El gran pelotazo de Adolfo Dominguez en Hollywood: “Ahí fue donde se coronó”
Del lino arrugado al pantalón a medio pecho: Andreu Buenafuente repasa, entre risas, los vaivenes de la moda ochentera en Nadie Sabe Nada

El gran pelotazo de Adolfo Dominguez en Hollywood: “Ahí fue donde se coronó”
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La moda es un boomerang con hombreras. Se va, vuelve, se reinventa y a veces regresa con más fuerza que sentido. Lo sabe bien Andreu Buenafuente, que durante el programa Nadie Sabe Nada terminó repasando, entre risas y recuerdos, los vaivenes estéticos que ha presenciado desde los años 80. Desde los pantalones de cintura alta hasta el auge del lino arrugado, pasando por trajes que desafiaban la lógica del cuerpo humano, su explicación se convirtió en una crónica improvisada sobre cómo la moda puede marcar y a veces arruinar una etapa de la vida.
Antes de entrar en anécdotas personales, Buenafuente se detuvo en una figura clave del diseño español: Adolfo Domínguez. "Ahí fue donde se coronó", dijo, refiriéndose al momento en que el diseñador gallego logró colarse en el vestuario de la serie Miami Vice. Su propuesta de elegancia relajada, basada en tejidos como el lino, conquistó a una generación. "El lino se arruga que eso parece que has pasado la noche fuera de casa. Pero como se instaló la arruga bella", explicó, aludiendo al famoso lema de la marca, continuó: "lo que antes era descuido, se convirtió en estilo".
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Todo comenzó con una observación aparentemente inocente sobre el pantalón femenino: "El pantalón que ahora lleváis las chicas (muy alto), yo lo viví cuando nació, luego desapareció, bajó, bajó muchísimo", explicó. Pero la cosa no quedó ahí. "Con lo de subir la braga hasta arriba tuvimos un momento delicado como sociedad, mucha, mucha braga, mucho tanga subiendo por arriba, por atrás, como el logo de McDonald", añadió, trazando una línea evolutiva que mezcla memoria y moda con precisión quirúrgica.
A partir de ahí, el viaje fue directo al corazón de los 80. Buenafuente recordó el día en que, con apenas 20 años, fue convencido de comprar un traje azul brillante de la marca Pedro Morago. "Me compré un traje una vez para una boda. El de la tienda me metió un golazo. Iba con un pantalón prácticamente a medio pecho y no estoy exagerando" confesó. La americana, por su parte, parecía diseñada para alguien que necesitaba espacio extra para guardar secretos. "Le digo: 'Oiga, esta americana es un poco grande, ¿no?'Y me dice: 'Sí, eso sí, se lleva así, ya verás'".
El vendedor, con la seguridad de quien ha leído demasiadas revistas de moda, le ajustó la prenda "con una técnica que incluía doblar mangas, subir cinturones y apretar botones" hasta que Andreu salió de la tienda "como el superviviente de un accidente aéreo de moda".




