El cine en la SER
Cine y TV

Julia Ducournau, directora de cine: "El cuerpo se experimenta como algo sucio, más en el caso de las mujeres con juicios perpetuos"

La directora francesa, tras ganar la Palma de Oro, presenta su nuevo filme, 'Alpha', una historia familiar y de género sobre el SIDA y la pandemia

Julia Ducournau, durante la presentación de 'Alpha' en Cannes (Photo by Mustafa Yalcin/Anadolu via Getty Images) / Anadolu

Madrid

Si hay algo que no le gusta a la directora francesa Julia Ducournau es cumplir con las expectativas. Tras hacer historia y ganar una Palma de Oro en Cannes con un filme de género, Titane, en medio del debate sobre los cuerpos trans, todo el mundo pensaba que haría una película de género en Estados Unidos, con un gran presupuesto, con estrellas que hablan en inglés. Nada de eso. Su nueva película es en francés, una historia de amor, de familia en tiempos de una epidemia que recuerda al sida y a la pandemia del COVID. Alpha pasó también por Cannes, aunque no tuvo tanta suerte, inauguró Sitges y ahora llega a los cines. “Los traumas son cíclicos. Aparecen todo el rato. Yo creo mucho en esos ciclos, porque están anclados biológicamente en la naturaleza y pueden ser virtuosos, pero también oscuros. La transmisión del trauma es irrevocable, cuando la sociedad o la familia no lo acepta o no se nombra, se convierte en tabú”, dice la directora en su visita a Madrid.

Teñida de rubio platino, vestida de negro y con sus anillos de carabelas, Ducournau tiene muy clara la película que ha hecho y la defiende a ultranza. “Creo ahora mismo que estamos viviendo en un ciclo oscuro. Se nos pide que aceptemos lo que está sucediendo, pero sin protegernos, sin tranquilizarnos, sin orientarnos. Las cosas solo pueden empeorar en el tiempo para las nuevas generaciones. La recesión económica que siguió al Covid ha sido algo muy dramática para los jóvenes. Muchos tuvieron que dejar sus estudios y se enfrentan a un paro enorme y a la inflación. No hablamos con esa generación, al revés, parece como si les dijéramos, es vuestro problema, la vida es así, acéptalo. Sin pensar en que serán adultos dentro de quince años y habrán vivido ese trauma”. De este pavor actual habla el filme, que nos hace recordar a la crisis social y moral que vivimos en los noventa.

Alpha es una propuesta donde prima el drama al terror corporal. “Solo al afirmar la vulnerabilidad del cuerpo podemos crear empatía entre nosotros, reconocer el sufrimiento del otro, porque podemos sentirlo en nuestro propio cuerpo. Por eso para mí es importante filmar los cuerpos con amor, porque es parte de nuestra humanidad común”, insiste Ducournau. El título de su película toma el nombre de Alpha, una niña que recorre con un rotulador los pinchazos del brazo de su tío heroinómano. Años después, ya con trece años, a la joven le hacen, sin su consentimiento, un tatuaje en una fiesta con una aguja sucia y se le infecta el brazo. En la escuela, la herida no deja de sangrar y la rechazan porque creen que está enferma. “Por encima de todo está el cuerpo en mis películas, porque creo que es el lugar en el que expresar mi amor por los personajes y porque el cuerpo es un lugar muy importante para el humanismo, lo que va totalmente en contra de la forma en que se vive el cuerpo en la sociedad. En general, siempre se ha considerado un tabú, es como algo de lo que no se habla. Cuando nos pasa algo en la piel, lo escondemos, pensamos que es asqueroso. El cuerpo se experimenta como algo sucio, más en el caso de las mujeres con juicios perpetuos”.

Ducournau es capaz de mostrar los cambios del cuerpo de una adolescente, en plena pubertad, con el miedo a la sangre y fluidos. El miedo al sexo, la vergüenza de sangrar, etc. Son estupendas y sumamente políticas las escenas en el instituto, en gimnasio y en la piscina, donde se ve cómo esos adolescentes han asumido los prejuicios de sus padres y han interiorizado las metáforas en torno a la enfermedad. La película realiza una crítica a esa hipocresía y a ese miedo que hizo que nadie tomara conciencia. “Fue una generación a la que se estigmatizó. Se les impuso un aislamiento social en todo el mundo, al tiempo que se avergonzaban de ello, culpándoles de lo que ocurría, porque el miedo se había apoderado de la sociedad. De repente, algo tan natural como la sexualidad, por ejemplo, en la década de los sesenta se vivió con total liberación para nuestros padres, se convirtió para nosotros en sinónimo de sospecha y peligro de muerte. Por eso, hemos sufrido toda esta reacción ética y moral vinculada con aquello. Además, el estigma social en torno a esta enfermedad, incluso aunque ahora la medicina haya avanzado, sigue muy presente porque nunca se ha reconocido este abuso”. Conecta la directora lo que pasó entonces, con lo que pasa hoy, siguiendo el ensayo de Susan Sontag, El sida y sus metáforas, (1988).

