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Un hombre de 85 años viaja por todo el mundo con la única compañía de su bastón: "El mundo está esperando a que alguien le dé vuelta"

Paco Sayáns relata en'La Ventana' su experiencia recorriendo 35.000 kilómetros

Un hombre de 85 años viaja por todo el mundo con la única compañía de su bastón: "El mundo está esperando a que alguien le dé vuelta"

Un hombre de 85 años viaja por todo el mundo con la única compañía de su bastón: "El mundo está esperando a que alguien le dé vuelta"

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Madrid

Cuando cambiamos de año, siempre nos conjuramos para hacer por fin eso que nunca hemos hecho antes o nos proponemos cambiar de hábitos para alcanzar esas metas tan deseadas y no siempre cumplidas: dejar de fumar, hacer más ejercicio, aprender idiomas, o viajar a sitios desconocidos y quizá, quien sabe, incluso dar la vuelta al mundo. Paco Sayáns acaba de conseguir esto último. A sus 85 años, ha terminado una vuelta al mundo que le ha llevado a recorrer más de 35.000 kilómetros con la única compañía de su bastón. "El mundo está esperando a que alguien le dé la vuelta", señalaba Sayáns en La Ventana.

Su bastón, su fiel compañero de viaje

El bastón fue el único compañero de Paco durante esta aventura. "Llevo necesitando bastón desde hace 10 años porque perdí el sistema vehicular", decía en La Ventana. La pérdida de este sistema hizo que Sayáns dejase de poder mantener el equilibrio por sí mismo. Este fue un capítulo duro para la vida del viajero, que incluso llego a pensar que "se iba a quedar inmóvil en un sillón". Gracias a dos años de rehabilitación y mucho trabajo, Sayáns consiguió recuperarse hasta llegar a desarrollarse con bastante soltura, aunque eso sí, "teniendo que usar un bastón porque si no me voy al suelo", contaba.

Además de ayudar a Sayáns a comerse el mundo, el bastón también tiene su propia historia. Antes de ser utilizado como lo que es, un bastón, fue una fusta de paseo del primer marido de su suegra. "Se llamaba Antonio y era teniente de caballería", recordaba. El primer dueño del bastón murió pocos días después de casarse en la Guerra Civil, por lo que poco después, el bastón llegó a las manos de Sayáns. "Lo guardé durante muchos años como fusta, pero cuando recaí en mi necesidad de usar bastón, pensé en el bonito bastón que podía ser esta fusta", explicaba su actual dueño.

Después de tantos años juntos, hubo un momento en este largo viaje en el que el hombre casi se separa de su tan apreciado bastón. Fue en el tren bala que viaja de Kioto a Fukuoka, en el sur de Japón. "Cuando me bajé en el andén de Fukuoka me di cuenta de que me había dejado el bastón en el tren", recordaba. Finalmente, ambos se volvieron a encontrar en una oficina de objetos perdidos, donde alguien lo había dejado al bajar del tren.

Fue en este mismo país donde una madre y una hija le pidieron sacarse una fotografía con él. Esta no fue la única vez que le pasó, ya que no todos los días se ve a un hombre de 85 años viajando por el mundo. En Corea, mientras Sayáns se encontraba en un restaurante, un grupo de tres personas que estaba cerca de su mesa, se acercaron a él. Uno de ellos se dirigió a él en español. Su fluidez con el idioma se debe a que vivió en Madrid y en Barcelona durante nueve años enseñando taekwondo. "Me invitó a cenar y cené con él en restaurante chino", contaba Paco Sayáns.

Los medios de transporte

Los transportes a los que Sayáns acudió para llegar a sus destinos fueron muchos, pero el avión fue algo que intentó evitar a toda costa. "Estuve investigando formas para atravesar el Pacífico en barco", explicaba. Sin embargo, encontrar un barco que le llevase de San Francisco a Japón fue complicado. Sayáns intentó hacer este largo trayecto en un crucero turístico, pero por las "condiciones no adecuadas" en las que este salía de Vancouver y la longitud del viaje, esta parte de su viaje tuvo que ser finalmente en avión.

Los recuerdos del viaje

Un viaje tan largo necesita de muchas fotografías para ser recordado. Eso hizo Paco para poder volver siempre que quisiese a todos sus destinos una vez en España, pero en el vuelo de San Francisco a Osaka se dio cuenta de un problema, el ordenador en el que se encontraban todos estos recuerdos estaba roto. Para poder seguir recolectando momentos, Sayáns recurrió a su cuaderno de notas para apuntar todo lo que iba experimentando durante su viaje.

En concreto, el hombre cuenta con dos cuadernos, uno grande y otro de bolsillo. Este último le sirve para apuntar los nombres de algunas ciudades, "solamente los raros", aclaraba. Otro de sus soportes ha sido las redes sociales, donde sus nietos y sus hijos han podido ver su experiencia de su familiar. "Para mí compartir esto sirve de ejemplo de tesón para superar un proyecto que te hayas propuesto", finalizaba Sayáns en La Ventana.

 

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