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'Casas limpias', la dura realidad de las trabajadoras del hogar que no queremos ver

María Agúndez retrata con mucho humor el paternalismo con el que tratamos a las mujeres que limpian casas, cuidan niños o ancianos

'Casas limpias', la dura realidad de las trabajadoras del hogar que no queremos ver

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Me paso el día limpiando. Los martes hago una limpieza general. El resto de la semana aspiro la casa, sacudo los sofás, coloco los cojines y pongo dos lavadoras. Con regularidad, vacío de pelos el depósito de la ducha, que es algo parecido a purgarme. Cuando no estoy limpiando, estoy pensando en limpiar.

Así empieza Casas limpias, la segunda novela de María Agúndez (Zaragoza, 1990), con la editorial Temas de hoy. En ella, la escritora, locutora de publicidad e ilustradora recoge con mucho humor la dura realidad de las trabajadoras domésticas. Una historia muy coral y divertidísima, pero con muchas capas, con mucha piel y sensibilidad.

La protagonista es Sol, una chica que tiene un salario anecdótico, una independencia cogida con pinzas y un novio con un trabajo que adora y que le roba la vida al mismo tiempo. Sol se queda sin empleo, tiene que limpiar casas y ahí entramos en este universo fascinante sobre las que limpian casas y a los que les limpian las casas.

Cubierta de 'Casas limpias', de María Agúndez

Cubierta de 'Casas limpias', de María Agúndez / Temas de hoy

Cubierta de 'Casas limpias', de María Agúndez

Cubierta de 'Casas limpias', de María Agúndez / Temas de hoy

Entre carcajada y carcajada, insistimos en lo graciosa que es, la novela nos sitúa frente a un espejo para desnudar nuestras contradicciones. La primera de ellas nuestra hipocresía, cuando afirmamos que limpiar casas es un trabajo de lo más digno, pero que pocos querrían hacerlo. "Es de lo que va la novela, de ese paternalismo con el que tratamos a estas mujeres, cuando pensamos que pobrecitas, que no tienen nada en la vida y acaban limpiando", afirma Agúndez. "Yo no soy ellas", se dice Sol a sí misma.

"Fulanita lleva tantos años en nuestra casa, que es como de la familia", es una de las frases favoritas que escucha Sol. Es otra de las hipocresías de una sociedad profundamente clasista, como recogía también Gustavo Rodríguez en su novela Cien cuyes. Las asistentas y cuidadoras son como de la familia hasta que vienen mal dadas, ahí son las primeras expulsadas del núcleo familiar sin miramientos.

Casas limpias se nutre de conversaciones que la escritora ha escuchado en su entorno. Sobre si la tuya limpia bien o solo por encima, cuánto le pagas o si te da miedo que te roben. Hay situaciones absolutamente absurdas y disparatadas, pero reales, como la de una mujer que le pone trampas a su asistenta para ver si limpia bien. O algo que nos advertían Ana Wagener y Ane Gabarain en La Casa de Bernarda Alba, y es que siempre hay alguien por debajo a quien pisotear. "Como si una persona racializada no pudiera ser racista, que las hay en la novela. O esas limpiadoras blancas que estarían en una escala social superior a la de las personas migrantes, que también. Son microrracismos, muchas violencias a las que se enfrentan las limpiadoras, camufladas con el humor", explica.

También el conflicto entre ser feminista y que te limpien la casa o qué es ser feminista y qué es ser una buena madre, cuando Sol se queda embarazada. No es una novela feminista ni un libro escrito por una mujer sobre historias de mujeres, es un retrato de las sociedades urbanitas contemporáneas en el que reconocernos. Ya es casualidad que tantos hombres en la pareja no sepan cómo se llama la que les limpia la casa, no tengan su número de teléfono o desconozcan cuánto le pagan. "Las nuevas masculinidades es uno de mis temas favoritos" -advierte Agúndez- "el hombre de izquierdas, aliado, es muy gracioso y, para mí, potencialmente peligroso y quería dejarlo claro en la novela. Obviamente, es mejor ser feminista que no serlo, pero pueden llegar a ser un cliché y muy frustrantes, porque se quedan en el plano de la teoría".

María Agúndez en la SER

María Agúndez en la SER / Daniel de la Fuente

María Agúndez en la SER

María Agúndez en la SER / Daniel de la Fuente

¿Por qué no queremos cruzarnos con la mujer de la limpieza o estar presente mientras limpia nuestra casa? ¿Qué se hace con ellas cuando uno se va de vacaciones? La novela recoge muy bien la situación de fragilidad y precariedad de cualquier trabajo por horas, por mucho que se haya intentado regularizar su situación, dar de alta a estas trabajadoras y reconocer sus derechos, como el de unas vacaciones pagadas.

"Hay algo en el hecho de limpiar casas, algo que sucede durante una milésima de segundo: la sensación de que la casa es tuya cuando abres la puerta con la llave", escribe. María Agúndez comparte fascinaciones con la escritora Eva Baltasar, la de cotillear las casas ajenas, quedarse a solas en ese espacio que conviertes en tuyo, la de gente que observa a otra gente, los olores y nuestra relación con los objetos en una casa. "Es algo muy común, nos encanta cotillear al otro, entrar en su espacio privado y soñar con quedarnos solos. Ellas lo saben todo de ti, hasta los detalles más íntimos que quieras esconder, los van a encontrar", dice.

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Casas limpias nos abre los ojos a realidades que no queremos ver, que pensamos que no tienen nada que ver con nosotros o con las que no querríamos relacionarnos. "Todos deberíamos tener la capacidad, cada uno con sus líneas rojas, de relacionarnos con el otro. A mí no me gustaría relacionarme con alguien que está a favor de la gestación subrogada, la verdad, no tengo ningún interés, pero no debemos rodearnos todo el rato de gente que nos va a dar la razón en todo", dice Agúndez. Como las mamis, uno de sus y de nuestros personajes favoritos de la novela, esas madres conservadoras, tumbadas en toallas de la bandera de España y que son tan divertidas.

 

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