El canadiense Yannick Nézet-Séguin moderniza un enérgico y vibrante concierto de Año Nuevo en Viena dedicado a la paz
El director franco canadiense ofrece un repertorio clásico, con obras de los Strauss y sus coetáneos, pero introduce grandes e interesantes novedades, como dos piezas de dos compositoras, la austriaca Josephine Weinlich y la afroamericana Florence Price y un discurso donde ha pedido la paz entre naciones y la bondad entre ciudanos

La Filarmónica de Viena celebra este jueves su tradicional Concierto de Año Nuevo en la Sala Dorada de la Musikverein, dirigido por el maestro canadiense Yannick Nézet-Séguin. / DIETER NAGL (EFE)

Se repite cada año, pero eso no impide que el Concierto de Año Nuevo, que, como es tradición, ofrece la Orquesta Filarmónica de Viena, tenga tanta expectación, de principio a fin, aunque sepas exactamente qué va a ir ocurriendo en cada una de las partes. La popularidad es total, no solo para el público afortunado que ha conseguido entrada, de un elevado precio, para asistir al Musikverein de Viena, sino que también goza de gran popularidad internacional gracias a las retransmisiones mundiales, que ahora llegan a unos 50 millones de espectadores en más de 150 países a través de la televisión y el streaming.
De nuevo, un repertorio vasto y nostálgico que bucea en las obras de la familia Strauss y sus contemporáneos, pero con una gran novedad, la figura del canadiense Yannick Nézet-Séguin, que lleva por primera vez la batuta la orquesta y que ha incluido cinco piezas nuca representadas en este recital, entre ellas, la obra de dos compositoras, algo que siempre hay que celebrar en un evento donde a las mujeres les cuesta mucho entrar en un evento que ha cambiado poco desde el año 1939, la primera vez que se celebró, bajo el nazismo y para recaudar fondos para su causa. Pero además, lo que ha traído este artista es un halo de alegría, con su sonrisa desde el inicio del concierto, energía y una imagen renovada que se agradece.
Desde hace algunos años, la institución alterna nombres que se pueden considerar como más clásicos o conservadores, como han sido los casos de Thielemann o de Muti, con otros directores de generaciones más jóvenes, como ocurrió en 2017 con el venezolano Gustavo Dudamel. Ahora le toca a este canadiense, considerado una de las batutas más renovadoras del panorama actual.

El director canadiense Yannick Nézet-Séguin, que dirige el famoso Concierto de Año Nuevo en Viena, ofrece una rueda de prensa en la capital austriaca. Yannick Nézet-Séguin debutará el 1 de enero de 2026 al frente del Concierto de Año Nuevo de Viena con la intención de "modernizar" el recital de música clásica más seguido del planeta gracias a nuevas voces, como la afroamericana Florence Price. EFE/ Dieter Nagl Wiener Philharmoniker / DIETER NAGL Wiener Philharmoniker

El director canadiense Yannick Nézet-Séguin, que dirige el famoso Concierto de Año Nuevo en Viena, ofrece una rueda de prensa en la capital austriaca. Yannick Nézet-Séguin debutará el 1 de enero de 2026 al frente del Concierto de Año Nuevo de Viena con la intención de "modernizar" el recital de música clásica más seguido del planeta gracias a nuevas voces, como la afroamericana Florence Price. EFE/ Dieter Nagl Wiener Philharmoniker / DIETER NAGL Wiener Philharmoniker
Nézet-Séguin, con tan solo 50 años, es uno de los directores de orquesta más jóvenes, y modernos, en liderar este concierto. El franco canadiense es un músico moderno, que dirige la Ópera Metropolitana de Nueva York desde 2018, director musical de la Orquesta de Filadelfia desde 2012 y, desde hace 25 años, director musical y director principal de la Orquesta Metropolitana de Montreal. De 2008 a 2018, fue director principal de la Orquesta Filarmónica de Róterdam, donde fue nombrado director laureado. También es miembro honorario de la Orquesta de Cámara de Europa. Hace más de quince años dirigió su primer concierto con la Filarmónica de Viena y desde entonces se ha ido fraguando una relación artística que hasta hoy. El director, con un look moderno, de oscuro y sin pajarita, ha querido "abrir espacio a muchos compositores que fueron importantes en su época y que, por alguna razón, hemos dejado de escuchar".
El concierto ha comenzado con la obertura de la opereta Indigo y los cuarenta ladrones, una opereta poco representada de Johann Strauss hijo, que compuso sobre un libreto alemán de Maximilian Steiner basado en el famoso cuento Alí Babá y los cuarenta ladrones. Después hemos escuchado, por primera vez en la historia de este concierto, el vals Donausagen de Carl Michael Ziehrer, músico notable que tuvo éxito en sus días, pero que nunca había sonado un primero de enero en Viena. Sus Leyendas del Danubio invitan a recorrer el río empezando en Hungría, cuyo folklore se cuela claramente al inicio de la partitura. Obra que dedicó María Cristina de Habsburgo-Lorena, reina regente de España en el momento en que Ziehrer compuso la pieza y popular ahora gracias a la serie de televisión Ena de Javier Olivares.
Ha llegado otra de las novedades de esta edición, el Malapou-Galoppe de Joseph Lanner, un golpe, es decir, una pieza de danza animada y rápida, que en este caso tiene influencias de la música y la cultura de La India, otra obra inédita en este evento que ha contado con un pequeño coro de la orquesta y con la emoción del director. También han sonado, de manera enérgica, en esta primera parte la polka Brausteufelchen de Eduard Strauss, obra que pasó desapercibida en su estreno y que no es habitual escuchar en año nuevo. Las dos últimas obras de la primera parte son algo más conocidas, sobre todo la primera, Fledermaus-Quadrille (El murciélago) y la breve El Carnaval de París de Johann Strauss, estrenada en la capital francesa durante una gira del compositor con su orquesta. Ambas muy aplaudidas por un público entregado a la estrella del concierto.

