Sociedad

"Se presentaron dos hombres grandes diciéndome que me fuera": así es el 'mobbing' inmobiliario de los fondos buitre

Las familias más vulnerables -en riesgo de desahucio o con problemas económicos- y las de las zonas tensionadas de las grandes ciudades son las que más lo sufren

"Se presentaron dos hombres grandes diciéndome que me fuera": así es el 'mobbing' inmobiliario de los fondos buitre

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Familias con niños, personas con muy pocos recursos, extranjeros sin apoyos familiares en España y personas mayores. Son las víctimas perfectas para los fondos buitre que tensionan -todavía más- el centro de las ciudades españolas comprando pisos "con gente dentro", denuncia Antonia, una vecina de Lavapiés, en Madrid: "Somos cien almas aquí, cada uno con su historia y esta gente vienen a jodernos la vida, a decirnos cómo tiene que ser nuestro futuro".

En voz alta, pero muy tranquila, se pregunta: "¿qué tipo de modelo es este? ¿Por qué se le deja a estas empresas que hagan todo esto y encima se les premia con exenciones fiscales?, señala. Recuerda que cuando se enteró que venía el fondo buitre otra vecina mayor le dijo que estaban "con un pie dentro y otro fuera". Ella pensó -dice- que, aunque se refería a la vivienda, era una expresión con tintes muy funestos y suelta un sonoro "¡vaya una mierda de situación!"

Asiente Cristina, una vecina, que pone el foco en la ley que les deja maniobrar a los fondos buitre. "No es una ley tan antigua. Ni el partido que está ahora en el gobierno ni el anterior la han querido cambiar. Quieren que se nos vea como unos pobrecitos que van a perder sus viviendas y ya está. No tienen ningún interés real en cambiar las cosas", asegura.

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El día que vinieron a traer los burofax a su casa, ella estaba en una reunión de trabajo por videoconferencia. Lo cuenta así: "me empezaron a tocar la ventana las vecinas. ¡Cristi, sal, que han venido!". Ella ya había investigado al fondo buitre que estaba detrás del burofax y sabía en que había vaciado ya decenas de viviendas en Madrid. "Fue como en una película, yo tuve que mantener el tipo delante de mis jefes en la videoconferencia pero sabiendo que venían a echarme de mi casa".

Luego llegó la primera reunión con los del fondo. "Una de ellas se presentó como trabajadora social", explica Cristina, "intentando explicarnos con buenas palabras la realidad". Y la realidad era "que nos iban a echar de casa, que las casas no eran nuestras (pagan un alquiler religiosamente desde hace años) y que si queríamos volver después de una bonita rehabilitación, podríamos hacerlo".

La realidad, según ha comprobado Cristina en otra vivienda en la calle Galileo, es que "ningún vecino vuelve" porque, una vez vacías las casas, las convierten en viviendas de lujo con precios desorbitados o las venden a gente con más poder adquisitivo.

Cristina y Antonia, como otros muchos en situaciones similares, se ha unido a sus vecinos y no se marchan aunque ya les ha llegado el primer burofax que indica que los antiguos propietarios le han vendido el edificio a un fondo buitre. Luego vendrán los siguientes cambios. El primero, como en otros sitios, será, probablemente, un cambio en el precio del alquiler: "No me pienso ir, yo me había hecho aquí mi vida, pequeñita, sin grandes lujos, sin grandes cosas, así que no pienso irme", asegura Antonia muy enérgica.

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Otro de los cambios posibles son las obras infinitas. "Expulsión por reformas", lo llama Enric Aragonès, portavoz del Sindicat de Llogateres de Catalunya. "Los fondos compran edificios enteros, los ponen en obras de rehabilitación para hacerlos de lujo y luego a precios de alquiler que no podrán pagar los antiguos vecinos", denuncia.

Es lo que le está pasando a Rodrigo en otro inmueble en el centro de Barcelona. Él es arquitecto y, por tanto, sabe de lo que habla: "están haciendo más obras de las que el edificio necesita, nos están causando más molestias de las que podemos soportar". Él tiene contrato y dos años todavía de alquiler más o menos garantizado pero hay otros vecinos que están en una situación muy complicada. Y encima, con miedo: "a todo el mundo le han dicho que el edificio está que se cae". Les generan el miedo, asegura, y muchos se marchan asustados.

