Ariane Labed: "Uno de los principales problemas de la forma patriarcal de pensar el cine es verlo como algo individual"
La actriz franco-griega adapta la novela sobre el paso a la adultez de Daisy Johnson, 'Hermanas', y firma uno de los mejores debuts del año

Ariane Labed, directora de 'Septiembre dice' (Photo by Stephane Cardinale - Corbis/Corbis via Getty Images) / Stephane Cardinale - Corbis

Madrid
El suyo no es un nombre reconocido por el público, quizá porque la actriz francesa, Ariane Labed, de origen griego, ha ido eligiendo papeles poco convencionales siempre dentro del cine de autor. Su debut se produjo con 26 años de la mano de la directora griega Athina Tsangari. A través de ella conoció a otro griego, Yorgos Lanthimos, con el que trabajó en Alps y Langosta y con el que mantiene una relación sentimental. Este pasado año la hemos visto en The Brutalist, remarcando el final de la epopeya contra el sueño americano. "Son películas que cuestionan nuestra relación con el mundo, con la memoria, con la sociedad, con la belleza", nos decía sobre su forma de elegir proyectos, la mayoría de los cuales tienen algo en común, la exploración de la crueldad y la turbiedad.
"Intento trabajar con los directores que me gustan, que buscan nuevos lenguajes, eso me entusiasma. No me atraen mucho los personajes que son como la novia o la mujer del protagonista. Por eso, suelo trabajar con mujeres directoras. No es una elección consciente solamente, simplemente creo que escriben guiones más interesantes", incide la actriz y ahora directora. En 2019 presentó su cortometraje Olla en la Quincena de los Cineastas de Cannes y en 2024 presentó Septiembre dice, su primer largometraje. "Desde que empecé a trabajar como actriz supe que quería dirigir, pero me ha llevado tiempo dar el paso. Estudié teatro, quise ser también directora de teatro, creé un grupo donde todos escribíamos, bailábamos y actuábamos de forma colectiva. Eso es lo que he intentado mantener en este rodaje".
Para su debut, la directora escogió la novela gótica de 2020 Hermanas, de Daisy Johnson. No es una decisión extraña si tenemos en cuenta que ambas comparten el interés por los vínculos de control y las complejidades de la amistad femenina. "Tenía un poco de miedo de por adaptar una novela gótica, pero al final me enamoré de los personajes y de la complejidad de esos roles femeninos que no es algo que veamos muy a menudo en el cine. Sentí la necesidad y el impulso de hablar sobre este tipo de amor incondicional que se da en la familia. De unir la niñez y la feminidad". Tanto en Hermanas como en September Says, respectivamente, estos temas se desarrollan entre dos hermanas de una forma más dramática. "El principal desafío era adaptar una novela con un lenguaje poético y muy impresionista, que es difícil de traducir al cine. Yo entiendo el cine como un arte muy joven que permite probar y explorar y tenía ganas de traducir algo abstracto a algo físico", añade.
Labed construye un mundo visual para contar la estrella relación entre July y September, las dos hermanas, con planos que van dando la información justa al espectador para entender las dinámicas de poder y control en la familia. "Cuando vives con personas que te protegen, que te quieren, acaban teniendo mucho poder sobre sí. Si ese poder no se usa bien, puede ser peligroso. Ese vínculo y esa conexión tan fuerte puede ternes sus peligros. Por eso ha sido interesante explorar lo profundo y peligroso que puede llegar a ser una relación de familia, incluso si se fundamenta en el amor. Por ejemplo, una madre que usa a sus hijos para su propio trabajo, aunque les quiera mucho. Intento dar varias caras de este tipo de amor, Hay crueldad, hay ternura, por supuesto, hay amor".
En lugar de ahondar en la psique de sus protagonistas, prefiere darles rienda suelta para expresarse. Por ejemplo, las hermanas han establecido las reglas de un juego en el que Septiembre propone un reto (en palabras del título, “Septiembre dice...”) y la otra obedece si no quiere perder una vida. "Todos sabemos que vivimos en un mundo violento, y estas niñas lo sufren, por eso crean su propio mundo, con su propio idioma y donde se protegen de lo demás. Una razón para crear una burbuja y una de las razones es el acoso escolar".

Fotograma de Septiembre dice / cEDIDA

Fotograma de Septiembre dice / cEDIDA
Una de las hermanas sufre acoso en la escuela y, tras una expulsión, se mudan un tiempo a una casa en la playa en un lugar apartado. Allí tratan de sobreponerse a las adversidades de la vida, mientras la madre pinta y mantiene su propia vida. Labed se las ingenia para mostrar una imagen de lo que significa ser madre. "Yo no soy madre, pero tengo una madre y tengo amigas que son madres y puedo ver cuánto se esfuerzan, pero no dejan de ser mujeres complejas, lo que significa que también son crueles y desordenadas y lo intentan hacer bien, pero fallan. Son tiernas, pero tienen necesidades, como la sexualidad. Echo de menos una representación de las madres mucho más amplia".
La directora consigue un equilibro perfecto entre crueldad y ternura, advirtiendo al espectador que las relaciones de amor basadas en la dependencia no acaban bien. "La crueldad forma parte de nosotros como seres humanos. En el personaje de Septiembre es evidente, pero creo que para mi los dos personajes son como un todo, con dos facetas de la misma personalidad. Eso era una oportunidad para ver los límites de la manipulación en el amor familiar". Mientras las jóvenes atrapan gusanos y juegan a realizar lo que uno desea que la otra realice, se produce la irrupción de la sexualidad, un tema que le interesaba abordar a Labed y que considera es un asunto pendiente en nuestra sociedad y en el cine. "La mayoría de los directores, y lo sé porque he trabajado con muchos como actriz, ni siquiera se molestan en pensar en la sexualidad. Simplemente escriben en el guion que los personajes tienen relaciones sexuales, sin más indicación. Son perezosos o demasiado mojigatos para trabajar realmente la sexualidad y hacerse preguntas a sí mismo", confiesa la actriz que insiste en cómo la representación del sexo en el cine ha quitado la posibilidad del placer a las mujeres. "Las mujeres no nos corremos solo porque un hombre se ponga encima. Nos han metido durante todo este tiempo y esa mentira es peligrosa. Por eso defiendo trabajar con el coordinador de intimidad, porque te ayuda a pensar de manera diferente, a pensar en el sexo, que ya es hora".
No solo ha cambiado la forma de representar la sexualidad, para Labed el cine tiene que ponerse las pilas también en algo básico, en garantizar que los rodajes sean espacios seguros, y se trabaje en equipo. "Uno de los principales problemas de la forma patriarcal de pensar el cine es verlo como algo individual. Como directora, como guionista no eres nada sin los demás. Muchos directores lo olvidan, a mi me parece muy difícil no pensar el cine como un arte colectivo. Todo debe centrarse en la alegría, la colaboración, la escucha mutua. De otra manera, sería malo para la película. No soporto las historias sobre esas actrices que en los 70 y 80 fueron manipuladas. Esa atmósfera no puede dar buenos resultados".

Pepa Blanes
Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...




