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Cannes 2024 | 'Furiosa', una apabullante precuela ecofeminista y anticapitalista pero, sobre todo, salvaje y muy divertida

George Miller vuelve al festival con un blockbuster que hacer rugir la alfombra roja y el Teatro Lumière con unos carismáticos Anya Taylor Joy y Chris Hermsworth

Fotograma de 'Furiosa' con Anya Taylor Joy / WARNER BROSS

George Miller tenía difícil superar ha hazaña que logró en 2015 cuando logró aquí en Cannes, con Mad Max Fury Road, un blockbuster perfecto remodelado y trayendo a los tiempos presentes la saga que lo consagró. Sin embargo, el director australiano, viejo amigo de este festival, cumple con creces al presentarnos una apabullante precuela de aquella historia. Protagonizada por Anya Taylor-Joy y Chris Hemsworth lleva en desarrollo desde hace 15 años y ha tenido su gran estreno en el Festival de Cannes en una proyección especial fuera de concurso y una de esas alfombras rojas memorables, aunque llegará a los cines dentro de poco, justo en una semana.

El resultado es un filme divertido, bestia, magistralmente realizado, con dos protagonistas carismáticos y con un mensaje político que sigue dando en la llaga, sobre el fin del mundo, la crisis climática y lo que podría ser un mundo sin ley. Lo malo es que las comparaciones con la anterior, que fue toda una sorpresa para el público y la crítica, pueden quitarle lustre a esta nueva entrega que, temporalmente se sitúa unas décadas antes, contándonos la infancia de Furiosa. De hecho, en un principio iba a ser Charlize Theron la protagonista de nuevo, pero George Miller rechazó la opción, pues no quería rejuvenecerla con Inteligencia Artificial. Anya Taylor Joy es la Furiosa joven, que sobrevive tras ser secuestrada de su hogar, el único lugar en el mundo donde crecen frutos, donde hay verdor y donde las mujeres viven en paz. En realidad, estamos ante la entrega de toda la saga que más trama tiene en su desarrollo, pues hasta ahora todo se reducía a una gran persecución en medio del desierto.

La reactualización de la saga del Australiano, iniciada en 2015 y que continuará después de esta entrega, se inserta en esa tradición del cine de sci fi, que sirve de catalizador del los miedos de la sociedad actual ante el fin del mundo, siguiendo la estela de la literatura de J. G. Ballard, por ejemplo, quien en su novela La sequía ya alertaba de los peligros que conlleva la falta de agua para la supervivencia y la convivencia. Títulos como Waterworld, El día de mañana, Take shelter, desde el cine independiente, o Hijos de los hombres han sido relatos cinematográficos que han dibujado los miedos del ser humano hacia el futuro, al tiempo que nos dejaban un regusto amargo y desesperanzador, pues con ellos daba la sensación de que ya no había nada que hacer, más que resignarse o salvarse.

Los inicios de la saga Mad Max se ubican precisamente ahí. En medio de un estado de excepción, parafraseando al filósofo italiano Giorgio Agamben, los ciudadanos pueden hacer de todo, es la ley de la selva, como en el western, pero con una estética cyberpunk. Como señala Mark Fisher, en la cultura popular contemporánea, las crisis apocalípticas y postapocalípticas suelen representarse como alegorías de nuestro presente insertadas en ese género. Como el resto de películas sobre el fin del mundo, insiste Fisher, Mad Max también recrea las crisis actuales del capitalismo como si persistieran en un mundo futurista. Eso nos lleva a esa frase de Slavoj Zizek, uno de los filósofos más carismáticos y cinéfilos de la actualidad, de que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Y es que a la ficción no le cuesta imaginar el apocalipsis, es más, tiene infinitas maneras de mostrarlo, pero sí le resulta imposible imaginar un mundo donde el capitalismo no opere. Mad Max nos ha mostrado, desde sus inicios, un mundo que termina, pero donde la crisis que acabó con él, es decir, la crisis del capitalismo, persiste.

Tanto en Fury Road, como en Furiosa, persisten las dinámicas capitalistas en Citadel, donde unos pocos acaparan los pocos recursos que quedan, y donde esos mismos pocos explotan a los colectivos más vulnerables. No hablamos de la recogida de la fresa, de las fábricas de zapatillas y de cadenas de ropa de renombre que tienen en condiciones infrahumanas a sus trabajadores, sino de los esclavos rapados y pintados de blanco que darían su vida por la patria de Inmortal Joe, villano al que interpreta Lachy Hulme, o las mujeres tratadas como vasijas reproductoras, las madres de la leche, explotadas para tener hijos y producir leche materna y ser ordeñadas.