COSTA MESA, CALIFORNIA - MARCH 09: Canadian conductor Yannick Nézet-Séguin performs at Segerstrom Center Vienna Philharmonic at Segerstrom Center For The Arts on March 09, 2025 in Costa Mesa, California. (Photo by Tiffany Rose/Getty Images for Segerstrom Center for the Arts) / Tiffany Rose

COSTA MESA, CALIFORNIA - MARCH 09: Canadian conductor Yannick Nézet-Séguin performs at Segerstrom Center Vienna Philharmonic at Segerstrom Center For The Arts on March 09, 2025 in Costa Mesa, California. (Photo by Tiffany Rose/Getty Images for Segerstrom Center for the Arts) / Tiffany Rose
Durante el descanso, la ORF nos ha ofrecido un documental, con intervenciones de los músicos de la propia Filarmónica. El de este año, dirigido por Alex Wieser, ha estado dedicado al 250 aniversario del Museo Albertina, que alberga una de las más extensas colecciones gráficas del mundo con aproximadamente 65 000 dibujos y cerca de un millón de grabados, tanto antiguos como modernos. Sobresalen sus riquísimos fondos de Alberto Durero, de los cuales una selección se expuso en el Museo del Prado en 2005.
En cuanto a la segunda parte, que suele ser algo más larga que la primera, ha comenzado con Obertura de la opereta la bella Galatea de Franz von Suppè, que ha figurado bastante en estos conciertos. La cuarta novedad del concierto ha sido la decisión personal del director de incluir dos piezas compuestas por mujeres en este repertorio. La primera de las dos firmadas por mujeres ha sido Polka-mazurca “Sirenen Lieder (Canciones de Sirenas) de Josephine Weinlich, quien fundó en Viena la primera orquesta femenina de Europa. Esta compositora fue también una figura muy relevante en la Viena de finales del XIX y nunca había sido interpretada por la filarmónica. Esta polca-mazurca la compuso, precisamente, para el concierto de presentación de esa orquesta pionera, que contaba con cuarenta músicos: 33 mujeres y 7 niños tocando instrumentos de metal y con la que llegaron a hacer toda una gira por Europa.

