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Berlinale 2024 | Olivier Assayas detiene el tiempo con su comedia elevada sobre el Covid

El director francés firma un retrato del confinamiento con tono de autoparodia en el que se explora a sí mismo en 'Hors du temps'

Fotograma de Hors du temps / carole bethuel

Berlín

Definía el catedrático Francisco Rodríguez Adrados en su ensayo sobre el teatro griego y romano que la fiesta era un tiempo fuera del tiempo, donde se rompen los hábitos normales, donde todo funciona bajo otras normas y otras lógicas y donde el individuo se aleja de lo apolíneo para disfrutar de lo dionisíaco. Un tiempo paralizado fueron también esos meses en los que el mundo dejó de funcionar como lo venía haciendo. Más que un tono festivo, ese parón, fue triste, angustioso, inesperado y, por qué, en algunos casos también cómico. Hablamos de la pandemia, un tiempo fuera del tiempo que, para algunos privilegiados, fue un punto de inflexión en muchas cosas. Por ejemplo, para el director francés Olivier Assayas que, consciente de ese privilegio, ha creado una comedia agridulce y elevada sobre el confinamiento titulada precisamente Hors du temps, fuera del tiempo.

El inicio de la Berlinale y una obsesión cómica por Coque Malla

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Presentada en la competición de la Berlinale, el filme de Assayas es la metáfora perfecta de lo que el resto de los europeos entendemos por "francesidad", sea lo que sea ese concepto. Dos hermanos, que no tienen la relación más fluida y cercana del mundo, deciden ir a la casa de campo familiar a pasar el confinamiento junto a sus parejas, con las que ninguno de los dos ha convivido hasta ese momento. Vincent Macaigne, con quien ya trabajó en la serie Irma Vepp, y Micha Lescot son los dos protagonistas, junto a Nine D’Urso, Nora Hamzawi. Viven en un bucólico retiro, trabajando no excesivamente, pues todo está parado, leyendo, escuchando música, cocinando, paseando y haciendo deporte. En realidad más que un confinamiento parece un retiro de desconexión.

Assayas en realidad se desnuda en esta película, cuenta sus miedos, sus neurosis, sus angustias y hasta sus lecturas, siempre sesudas, intelectuales y extravagantes. Hay citas todo el rato, incluso los personajes se recomiendan podcast sobre Jean Renoir. Pero tras esa fachada, el director que ejerce de narrador en la voz en of, indaga en los conflictos individuales, familiares y de pareja que generan el tiempo y la convivencia. Cada habitación, cada objeto, les recuerda su infancia y despierta recuerdos de los ausentes: sus padres, sus vecinos… La casa funciona como magdalena proustiana, mientras Assayas, a través de sus personajes, reflexiona sobre la necesidad o la utilidad del cine y la cultura en momentos de zozobra vital, como lo fue la pandemia, y sobre el miedo a la muerte, que se esconde detrás de ese personaje de un director de cine obsesionado con el uso de la mascarilla y la desinfección de la compra. De hecho, una lectura del filme podría ser la de las dos formas de enfrentar ese momento que arrancó en 2020. Quienes defendían la libertad y no veían tan grave lo que estaba ocurriendo en hospitales y residencias, y quienes pensaron que cualquier precaución era poca. Los dos hermanos representando las dos maneras de vivir la pandemia.

Bajo las citas y las frases rococó se encuentra además una mirada a las perniciosas prácticas instaladas en la sociedad actual: comprar en Amazon, suscribirse a Netflix, obsesionarse con éxito laboral y perder el contacto y la conexión con la familia, los amigos y las raíces, pues la película es también un viaje por los años y las generaciones que han habitado esa casa de campo. Assayas juega con la autoficción. Hay frases que hablan de sus verdaderos antepasados, juega con su doppelganger, al que interpreta con ternura, patetismo e inteligencia Vincent Macaigne, y que menciona la película que rodó en Cuba, como hizo Assayas con La red avista. O su deseo de rodar con Kristen Stewart, algo que ya realizó en dos ocasiones, Viaje a Sils María y Personal Shopper, Su divorcio de su ex pareja, que en la vida real es la directora Mia Hansen Love, o su interés por el cine mucho de vampiros que le llevó al personaje de Irma Vepp. "Es más autobiográfica que ninguna otra película que haya hecho", declaró Assayas, que según dijo en la presentación intentó reflejar de la manera "más realista" posible las emociones que él mismo experimentó al regresar a la casa familiar durante el confinamiento y su relación con su hermano.

En realidad, el confinamiento de estos cuatro personajes tiene algo de melancólico, pero también de momento alegre y festivo, donde la música, el vino y los crêpes recién hechos alegran a unos personajes para los que el tiempo se ha detenido. Una especie de fiesta que nos remite a esa definición de Francisco Rodríguez Adrados, que es también aplicable al cine, pues como diría Tarkovsky, el cine busca esculpir el tiempo, quizá no pararlo del todo. La fiesta alejada de lo carnavalesco y traída a una función social hoy en día es casi un elemento revolucionario y en cierto modo, la reflexión que propone Assayas es una acción más política de lo que a priori podríamos pensar que acaba defendiendo la pausa y el amor como la solución a un mundo que nos engulle. La ilusión de que podían cambiar las cosas y darse una suerte de nuevo contrato social no duró mucho. Enseguida se restauraron las peores inercias de una mentalidad que todo lo mercantiliza y desprecia cuando no sea productivo.

Pepa Blanes

Pepa Blanes

Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...

 
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