Los pueblos que deberían pensar seriamente en cambiar de nombre
En Sicilia, Cerda es un municipio con raíces árabes, mientras que en Ontario (Canadá), Zorra es una comunidad rural

Los pueblos que deberían pensar seriamente en cambiar de nombre
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
En el mundo hay lugares que, por razones históricas, lingüísticas o simplemente por azar, han acabado con nombres que hoy provocan más de una carcajada y algún que otro sonrojo. Diego González, periodista y escritor, ha reunido en su libro Historiones de la geografía una colección de anécdotas que demuestran que la toponimia puede ser tan sorprendente como divertida. Uno de los capítulos más celebrados se titula precisamente así: Pueblos que deberían pensar seriamente en cambiar de nombre.
"La geografía no solo se mide en coordenadas, también en carcajadas. Hay nombres de pueblos que parecen sacados de un guion de comedia, pero son reales y tienen historia", explica González en SER Aventureros.
La lista es internacional y variopinta. En Azerbaiyán, a las afueras de Bakú, encontramos Puta, un nombre que en su idioma no tiene connotaciones negativas, pero que en español genera inevitablemente una reacción. En Australia, Guarra es una localidad que, aunque suena a insulto en castellano, es simplemente un nombre aborigen. En Galicia, Golfa es una parroquia que no tiene nada que ver con la vida nocturna, aunque el nombre invite a pensar lo contrario.
En Sicilia, Cerda es un municipio con raíces árabes, mientras que en Ontario (Canadá), Zorra es una comunidad rural cuyo nombre proviene del inglés "vixen", que también significa "zorra" en su acepción animal. En Asturias, Ramera de Abajo es una aldea que comparte nombre con su vecina Ramera de Arriba, ambas con origen en el término latino "ramus" (rama), aunque hoy suenan a otra cosa.
Pero si hay un nombre que se lleva la palma, ese es Entre Piernas, un pequeño pueblo chileno que parece sacado de un sketch de humor. Y no está solo: en Colombia existe Quita Calzón, una vereda que, según cuentan los lugareños, debe su nombre a una leyenda local sobre un río traicionero que "desvestía" a los bañistas con su corriente.
"Este capítulo es especialmente simpático porque demuestra cómo el lenguaje cambia, pero los mapas no siempre lo hacen al mismo ritmo", bromeó González durante la entrevista.
En Perú, Chachapoyas es otro clásico. Aunque su nombre puede sonar gracioso, en realidad proviene de una cultura preincaica que habitó la región amazónica y dejó un legado arqueológico impresionante, como la fortaleza de Kuélap.
Estos nombres, aunque puedan parecer motivo de burla, son testimonio de la riqueza lingüística y cultural de cada región. Muchos provienen de lenguas indígenas, de antiguos dialectos o de transformaciones fonéticas a lo largo de los siglos. Lo que hoy nos hace reír, ayer pudo haber sido símbolo de identidad.




