Los escritores que se inventaron un autor para publicar juntos
Bajo este nombre, los escritores se permitieron una escritura más paródica, irónica y popular

Los escritores que se inventaron un autor para publicar juntos
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En 1942, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares publicaron Seis problemas para don Isidro Parodi, una colección de cuentos policiales que marcaría el inicio de una de las colaboraciones más singulares de la literatura argentina. Lo hicieron bajo el seudónimo de H. Bustos Domecq, un autor ficticio construido a partir de los apellidos de sus antepasados: Bustos, bisabuelo de Borges, y Domecq, bisabuelo de Bioy.
La invención de Bustos Domecq, que se narra en el programa Un autor en una hora de la SER, no fue solo una estrategia editorial, sino una forma de explorar un estilo literario distinto al que cultivaban por separado. Bajo este nombre, los escritores se permitieron una escritura más paródica, irónica y popular, alejada del tono elevado y filosófico que caracterizaba sus obras individuales. El lenguaje de Seis problemas para don Isidro Parodi está cargado de giros lunfardos y expresiones en desuso, y su protagonista, un peluquero encarcelado injustamente, resuelve misterios desde su celda, en una clara burla a los detectives clásicos como Sherlock Holmes o el Padre Brown.
Antes de esta obra, en 1941, Borges, Bioy y Silvina Ocampo habían colaborado en la Antología poética argentina, una selección que buscaba representar la diversidad estética de la poesía nacional. Aunque el criterio declarado era "objetivo", la antología refleja el gusto y las inquietudes del trío, que incluía autores como Alfonsina Storni, Oliverio Girondo y Leopoldo Marechal.
La creación de Bustos Domecq fue más que una broma literaria: fue una forma de experimentar con la escritura colaborativa y de cuestionar la figura del autor. Emir Rodríguez Monegal llegó a decir que los textos firmados por Bustos Domecq no eran simplemente la suma de Borges y Bioy, sino que daban lugar a una nueva entidad literaria: Biorges, un autor compuesto que influiría incluso en escritores como Julio Cortázar.
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Un autor en una hora | Jorge Luis Borges
La impostura fue mantenida durante décadas. No fue hasta 1967 que Borges y Bioy revelaron públicamente que ellos eran los verdaderos autores detrás de Bustos Domecq. Para entonces, el seudónimo ya había firmado varias obras más, como Dos fantasías memorables (1946), Crónicas de Bustos Domecq (1967) y Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977).




