El 20% de los menores y adolescentes en España presenta un patrón de consumo problemático de pornografía
La mayor investigación a nivel mundial sobre el impacto de la tecnología en la infancia y la adolescencia en España pone de relieve los principales problemas a los que se enfrentan: sexting, grooming, normalización de conductas violentas y adicciones

Niño con móvil / Getty Image

La mayor investigación a nivel mundial sobre el impacto de la tecnología en la infancia y la adolescencia en España constata que el uso de las pantallas expone a los alumnos de entre 10 y 20 años de nuestro país a sufrir sexting y grooming, a normalizar conductas violentas, también en el ámbito sexual, y a sufrir problemas de salud mental relacionados con adicciones. Es un estudio realizado a 93 mil estudiantes -desde 5º de Primaria, ESO, Bachillerato y FP- y 7 mil docentes, en el que han colaborado el gobierno -a través de Red.es-, UNICEF, la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Colegios Profesionales de Ingeniería Informática, y que servirá de base científica para hacer políticas públicas encaminadas a proteger a la infancia y la adolescencia.
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Los datos de la investigación son sumamente reveladores para poder entender cuál es la relación de menores y adolescentes con la tecnología, su punto de vista sobre el uso que hacen de las pantallas y los peligros a los que se enfrentan. "Los jóvenes viven en la tecnología, ellos están permanentemente conectados, muchas veces no son capaces de diferencias el mundo físico del digital, es algo que tenemos que entender", advierte Fernando Suárez, del Consejo General de Colegios Profesionales de Ingeniería Informática. "El mundo digital no debe demonizarse, nuestros niños están en él, necesitan que les acompañemos, eduquemos y les demos herramientas para sentirse seguros en ese entorno", admite Lara Contreras, de UNICEF España. "Al igual que a un niño con seis años no le dejamos salir solo a la calle, le acompañamos hasta que cruza solo, esto es lo que UNICEF quiere para el mundo digital, que sea seguro para la infancia", asegura Contreras.
Según la investigación, 8 de cada 10 estudiantes tiene móvil, un 40% duerme con él en su habitación, el 92% tiene redes sociales, sigue de forma activa a algún influencer y tres de cada cuatro están registrados en tres o más de estas redes. El 9% las utiliza más de cinco horas diarias. La pantalla, según el estudio, los expone sobremanera al sexting y al grooming. Uno de cada cuatro estudiantes ha recibido mensajes con contenido sexual, un 14% ha recibido fotos o videos y un 3% ha sido chantajeado con publicar material de carácter íntimo. Más de la mitad, un 58%, suele hablar con personas desconocidas a través de la red y el 14% reconoce que ha quedado en persona con alguien que conocía exclusivamente online. Un 8% ha recibido proposiciones sexuales de personas adultas a través de las redes, el 5,7% menores de 16 años.
El problema del acceso a la pornografía
La investigación asegura que dos de cada diez menores y adolescentes en España presenta un patrón de consumo problemático de pornografía. El porcentaje es más elevado en ESO y FP (21%) que en Bachillerato (18%) El primer acceso a estos contenidos se produce de media a los once años y medio, en uno de cada tres casos de manera fortuita. Al 73% le ha resultado muy fácil acceder a él.
El 57% de los chicos accede al porno para masturbarse frente al 23% de las chicas; en el caso de ellas, la principal motivación es la curiosidad (47%). Casi seis de cada diez considera que el consumo de pornografía contribuye a generar una imagen distorsionada del sexo, el 52% cree que incita a presionar a otras personas para realizar determinadas practicas sexuales y el 45% considera que induce a no usar el preservativo. Cuatro de cada diez alumnos cree que la pornografía incita a utilizar la violencia en las relaciones sexuales. El 57% considera que la pornografía trata peor a las mujeres que a los hombres, aunque esta opinión es mayoritaria entre las chicas, un 75% lo ve así frente al 50% de los chicos.
En siete de cada diez hogares, tal y como refleja la investigación, no se habla nunca o casi nunca de sexo. El fenómeno Only Fans cala entre los adolescentes: tres de cada cuatro conoce esta plataforma digital de suscripción en la que se paga por acceder a contenidos exclusivos de creadores y creadoras, gran parte de ellos de carácter sexual o erótico. Un 8% conoce a alguien de su entorno que ha ganado dinero en ella y un 2% tiene o ha tenido cuenta en la plataforma (1,8% de los menores de 16).