Sin embargo, en ambas películas, George Miller hace algo más rompedor que sus coetáneos al abrir una brecha en ese realismo capitalista en el que nos hallamos imbuidos. Furiosa es una mujer la que está al frente y la que trata de hacer las cosas de manera diferente. Quizá no de cargarse todo el sistema, pero sí romper algunas inercias. Aquí los hombres han jodido el mundo, en esa idea de que el capitalismo y el patriarcado van juntos, y son las mujeres las que se ayudan entre ellas y se atreven a enfrentarse a hombres despiadados, sucios y llenos de avaricia, en una metáfora perfecta de la sociedad patriarcal y la sororidad femenina como único superpoder para sobrevivir en un mundo que cada vez estará más seco, más vacío, más yermo. El ecofeminismo subyace de fondo en esta película que exalta esa unión entre la mujer y la naturaleza, con Furiosa siendo la guardiana de la semilla que dará fruto. En ese sentido, Miller nos presenta a las Vulvani que protegen las semillas para poder plantarlas en un futuro. Una de esas Vulvani es, por cierto, la actriz española Elsa Pataki.

Furiosa se ubica, como vemos, en un mundo postapocalíptico devastado por un conflicto nuclear, donde recursos como el agua y la gasolina han generado guerras y enfrentamientos entre distintos grupos de señores, en una tierra que ya no da más de sí, en medio del desierto australiano, con pequeños caudillos que emergen la violencia y el poder, como el nuevo villano de esta saga, Dementus, con un guasón Chris Hermsworth. El agua será, sin duda, motivo de guerra, ya no el petróleo. De hecho, ya lo está siendo, ahí está Israel controlándola en Gaza, dejando a los palestinos sin agua potable para beber mientras bombardea la franja.

Miller demuestra que puede meter violencia y ser desagradable, que puede poner a su heroína a superar las siete pruebas de Hércules en ese ir y venir por el desierto en motos o coches destartalados que rugen sin cesar y superando la violencia de los hombres. Anya Taylor Joy apenas pronuncia 30 líneas de diálogo, menos de las que pronunciaba su personaje en la anterior, pero eso no quita para que esté fantástica en este personaje que testarudo y leal que va configurando su propia identidad y su red de alianzas, pues en el fondo, Furiosa es una película de autoconocimiento, una de esas historias de iniciación adolescente, donde la violencia es lo que fuerza al personaje a reaccionar.

Dijo George Miller que concebía el cine de acción como música visual y eso es lo que nos ofrece en esta entrega que mantiene la idea de que todo sea una larga persecución, pero a la que introduce más desarrollo del personaje. Película que cuenta con un montaje minuciosamente planeado para que las escenas de acción se vean en toda su complejidad y se vivan con todo disfrute y donde todo, por muy fantástico que sea, parece un chatarrerismo real y sucio, en el que los efectos digitales no estropean la emoción, algo de lo que se puede acusar al blockbuster de los últimos tiempo. Furiosa tiene todo el canallismo y el arrojo del que adolecía Dune 2, además de que aquí la preocupación política por el apocalipsis tiene sentido en la trama y las escenas emocionales se resuelven con una mirada, sin excesos sentimentaloides

En un festival que desde su película de inauguración lleva reflexionando por cómo reflejar la caótica y compleja realidad del mundo en que vivimos, un mundo vendido a la imagen y a la tecnología, Mad Max también juega con eso. Quizá para algunos lo que propone y refleja sea una sociedad ficticia, pero lo cierto es que algunas de las prácticas que vemos en la gran pantalla ya operan entre nosotros. La guerra por la escasez de combustible o de materias primas es indisoluble a la historia del ser humano y la masculinidad violenta. Mad Max es un ejercicio de imaginación alternativa de las consecuencias del realismo capitalista y una de las pocas ficciones que rompe esa idea de que no hay alternativa, de que no hay un posible futuro. Ojalá el cine siga rompiendo esa brecha, porque, como decía Ficher, cualquier acontecimiento, por pequeño que sea, puede abrir un agujero y marcar un horizonte de posibilidades y, de repente, todo puede ser posible. "Hay un gran desorden bajo los cielos, la situación es excelente".

Pepa Blanes

Pepa Blanes

Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...

 
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