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Alberto Vázquez: "El cine moralista de Disney ha hecho mucho daño. 'Decorado' es una antifábula con una antimoraleja, no busco agradar"

El animador y dibujante estrena su tercer largometraje, una historia de animales antropomorfos en un mundo en crisis dominado por la vigilancia y el ultracapitalismo

La película pretende ser un espejo de la sociedad universal / Barton Films

Madrid

Aunque el animador Alberto Vázquez ha crecido, al igual que tantas personas, siendo un chico Disney, mientras leía Don Miki o cómics del Pato Donald, su carrera e imaginario cinematográfico han tomado un rumbo muy distinto a los mundos de fantasía de la compañía americana. El autor gallego practica un cine de animación para adultos sin moralejas pero profundamente político que sitúa al espectador ante su propio espejo y le hace reflexionar desde espacios incómodos. Lo hizo en 2022 con la antibelicista Unicorn Wars, en la que convirtió ositos de peluche en soldados para retratar el sin sentido de la guerra, y lo hace de nuevo en Decorado, su tercer largometraje que narra la historia de Arnold, un ratón de mediana edad en paro, depresivo y en crisis con su pareja que vive en una sociedad vertical controlada y vigilada por una gran corporación. Un relato sobre el poder, la libertad y si el amor nos puede sacar de esta rueda de un mundo-decorado que anestesia a sus ciudadanos.

Esta película viene del cortometraje homónimo estrenado en 2016. ¿Tenías mucha ambición narrativa y visual por ampliar el universo de Decorado?

Esta historia viene de un proceso muy largo de más de una década de trabajo. Yo soy dibujante de cómics e ilustrador y surgieron una serie de historias cortas que decidí llevar al cortometraje. Unos años después, conocí a Javi Manuel, que es coguionista de esta película, y pusimos en marcha un proyecto de serie de animación para adultos basada en Decorado. Entonces, expandimos personajes, las tramas y su universo pero, al final, ese proyecto no salió porque era muy complicado. Fue por esto que decidimos que todo ese trabajo que habíamos hecho tenía que tomar forma en una película. El paso del tiempo ayuda a que las ideas reposen y en este proyecto, como yo trabajo mucho haciendo pequeños universos en los cortos, he podido desarrollar a muchos personajes secundarios.

Entiendo que todo esto te ha facilitado el hacer la película...

Hombre, si tienes una obra como el corto, que estuvo en Cannes, estuvo, ganó un montón de premios, aparte del Goya, ayuda a que un nuevo proyecto salga adelante con mayor facilidad. También ayudan los productores y la financiación. Sin embargo, a mí como artista me flipa el mundo del cortometraje y creo que es el medio adecuado para la animación. Pero los cortos solo se ven en festivales de nicho y con una película multiplicas por diez tu audiencia y yo quiero que la gente vea lo que hago. Entonces, se han dado una serie de casualidades que han cristalizado esta película.

Citabas a los papeles secundarios y en tu cine, o al menos en tus historias, se nota un cariño especial por algunos de tus personajes. ¿Te cuesta desprenderte de ellos?

Nunca lo había pensado así, pero al final son como pequeños hijos. Yo he crecido leyendo Don Miki y, también, como buen niño Disney de la mano del Pato Donald y Mickey Mouse. Me he dado cuenta que me gustan estos personajillos, estos animales antropomorfos, porque se relacionan con los inicios de la historia del cómic, de la animación y de las fábulas. Siento que son universales. No tienen un tiempo ni un lugar definido y pertenecen a todas las culturas. Si ves Decorado, no sabes si es española, francesa, americana o japonesa. Tiene ese carácter universal y eso es muy bonito. También hay un fuerte contraste entre forma y contenido. Es una película de animación, pero mezclo, en ocasiones de manera bizarra, muchas temáticas actuales.

¿Por qué ese interés de mirar al mundo desde el cine de animación y de esta manera tan concreta?

Aunque trabajes con la fantasía, creo que es imposible no tener un pie en la realidad para denunciarla. No sé si hay alguna peli que consiga evadirse del todo de esto. Decorado funciona como un espejo de la sociedad en la que vivimos. Una sociedad donde la hiperconectividad, el estrés, las redes sociales, las relaciones superficiales, las megacorporaciones y el ultracapitalismo controlan nuestra vida. Los personajes están inmersos en crisis existenciales, laborales, amorosas y médicas y, también, habitan momentos vitales muy latentes como la exclusión social, los desahucios, el desempleo o las relaciones tortuosas con los puestos de trabajo. Me parece que desde la animación se puede llegar a hablar de la realidad de una manera bastante poética y diferente. Aplaudo que el 95% de las producciones animadas sean cine familiar, pero considero que en la animación tiene que haber todo tipo de propuestas.

¿Qué referencias has tenido a la hora de dar vida a esta película?

Muchas de estas referencias las empiezas a ver a posteriori. Cuando empiezas a trabajar en una peli trabajas mucho desde el subconsciente, como si este fuera un cajón desastre. Por un lado, me ha traído hasta aquí el Disney más clásico, los Looney Tunes, artistas como Mary Blair... Todo esto mezclado con obras distópicas de literatura de evasión que siempre me han encantado, como Un mundo feliz o 1984 de George Orwell, o algunas referencias más obvias como puede ser El show de Truman. Además, he querido conjugarlo con un sentido del humor surrealista y un poco negro que yo relaciono con Buñuel. Quería que Decorado fuese verdadera. Aunque sean personajillos animados hemos cuidado y aterrizado a la actualidad lo que dicen, cómo lo dicen y cómo se tratan los unos a los otros.

El corto era en blanco y negro y la peli se pasa al color. ¿Cómo has concebido la imagen visual y más buscando este equilibrio entre realidad y fantasía?

La imagen visual ha evolucionado respecto al corto. El corto era muy punki y un poco árida y radical. Nos daba mucha pena perder las posibilidades narrativas que tiene el color y esta peli es muy expresiva y simbólica. Es la primera vez que trabajo con un director de arte, con José Luis Agreda, y he evolucionado un poco mi estilo cuidando la belleza.

¿Cuáles han sido los desafíos técnicos?

Todos los detalles que hay y la cantidad de personajes. A veces están veinte personajes en plano y todo eso son sobrecostes. Hay un montón de detallitos con los objetos y los postes que hay por detrás. Es una película muy tradicional con animación 2D, 12 dibujos por segundo y fondos que, aunque estén pintados de manera digital, recuerda mucho a los clásicos. Tengo esperanza de que esta peli envejezca bien, mira Bambi que tiene cien años y se sigue sosteniendo.

Vázquez tiene claro que el desarrollo de la IA provocará muchas consecuencias negativas en la animación / Barton Films

¿Cómo valoras la situación actual del cine de animación para adultos?

Este tipo de cine tiene mucha dificultad. Los exhibidores no quieren apostar ni seleccionar películas que sean muy diferentes porque solo quieren generar dinero. Entonces es una especie de pescadilla que se mueve y es todo muy complicado. Yo no tengo solución para esto. Me encantaría que la película se viese en 200 salas y que tuviera dos millones de espectadores, qué te voy a decir. Si es cierto que yo hago la peli y me olvido de ella. Ya pertenece al espectador y a la sociedad y que vaya donde tenga que ir.

Sin embargo, y ya sucedió con Unicorn Wars, en plataformas cobran una segunda vida...

Toda la razón. También existen muchos grupos de fans que se hacen muñecos y juegos. Hay un submundo que es muy interesante y me parece bonito que la gente coja a los personajes y que hagan otras cosas. La gran parte del público es la primera vez que ve historias de este tipo y les crea mucho impacto y les influencia.

Decías al principio que has crecido siendo un chico Disney, pero tu cine es una rebelión con su moralismo. ¿Te sientes identificado con esta lectura?

Claro. Disney ha ofrecido un cine moralista que ha hecho mucho daño con sus princesas. Lo que yo quiero hacer, más bien, es una antifábula con una antimoraleja. Quiero provocar unas emociones en el público que, a veces, no son satisfactorias, ni para mí, ni para ellos, ni para los propios personajes centrales de la película. Esta es mi manera de entender el cine. No quiero hacer películas para todos los públicos con mensajes, de eso ya hay un 99,9%. Me gusta el cine de David Lynch y Gaspar Noe, me gusta un cine más duro que no busca agradar.