La matinée ha seguido con Frauenwürde op 277, (Dignidad de Mujeres) de Josef Strauss, que no sonaba en este concierto desde el año 1951. De Josef a Johan hijo, con Polka Diplomática, de la opereta Fürstin Ninetta en la que un diplomático, el barón Mörsgurg, demuestra la legitimidad de la descendencia de la protagonista. Esta era una de las piezas acompañadas por el Ballet de la Ópera Estatal de Viena desde el imponente palacio Hofburg.
Ahí ha llegado otro momento inédito, cuando ha sonado Rainbow Waltz de Florence Price. Ha sido, sin duda, la opción más rompedora de Nézet-Seguin, pues Price fue la primera mujer afroamericana que alcanzó un reconocimiento amplio en el ámbito sinfónico. Los expertos la señalan como uno de los grandes nombres de la música del siglo XX, a pesar de que, tras su muerte en 1953, sus cerca de trescientas obras fueron cayendo en el olvido y, en la práctica, fueron barridas de las programaciones.
Nacida en Arkansas, tuvo que trasladarse a Chicago en 1927, huyendo del endurecimiento del racismo en el sur. Esto marcó el inicio de su etapa más fértil, ya que en Chicago entró en contacto con redes culturales afroamericanas activas y con instituciones musicales que le permitieron proyectar su obra a escala nacional. En 1932 su primera sinfonía ganó un importante concurso y fue estrenada en 1933 por la Chicago Symphony Orchestra, lo que convirtió a Price en la primera mujer afroamericana interpretada por una gran orquesta estadounidense. Casi un siglo después, la Filarmónica de Viena la programa por vez primera en toda su historia. Muchos de sus valses fueron descubiertos en una colección de manuscritos en Illinois y grabados por primera vez en álbumes recientes como Waltzes and Character Pieces of Florence Price, de 2024.
Tampoco había sonado Galope de Københavns Jernbane-Damp (Galope del Tren de vapor de Copenhague de Hans Christian Lumbye. Fue escrita para celebrar la inauguración de la línea ferroviaria Copenhague-Roskilde en 1847, la primera línea ferroviaria de Dinamarca. Una preciosa composición donde los músicos se las han ingeniado para que escucháramos en todo el mundo sus silbatos -que el propio director ha tocado como si de un jefe de estaciómn se tratara-, sirenas, y hasta una campana de estación real han traído para lograr la alusión rítmica y sonora a la locomotora de vapor. Rosas del Sur y Marcha Egipcia, ambas de Johann Strauss. La primera escrita en 1880, sobre motivos de la opereta Das Spitzentuch der Königin (El pañuelo de encaje de la Reina) y ha sido la otra de las obras acompañadas por la actuación del Ballet, en este caso desde el Museo de Artes Aplicadas de Viena. La segunda composición, por su parte, fue compuesta para la inauguración del Canal de Suez en 1869. Una característica única de la obra es una secuencia de 22 compases en la que los músicos deben cantar "la la la". El concierto se ha cerrado con el Vals Friedenspalmen (Vals de las palmeras de la paz), de Josef Strauss, escrito tras el acuerdo de paz de 1866, en un momento de convulsión en Austria tras la derrota ante Prusia en la Batalla de Königgrätz y el subsiguiente Tratado de Praga. Una obra pacifista en un año marcado por el Genocidio en Gaza y la Guerra de Ucrania.
Tras el programa principal, el concierto siempre termina con varios bises, después de la tradicional felicitación del año nuevo por parte de los músicos. Otra novedad del canadiense ha sido añadir un tercer bis a los habituales: Circus, op 110, de Philipp Fahrbach Jr, una breve y animada polca rápida de este director y compositor austriaco, que empezó su carrera como director de banda militar y que ha llevado al director hasta a brincar, mientras la orquesta gritaba el "ah" y que ha acabado con Yannick Nézet-Séguin tocando el mismo uno de los instrumentos de percusión, un látigo.
Y ahí ha llegado el momento de la felicitación, pero el compositor ha querido expresar un discurso por la paz, en inglés y francés. "La paz dentro de vuestros corazones, la paz con la gente que amáis y, sobre todo, la paz entre todas las naciones del mundo. La paz viene con la bondad, deseo que todos tengamos bondad dentro de nosotros. Bondad para aceptar las diferencias y celebrarlas. La música puede unirnos a todos porque vivimos en el mismo planeta", decía el director de un concierto originalmente creado por el nazismo, y antes de dar paso a las tradicionales propinas, como siempre, El Danubio Azul, uno de los valses más populares escrito por Johann Strauss hijo, y la Marcha Radetzky, de Johann Strauss padre, que ya se ha desligado de los arreglos de nazismo. Para esta pieza, el canadiense ha bajado del escenario y entre el patio de butacas ha ido animando al público, puesto en pie a aplaudir al ritmo de la música, sonriente, sin parar, finalmente ha subido al escenario, después de recorrer toda la sala.
Algunos expertos vaticinaban que la apuesta por las dos mujeres compositoras de este año podría ser un empujón para que al año que viene hubiera una mujer, por vez primera, al frente de la filarmónica, pero no será así. Después del éxito de Yannick Nézet-Séguin, a quien nos gustaría ver cada año al frente de este concierto, le tocará el relevo a otro director joven, de 48 años, el ruso Tugan Sókhiev, que dirigió el Teatro Bolshói de Moscú hasta 2022, cuando dejó su cargo por la Guerra de Ucrania, momento en el que dimitió también de su puesto como este domingo que deja su cargo al frente del prestigioso como director de la Orquesta Nacional del Capitolio de Toulouse.