La narración se cuenta en dos épocas indeterminadas que se presumen los ochenta y los noventa, y narra tanto la relación de Alpha con su madre, una doctora encarnada por la actriz iraní Golshifteh Farahani, como la de relación de dependencia de ésta con su hermano drogadicto, papel que asume un cadavérico Tahar Rahim. Una familia de origen iraní en la Francia blanca de los noventa, donde empezó a resurgir ese odio de la extrema derecha. “La cuestión de la convivencia en los años noventa estaba en otra parte. Se colocó en otro lugar distinto a donde se encuentra hoy”. Algo que la propia Ducournau experimentó, hija de padre francés y de madre de origen argelino. “Cuando tuve la idea de la escena de la comida con la familia, sentí un impulso a contar mi propia infancia y quise mostrar lo viva que está esta familia en un mundo donde todo está muriendo. Esta familia sigue con vida, se mueve, lucha, cuenta historias”, recuerda la directora. También quería mostrar un matriarcado muy fuerte, que es el lugar de donde vengo. Todo esto para mí es sinónimo de amor. Así que cuando pensé en esta escena, fue obvio que inmediatamente vi a mi familia”, nos cuenta.

La cuestión de la doble cultura juega un papel importante en la película, como lo ha jugado para una parte de los franceses y las francesas. Ahí está el relato de Leila Slimani en su trilogía El país de los otros, o el de la escritora Fatima Daas en La pequeña hija. En el caso de Alpha ella no puede comunicarse con su abuela. “No conoce el idioma, pero se entienden, es por el amor que sienten. La abuela entiende la angustia que está sintiendo su nieta y la nieta acepta el amor que le da la abuela con ese abrazo al final en la escena. Es una idea que me pareció importante en estos días, donde aunque no hablemos el mismo idioma, ni creamos en lo mismo, es posible entenderse, en la familia o en la sociedad”. Para la directora, crecer en una familia con dos culturas distintas ha sido algo que le ha dado mucho. “Por un lado, sientes eso de que no perteneces a nada, de que solo perteneces a medias. Eso me pasaba en la adolescencia, luego cuando crecí me di cuenta de que tener una doble cultura hace que tengas una mentalidad abierta, una capacidad de adaptación y aceptación muy fuertes, especialmente cuando las dos partes, los dos lados de la familia, son tan diferentes, como es mi caso. Y además, el hecho de no pertenecer a nada también nos da la fuerza para ser quienes queremos ser. Y construirte como quieras e inventarte por fin”.

Fotograma de 'Alpha' / CEDIDA

En el filme hay ecos de la literatura de Edgar Allan Poe, de Cronenberg, con quien ya se la comparó en Titane por su forma de rodar el cuerpo, pero también de otros cineastas que no han hecho género. Por ejemplo, el miedo al contagio que aparecía en Verano 1993, contado por Carla Simón de una manera muy sutil, o en Mala sangre, de Leos Carax. También hay ecos del español Carlos Saura. “Ha sido muy importante por la forma en la que trata la infancia y el paso a la adolescencia”, dice Ducournau. “Vi Cría Cuervos cuando tenía ocho años. Era la misma edad que el personaje de Ana Torrent en la película, así que me identifiqué mucho. De hecho, fue la primera vez en mi vida que comprendí que un personaje podía entenderme como si fuera real, como si me conociera”, confiesa sobre su pasión por este filme que cuenta cómo una niña invoca la presencia de su madre muerta.

“Estuve muy obsesionada con el personaje de Ana, tanto que me metí de lleno en su vida. Escuchaba a Jeanette una y otra vez”, bromea sobre la canción Por qué te vas, que aparece en uno de los momentos más álgidos de la película. “Cuando crecí me di cuenta de que ese vínculo era un realidad un vínculo con Carlos Saura, porque fue él quien creó el personaje de Ana. Un vínculo con un hombre de una cierta edad, que si lo piensas es extraño. Creo que comparto profundamente su visión sobre la infancia, porque he sido solitaria y melancólica. Los niños son muy sensibles, aunque sus padres traten de protegerlos, es muy poroso, muy sensible a los cambios, a las mentiras. Sigo pensando que su visión es increíblemente moderna incluso hoy en día”.

Pepa Blanes

Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada...