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Los santos inocentes: 40 años de una película excepcional

La película, basada en la novela de Miguel Delibes, fue dirigida por Mario Camus y sus protagonistas, Alfredo Landa y Paco Rabal, consiguieron el Premio a la mejor interpretación ex aequo en el Festival de Cannes de 1984.

“La historia que contaba Miguel Delibes en su novela Los santos inocentes es muy pormenorizada. Ocurre durante mucho tiempo y con escenas muy cortitas”, recordaba Mario Camus. “Cuando Antonio Larreta, Nicolás Matji y yo comenzamos a trabajar en el libro, intentamos agrupar capítulos y convertirlos en escenas, conservando todo lo que tenía el libro de atractivo, desde la primera página hasta la última”. Los guionistas redujeron a cuatro los seis episodios que tenía la novela, pero le añadieron uno más, creado por ellos, que hacía que la historia se contara en forma de flashback. Unas escenas, ambientadas unos años después, que anteceden a cada uno de los cuatro episodios y que permiten conocer qué pasó después con los personajes. “Fue una sugerencia del propio Delibes. Nos contó que este hombre, Azarías, que él conoció, estaba en un manicomio. Y de ahí partió la idea de hacerlo así, explicaba Mario Camus.

Los santos inocentes está ambientada en Extremadura a principios de la década de los 60 del siglo XX. Alfredo Landa es Paco “el bajo” y Terele Pávez, Régula, su mujer. Un matrimonio de campesinos a las órdenes de los señores de un cortijo. Siempre han llevado una vida de sumisión y sin ninguna esperanza de salir de ella. Tienen dos hijos adolescentes y una hija pequeña con graves deficiencias psíquicas que se mantiene todo el día en estado catatónico, lanzando horribles gritos de vez en cuando. Además, tienen que hacerse cargo de Azarías, el hermano de Régula, al que da vida Paco Rabal, que trabajaba en otro cortijo y que ha sido despedido por su “señorito”. El título de la película hace referencia a la matanza de niños que ordenó Herodes, según los Evangelios, y que en este caso se refiere a los protagonistas de la historia que, como aquellos niños, son castigados a la desdicha sin haber hecho nada para merecerlo. “Es una historia que cuenta la vida de una gente muy perdedora, durante toda su vida, y el cambio que se produce en esa familia, acostumbrada a obedecer, porque hay dos miembros de esa familia que se escapan de esta sumisión de siglos”, explicaba Mario Camus. Los santos inocentes describe la cruda realidad en la que vivían los trabajadores de los latifundios del sur de España en aquellos años, humillados y sometidos por unos señores que practicaban una doble moral. Son personas que aceptan con resignación su destino, atados a una tierra ajena que deben trabajar y tratados como siervos de señores feudales en pleno siglo XX. La película hace hincapié en la miseria en la que viven y en la falta de cultura y educación que sufren, lo que hace que se sientan seres inferiores.

Alfredo Landa en una escena de Los santos inocentes

Alfredo Landa en una escena de Los santos inocentes

Para Alfredo Landa Los santos inocentes representaba la confirmación de la nueva etapa que había iniciado en su carrera con películas como El puente o El crack, y que le alejaban del “landismo” para abordar papeles mucho más dramáticos y complejos. El actor creó un personaje que es como el perro fiel de un amo cruel, que a pesar de que éste le maltrata y le humilla le sigue adorando. “Tenía que ser un personaje introvertido, humillado, pero demostrando ese gran cariño por el “señorito”. Él habla de su señorito como si hablara de Dios. Le quiere; le ha cuidado desde pequeño; le ha enseñado a cazar. El señorito le humilla, pero no le importa”, afirmaba el actor. El personaje de Paco Rabal en cambio es como un niño encerrado en el cuerpo de un hombre. Una persona que se mueve por instintos y sentimientos primarios. Para preparar su personaje convivió durante semanas con un aldeano de un pequeño pueblo de Badajoz conocido como “El Barruntas”. Rabal aprendió de él su forma de hablar, sus gestos, sus costumbres o la manera en la que andaba. Incluso le compró la ropa que solía llevar para meterse mejor en el papel. No desmerecen a Paco Rabaly a Alfredo Landa los otros dos protagonistas de la película: Terele Pávez, como Régula, la sufrida esposa de Paco “el bajo”, y Juan Diego, que da vida a un señorito déspota y sin ninguna consideración hacia el hombre que le sirve. La película cuenta también con las buenas actuaciones de Agustín González, Ágata Lys o Mary Carrillo. En cuanto a los dos jóvenes que interpretan a los hijos del matrimonio, Belén Ballesteros y Juan Sánchez, Los santos inocentes fue su primer y único trabajo en el cine.

La película se rodó en pueblos de Extremadura, como Zafra o Alburquerque y, aunque fue un rodaje fácil, tuvo algún que otro contratiempo. “Hubo imprevistos que siempre surgen en el cine y uno tiene que estar preparado para recibirlos. Y el imprevisto fue que en esa parte de Extremadura en la que rodábamos, en donde no había llovido en cinco años, estuvo lloviendo ininterrumpidamente durante 7 semanas”, recordaba el director. La escena más difícil de rodar era siempre aquella en la que la “milana”, una pequeña grajilla, debía volar para posarse en el hombro de Paco Rabal, algo que el ave hacía solo cuando quería.

Los santos inocentes tuvo un éxito arrollador cuando se estrenó. Permaneció en cartel más de un año y medio y en su momento se convirtió en la película más taquillera hasta entonces del cine español. Dos meses después de su estreno llegó el momento de ir a Cannes. “Antes, cuando yo iba a Cannes, a Venecia o a Berlín no nos hacían mucho caso. En esta ocasión el viejo chovinismo francés desapareció y la propia prensa francesa exigía que el premio debía de ser para Alfredo y para mí”, recordaba Paco Rabal. Un premio muy merecido para ambos, aunque Alfredo Landa, con el tiempo, matizaba: “Mi papel era más importante y difícil. Paco tenía más “punch” publicitario por los condicionamientos de la vida y me parece muy bien. Yo le admiraba y le quería, pero el papel mío era mejor”, decía. Por cierto, que Alfredo Landa contaba que la organización le había pedido a la por entonces directora general de cinematografía, Pilar Miró, que los actores no se dejaran ver por Cannes hasta el mismo momento de la ceremonia para así mantener la sorpresa del premio, lo que provocó algunas situaciones muy divertidas. “Al llegar al aeropuerto de Niza, Pilar Miró me dijo: No hables nada. A mí me parecía que estábamos haciendo una función de espionaje, porque teníamos que ir camuflados. Me dio sus gafas de sol, me subí las solapas de la chaqueta y así atravesamos el vestíbulo del hotel Carlton. Subimos a la habitación, que era la 503, y en ese momento llamaron a la puerta. Era un periodista y Paco y yo nos tuvimos que meter en el armario durante 20 minutos. A mí me faltaba aire. Tenía el vestido de noche de Pilar Miró metido en mi nariz. Cuando el periodista se marchó, pudimos, al fin, salir del armario”, recordaba Landa.

En 1996, con motivo del Centenario del cine español, se realizó una encuesta entre críticos y profesionales y Los santos inocentes resultó votada como la octava mejor película de la historia de nuestro cine. En algunas votaciones posteriores incluso ha mejorado ese puesto y en una, por ejemplo, que hizo una revista en 2022 fue elegida la mejor de todas, por delante de El verdugo y Bienvenido Míster Marshall de Luis García Berlanga.

 
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