio, donde la ciudad, el paisaje y el personaje se integran y se convierten casi en un único ser. De ahí que el paisaje influya en el estado de ánimo del personaje o, al revés, que el estado de ánimo del personaje se debe notar en un paisaje lleno de cerezos, de luz, de coches y de edificios.

Pepa Blanes

Pepa Blanes

Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...

 
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