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El PSOE fía a la palabra de Junts y ERC la estabilidad parlamentaria de la coalición

Nadie en Ferraz o en La Moncloa tiene la certeza de que los independentistas vayan a mantener la estrategia de colaboración con el Ejecutivo. Los socialistas expresan un deseo: que una vez aprobada la amnistía, pasada la cita europea y aclarado el escenario catalán, ERC y Junts cumplan lo firmado en la investidura y acepten negociar al menos un primer presupuesto que dé oxigeno al Gobierno cuyo mandato no termina de arrancar

Calma y tiempo para que los independentistas digieran el resultado electoral de este domingo. Eso es lo que se han recetado el PSOE y el PSC para gestionar el escenario que ambas formaciones tienen en el Congreso y en el Parlament con Esquerra y Junts. Los socialistas son conscientes de lo complejo que va a ser lograr la cuadratura del círculo que supone intentar hacerse con la presidencia de la Generalitat sin que se altere la exigua mayoría parlamentaria que sostiene al Ejecutivo a nivel nacional. El partido pretende encapsular ambas negociaciones para que lo que suceda en una, no contamine a la otra. Por eso, el primer mensaje que ha lanzado Ferraz tras el primer análisis de los resultados de este domingo ha sido para aclarar que el gobierno de Cataluña se decidirá en Cataluña.

Los socialistas no quieren dar pasos en falso en este proceso y aspiran a que Sánchez e Illa puedan jugar, sin interferencias, cada uno su papel. Desde Ferraz van a evitar hacer elucubraciones sobre cómo debe gestionarse la negociación en Cataluña. Más allá de algún guiño a Esquerra, la portavoz Esther Peña se ha cuidado de no explicitar cuál sería la fórmula preferida por la dirección federal para llevar a su candidato al Palau de la Generalitat. El PSC por su parte ha dejado claro que su estrategia no estará condicionada por las amenazas de bloqueo a la gobernabilidad española que ha lanzado el expresidente Carles Puigdemont. Ha sido la portavoz de la formación que lidera Salvador Illa, Nuria Parlon, la que con rotundidad ha rechazado dar sus votos a Junts y quien ha apostado por lograr un acuerdo con ERC y los Comunes.

A pesar de los mensajes que desde el independentismo se han lanzado en las primeras horas y que hacen imposible pensar en un acuerdo que evite la repetición electoral, en el PSOE confían en que la digestión del resultado y una lectura más sosegada del mismo, vaya cambiando poco a poco la posición inicial de los partidos. No hay prisas ni en el Ejecutivo ni en el PSC por reactivar la Legislatura o acelerar la negociación para conformar el Govern. "Con calma, mirada larga y generando negociación", así es como resume un diputado la estrategia que cree que debe desarrollar su partido en los dos escenarios. Tanto en Cataluña como en el conjunto de España los socialistas juegan con un factor y es la falta de alternativa. Hay dirigentes que creen que los republicanos no pueden permitirse volver a abrir las urnas tras la debacle electoral pero tampoco dejar caer al proyecto que representa Sánchez para dar alas a PP y Vox.

Sin certezas sobre los efectos en Madrid

A pesar de todos esos elementos, que en principio hacen pensar que el PSOE está en el mejor de los escenarios de los que podía arrojar la cita electoral, nadie en el partido o en el Gobierno tiene la certeza de que el nuevo tablero catalán no vaya a tener efectos sobre la mayoría parlamentaria que sostiene a la coalición nacional. Lo que expresan la mayoría de dirigentes socialistas es un deseo; que ERC y Junts entiendan que su relevancia depende de la capacidad de influencia que tienen Madrid y eso les sirva como incentivo para seguir negociando con PSOE y Sumar en el Congreso.

El contexto no ayuda a apaciguar la incertidumbre. La salida de Aragonés de Esquerra y un posible paso atrás de Puigdemont en la formación 'post-convergente', si como todo apunta, no logra llegar al Govern, ponen en cuarentena los posibles acuerdos. PSOE y Sumar no tienen el convencimiento de que los perfiles que se hagan con el control de esos partidos sigan optando por participar de la estabilidad nacional. "Nos va a tocar gestionar las crisis de los demás", decía un veterano dirigente del PSC poco antes de confirmarse el resultado electoral del domingo para explicar lo delicado y complejo de la situación.

Los socialistas esperan que, pase lo que pase, tanto los de Junqueras como los de Puigdemont cumplan el documento firmado en noviembre de 2023 y que una vez aprobada la ley de amnistía el próximo 30 de mayo, pasada la cita europea del 9 de junio y aclarado el escenario catalán, ambos acepten retomar la negociación de los Presupuestos Generales del año que viene. La Moncloa quiere que la aprobación de la norma que permitió la investidura de Sánchez se interprete como un gesto de que por su parte se toman los acuerdos con seriedad. Un compromiso que esperan ver correspondido.

Como Illa para las conversaciones de la Generalitat, en el Congreso tampoco hay urgencia por reactivar la actividad. Sánchez ordenó paralizar la negociación de los presupuestos de este año y hasta pasadas las elecciones comunitarias, los socialistas no tienen por qué retomar esas conversaciones para las próximas cuentas. Hay margen por tanto para ver con qué actitud vuelven los socios parlamentarios de la coalición tras el ciclón electoral. En La Moncloa tampoco aspiran a que este sea un mandato de mucha producción legislativa. Creen que las grandes reformas ya están aprobadas y que el Ejecutivo puede sobrevivir desarrollando las más de 200 normas que alumbraron en las Legislatura anterior.

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