Guillermo Arriaga: "Son los novelistas los más capaces de tomar el pulso a la sociedad"
El escritor y guionista mexicano publica 'El hombre', una novela sobre el origen del capitalismo en la frontera con México y Estados Unidos en tiempos de la conquista

Guillermo Arriaga / CEDIDA

Hace 25 años, el guionista mexicano Guillermo Arriaga empezó a pensar en una historia titulada El hombre que quiso convertir en película. "Cuando iba a los estudios, me pedían que les dijera de qué iba la historia, qué no entendían mi argumento, que le diera una sinopsis, al final, decidí no seguir adelante". Demasiado críptico o poco conceptual para los estudios, esa historia quedó ahí, en un rincón. Ahora, con el tiempo, ha decidido desarrollarla y convertirla en una de las novelas más ambiciosas que ha escrito y que publica Alfaguara.
El Hombre trata de contar el origen de todos los males de la sociedad actual: el capitalismo. Lo hace ubicando el relato en una historia de frontera, la que separa México y Estados Unidos, donde habitaban distintos pueblos y donde la violencia entre ellos era una constante desde los tiempos en que los españoles llegaron allá. Dice Arriaga, autor de guiones como 21 gramos o Amores perros, que dirigió Alejandro González Iñárritu, que no se sienta sabiendo cómo va a escribir, sino que la inspiración le va dictando el cómo y el qué. "Nunca tengo predeterminado cómo va a ser la novela. La novela me empieza a hacer pequeños susurros y me pide lo que va necesitando. Mi labor es estar atento a eso que me pide". Así fue cómo empezó a escuchar las voces que componen este relato. Son seis en total y hacen de El hombre una novela polifónica. "Había una voz más, pero me di cuenta que se iba por otro lado y la deseché. Lo que sí tenía claro es que en una novela con varias voces, no pueden hablar todas igual. Si hablan todas igual, no hay nada que hacer. Es ahí cuando me propuse crear un vocabulario, una sintaxis, una estructura y una puntuación diferentes", nos cuenta el guionista recién aterrizado en nuestro país para asistir a la Feria del Libro y al encuentro con los lectores y amigos. Esos que adoran el modo en que Arriaga cuenta sus historias, a través de la fragmentación. Está en sus guiones y también en novelas como Salvar el fuego, ganadora del Premio Alfaguara en 2020. "El origen de todo es el déficit de atención", dice sobre ese modo de contar fragmentado. "Como leen las novelas es como las he escrito, no ordeno a posteriori, ni hago cambios. Tengo que sentir cuando debo saltar a otra historia. Hay como un ritmo interno de la historia que te pide que saltes y eso hago. No podría hacer un relato lineal, sería muy artificial para mí".
Con esas seis voces fragmentadas el autor nos cuenta una historia intensa y vertiginosa ambientada en las tierras salvajes de la frontera norteamericana, un relato de la ambición desmedida que está en el origen de las grandes fortunas. "Hay formas distintas de capitalismo que están enfrentadas una con la otra. Hay que reflexionar sobre por qué los países que empujaron la globalización son los que con mayor énfasis se dieron de baja. Se han rajado Inglaterra con el Brexit y Estados Unidos con el Trumpismo. Todos esos beneficios de los que hablaba Reagan y Thatcher de establecer una sociedad parece que ya no les valen. Es cierto que nunca ocurrió eso que decían de que clase obrera iba a vivir feliz,porque se iba a concentrar el capital y que iba a haber un escurrimiento de beneficios. Nunca ocurrió. Solo se concentró el capital", explica el escritor sobre la relación de ese momento fundacional del capitalismo que cuenta en su novela y la situación actual, donde el capitalismo está en crisis.
Salvando las diferencias, El hombre, recuerda en ambición y en la fijación por lo que genera el dinero, a la novela de Hernán Díaz, Fortuna. En ambos relatos el dinero y la acumulación son causantes de muchas desgracias. La novela de Arriaga gira alrededor de la figura de Henry Lloyd, un tipo controvertido. Tiene carisma, pero no es el prototipo de héroe, en él están la crueldad y la doble moral. "En Hollywood siempre te dicen que tus personajes tienen que gustar mucho. Likeble es la palabra. Yo no quiero, lo que quiero es hacer personajes interesantes, no agradables. La única forma de ser un personaje interesante es verlo en todas sus contradicciones. ¿Qué ser humano no se contradice?".
Con el personaje y su antagonista, el escritor se sumerge en la brutalidad humana. En la violencia, un tema retratado muchas veces en sus historias. "Fue un periodo muy cruento de la historia de Estados Unidos y de México. El siglo XIX fue un siglo extremadamente violento. El gobierno español a los independentistas mexicanos les cortaba la cabeza y las colgaba. Estaba la crueldad de los españoles contra los mexicanos y la crueldad de los mexicanos contra los Apache. La esclavitud hizo muy cruel ese siglo". La pérdida de más de la mitad del territorio mexicano, las batallas entre apaches, mexicanos y texanos, y la herida profunda de la esclavitud son los temas de El hombre, que se ambienta en un territorio que el autor conoce bien.
"Desde los 12 años voy de cacería a ese territorio de los apaches. Todavía me encuentro las puntas de flecha. He escuchado las historias de los apaches desde que soy niño. La documentación para esta novela en realidad no la he hecho ahora, ha sido toda una vida. Ha sido la vida la que me ha traído".
Es así como cuenta el extermino de una parte de la población. Los malditos, los llama en la novela. "Fue un genocidio", reconoce. "Creo que la la colonización de América sí fue violenta. Donde llegaron los europeos hubo violencia. No sé que hay en el sistema de los europeos que genera esa violencia", añade el escritor mexicano que, influido por el Pedro Páramo de Juan Rulfo, trata de contar qué pasó en aquel siglo de violencia, conquistas y sangre. "Un lector me algo muy bonito, que escribí mi propio Pedro Páramo. Me sentí muy halagado, porque Rulfo es un maestro. Tuve una oportunidad de ir a cenar con él. Yo tenía 27 años y no fui, me dio vergüenza. Luego murió al poco y me arrepentí", recuerda Arriaga, que cita también a Hemingway, en ese miedo a la página en blanco, a que las novelas sean algo pero cada vez. "Siempre te preguntas en qué momento se va a acabar el galón de tinta. Yo vivo de escribir y siempre preocupa si eso se acaba. Es el miedo de todos los escritores". Para eso, propone ser metódico, no parar de trabajar. Solo así es posible armar una novela tan compleja como esta, donde la parte histórica se mezcla con la memoria individual, con la capacidad del escritor de cambiar el relato histórico instaurado. "Creo que los novelistas son los que terminan por tomar el pulso a la memoria y a la sociedad".

Pepa Blanes
Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...