La adicción a los videojuegos
La investigación prueba que hay una alta exposición a los videojuegos entre los 10 y los 20 años. Más de la mitad de estos alumnos juega una vez a la semana y un 18% lo hace a diario. Hay un porcentaje del 5% que llega a jugar 35 horas semanales o más. Uno de cada cuatro alumnos consume videojuegos clasificados para mayores de 18, con violencia explícita (un 17% con 10 y 11 años). Esa exposición, según resulta el estudio, contribuye a normalizar conductas violentas como acoso escolar o ciberacoso, especialmente en los últimos años de primaria. Un 2% de los adolescentes que juega online llega a gastar 30 euros al mes para desbloquear recompensas en los juegos.
Aunque más del 90% de los adolescentes hacen un uso saludable de la tecnología, un 5,7% tiene problemas de adicción a las redes sociales, un 1,7% a los videojuegos y un 2,4% a las apuestas online. En estos casos, según el estudio, se detectan problemas de ansiedad, somatización, depresión y un alto riesgo de ideación suicida. Un 58% de los adolescentes manifiesta abiertamente ya cierta necesidad de desconexión digital.
Acompañar, formar pero no prohibir
Los expertos y las organizaciones que han participado en la elaboración de esta investigación lo tiene claro. "No podemos prohibir", sentencia Antonio Rial, profesor y doctor en psicología social de la Universidad de Santiago. "Un móvil a los diez años en la vida de un niño no es algo inocuo, pero hay que ocuparse, establecer criterios que pueden pasar por la limitación o las restricciones", explica Rial. Una afirmación con la que coinciden también Irene, de 18 años, y Álvaro, de 13, que han participado en la investigación. "Entendemos que las administraciones públicas se preocupen pero la solución no es solo prohibir, no es realista, usaríamos el móvil igual a escondidas y sin acompañamiento", explica Irene que tiene muy claro lo que deben hacer las instituciones. "Pedimos a las administraciones que apuesten por una educación digital y la participación infantil, que se creen programas para aprender a usar la tecnología responsablemente y conocer los riesgos, que se impulsen campañas para informar a las familias y a los docentes, y queremos que las normas se hagan con nosotros", reivindica esta adolescente.
Álvaro fija el foco en las empresas del sector tecnológico: "Muchas están intentado mejorar la seguridad pero todavía falta mucho por hacer, por ejemplo, en el acceso a la pornografía al que muchos llegan por error o por un enlace que no quieren clicar", advierte este adolescente que pide "protocolos más rigurosos". "No vale con una casilla de que soy mayor de 18 años", dice. Álvaro pone de manifiesto, además, del peligro que suponen los contenidos digitales pensados para engancharnos. "Nos gustaría que las empresas incluyeran herramientas para un uso equilibrado, como pausas o avisos de tiempo", explica, "para promover hábitos saludables".
UNICEF, Red.es y la Universidad de Santiago reclaman un papel responsable a las familias. "Hay que dar ejemplo", afirma Lara Contreras. Pero también fijan la mirada en los centros educativos: "Hay que trabajar el proyecto docente de centro, que tiene que incluir un equilibro adecuado de la digitalización, trabajar con el profesorado e implementar programas de prevención que los hay y muy buenos", asegura Santiago Rial. En el caso de las empresas tecnológicas, los promotores de la investigación reclaman regulación, seguimiento y sanciones. "Europa ha sido vanguardista en la regulación de privacidad y protección de datos y aquí tenemos que ser valiente y también regular esto", reclama Fernando Suárez.
"Hace falta una autorregulación regulada, invitarlos a que se comprometan y sino, establecer sanciones", explica Rial. "Tenemos que crear los semáforos en este momento porque a esta industria le hemos permitido por el motor de la innovación una cosas que nos han hecho ir demasiado rápido, pero es que a lo mejor hay que ir más lentos", asegura Jesús Herrero, director general de Red.es En cualquier caso, estos organismos piden tiempo para analizar los datos y comenzar a exigir y aplicar políticas públicas consecuentes.