Para que no siga pasando esto, dice el Sindicat de Llogateres, hay que regular los precios, acabar con el fraude de los alquileres de temporada y -sobre todo- dejar de hacer las políticas de vivienda "a medida" de la patronal inmobiliaria. Si no, seguirán produciéndose estas injusticias.

Y los más vulnerables son los que peor lo tienen. En Valencia, está Adrián. Vino de Rumanía a principios de los 2000. Estaba trabajando y en situación legal. Con su mujer y su primer hijo. En plena crisis le llegó una enfermedad renal y luego un trasplante. Se quedó sin trabajo y el banco le embargó la casa. Desde entonces, trata de recuperarla pero la casa ha caído en manos de un fondo buitre que luego -no se sabe muy bien- se la ha vendido a otra empresa para hacer negocio con Adrián y su familia todavía dentro en virtud de una moratoria que le permite residir allí por ser discapacitado y con una familia de tres hijos.

Adrián está sufriendo un acoso gravísimo: Primero pusieron mi casa en un portal inmobiliario y venía gente todas las semanas a verla creyendo que estaba en venta". Luego pasaron a mayores: "me pusieron pegamento en las cerraduras y me intentaron entrar por la fuerza con mi hijo dentro". Desde entonces, "el niño tiene miedo y me dice: Papi, van a entrar unos señores por la noche".

Lo siguiente que pasó fue todavía más grave: se presentaron dos hombres que Adrián describe como "grandes y fuertes, dos porteros de discoteca y uno de ellos hablando en ruso". Cuenta que le dijeron que se fuera "por las buenas". "o habría problemas", añadieron.

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Cuando Adrián les pidió que se identificaran y que dijeran en nombre de quién venían solo le dieron una tarjeta en la que se identificaban como miembros de Desokupa. El les dijo que su presencia era perfectamente legal allí -en virtud de la moratoria antes mencionada- pero ellos le dijeron -es la técnica que se usa con los extranjero- que se fuera a su país. "Vienen a por nosotros porque saben que nos vamos a nuestros países en cuanto nos presionan", asegura.

Y de alguna manera, lo han conseguido porque su mujer se ha marchado con los niños. "No tenía sentido que siguiera aquí, estábamos todos sufriendo mucho". Una vez solo, ha vivido un calvario de llamadas telefónicas en las que le han llegado a decir "te vamos a matar". Y mientras tanto no pierde la esperanza para recuperar su casa: "nosotros estamos aquí legalmente, tenemos derecho a recuperar la casa, y queremos vivir aquí, los niños quieren vivir aquí". La Plataforma de Afectados por la Hipoteca dice que el caso de Adrián es gravísimo pero que hay muchos más en distintos niveles: "sólo este año hemos atendido a unas 200 personas con problemas psicológicos derivados del acoso inmobiliario de fondos buitres, tenemos cientos de casos. ya hemos perdido la cuenta", dice Ismael, uno de los activistas de la PAH valenciana.

No hay datos sobre cuanta gente está afectada pero la realidad de Adrián -y otras menos extremas pero igual de dolorosas- es la de mucha gente. Si un fondo buitre -una empresa de inversión o de capital riesgo que adquiere deudas o propiedades en situaciones financieras difíciles- se fija en tu casa es porque te van a desahuciar, o porque quiere tu barrio para comprar viviendas. "En ese momento, porque así lo quieren las empresas, tu vida va a cambiar", dicen desde el sindicato de inquilinos de Madrid

El objetivo principal de los fondos buitre es obtener ganancias al aprovechar las oportunidades derivadas de problemas económicos de terceros. Ningún fondo buitre habla de sus prácticas pero los afectados -y sus psicólogos- si cuentan a la SER lo que les supone el acoso inmobiliario: "aumenta el estrés, la ansiedad, los ataques de pánico y la depresión".

El mobbing inmobiliario se basa en generar miedo a los vecinos para que dejen sus viviendas.

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Javier Ruiz Martínez

Javier Ruiz Martínez

Redactor de temas de sociedad, ciencia e innovación en la SER. Trabajo en el mejor trabajo del mundo:...

 
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