El cine en la SER
Cine y TV

Brendan Fraser: "La soledad es hoy un problema muy dañino de salud pública"

El actor regresa a un papel protagonista tras ganar el Oscar en ‘Rental Family’, un emotivo drama ambientando en Japón sobre los vínculos humanos, la salud mental y el propio oficio de intérprete

Brendan Fraser, en la presentación en Londres de 'Rental family' (Photo by Gareth Cattermole/Getty Images) / Gareth Cattermole

Madrid

No deja de ser irónico que el primer papel protagonista de Brendan Fraser (Indianápolis, 1968) tras ganar el Oscar sea el de un actor fracasado y en crisis que intenta ganarse la vida en otro país. El intérprete, popular por títulos como ‘La momia’ o ‘George de la jungla’, conquistó en 2023 el galardón de la Academia de Hollywood por su trabajo en ‘La ballena’, la película de Darren Aronofsky sobre un profesor con obesidad mórbida que buscaba redención con su hija y con el mundo. Ese personaje también decía mucho del propio camino del actor. Estrella de los 90, icono para una generación, devorado por una industria cruel que le llevó a dar un paso atrás entre problemas físicos, depresiones y abusos. Ese gran regreso también redefinió su imagen. “Yo, como muchos, lucho con sentimientos de inseguridad a diario. Y no finjo que no lo hago, pero debes seguir intentando comprometerte con la vida en este mundo en el que vivimos. Y sí, a veces te caes de bruces, pero si no puedes volver a levantarte, espero que haya alguien ahí que te eche una mano y te saque de allí”, admite el actor en conversación con la Cadena SER desde Londres.

Fraser muestra ahora esa fragilidad y vulnerabilidad dentro y fuera de la pantalla. De ahí que tenga todo el sentido que protagonice ‘Rental family’, un emotivo drama ambientado en Japón que invita a repensar las conexiones humanas y la empatía en tiempos de soledad y aislamiento tecnológico a la vez que reflexiona sobre el propio oficio de actor. La historia parte de un negocio desconocido para Occidente en el país nipón: el de agencias de familias de alquiler. Es decir, compañías que usan a actores o actrices para suplantar a miembros de esas familias o para fingir de cara a las propias familias que tienen un prometido, un padre o un amigo. La propia directora, Hikari, de origen japonés y formada en EEUU, no conocía a fondo esta realidad. “Yo tuve esa reacción cuando me lo contaron, fue mi compañero de escritura el que me habló de ello cuando estaba buscando un trabajo al azar para un estadounidense en Japón. Y fue ahí cuando nos sumergimos en la historia y en la investigación para saber por qué existe este negocio, qué tipo de personas lo buscan y quiénes prestan este servicio. Llegamos a la conclusión de que tenía que ver con una pandemia de soledad y, por eso, era muy importante escribir una historia que retratara realmente una conexión humana a través de las personas que utilizan los servicios y también de las personas que los prestan”, explica la autora, que debutó hace unos años con ’37 segundos’ y que ha trabajado recientemente en series como ‘Beef’ y ‘Tokyo Vice’.

Fue este enfoque el que atrajo de inmediato a Brendan Fraser, que interpreta a un actor americano instalado en Japón, sin muchos papeles, que va dando tumbos de casting en casting y que de vez en cuando le sale algún anuncio para la televisión. En ese proceso de búsqueda de sí mismo y como artista se topa con una de estas agencias que le ofrece trabajar fingiendo, o interpretando, a esos familiares. “Me pareció una premisa fuera de lo común, me senté con Hikari, nuestra directora, y me explicó que en Japón, un lugar muy poblado, especialmente en Tokio, existe la necesidad de que las personas establezcan conexiones genuinas entre sí, porque la soledad está en niveles epidémicos. La soledad puede ser muy dañina desde el punto de vista de la salud pública. Sin embargo, los problemas de salud mental en Japón van acompañados de un estigma. Por lo tanto, las personas con frecuencia no reciben la atención que necesitan por todos esos motivos. Hay una solución alternativa, esas familias de alquiler de las agencias. Proporcionan a miembros de la familia que ya no tienen en sus vidas para que los sustituyan. Madres, hermanos, hermanas, hijas, lo que sea”, cuenta el actor sobre estos casos que también muestran los prejuicios con la salud mental y la dificultad de una sociedad tan cerrada para abrirse a terapia ante muchas de estas situaciones.

El resultado en el fondo es una mentira piadosa, o utilitaria, la del propio oficio de actor. “Si bien el contrato social es artificial, sirve de alguna manera para satisfacer en el mundo real sus necesidades de conexión auténtica, lo que en cierto modo tiene sentido teniendo en cuenta el mundo cada vez más cínico y dividido en el que vivimos. Y en lugar de deslizar el dedo sobre el móvil que tienes en la mano para tratar de conectar con alguien o algo, prefieren sentarse con una persona, aunque sea fingiendo que no es realmente tu padre o tu hija, etcétera. Realmente puede ser bueno para la gente”, defiende Fraser. La película plantea varios supuestos de entrada. Está una chica joven y lesbiana que alquila un prometido americano para huir con su novia a Canadá, está el caso de la hija de un veterano director de cine que busca a un periodista de mentira para que su padre vuelve a sentirse importante, o el de una madre soltera en una buena posición económica que para que su hija entre en un colegio de élite necesita aparentar que está casada y la niña tiene un padre.

La directora se queda en la narración con estos dos últimos casos para hacer el viaje emocional con los protagonistas. Tanto con ese anciano director con pinta de lunático que solo busca redención con su pasado como con el de ese niña que, tras los reproches, empieza a querer a ese falso padre que de repente ha aparecido. Y ahí es donde entra el trabajo de Brendan Fraser, del actor que finge ante estas situaciones pero también del actor que entabla conexiones reales con sus clientes. Porque ‘Rental family’ propone además una reflexión sobre el oficio de interpretar, sobre si es posible fingir por muchas herramientas que tengas y desvincularte emocionalmente de tus propios personajes. “Llevo haciendo esto lo suficiente como para poder dejar el trabajo en casa, te lo prometo. Pero a veces el trabajo te golpea un poco físicamente y te lo llevas contigo, pero coges una bolsa de hielo o lo que sea que necesites para superarlo e intentas que la próxima vez vaya mejor. Siempre aprendes mucho de lo que sea que hayas hecho y me gustaría pensar que eso ayuda a mejorar y estructurar mis habilidades para hacer el trabajo que espero seguir haciendo”, responde Fraser sobre si este papel le ha hecho repensar de alguna forma su oficio.

Hikari retrata ese Japón superpoblado y a la vez cerrado mientras va entrando en la intimidad de esas familias y en los dilemas éticos y emocionales que plantea este negocio, en la paradoja de una sociedad que busca reemplazos para sortear los estigmas, fingir de cara al otro o paliar la soledad. La propia directora admite que ella vivió parte de ese viaje a la inversa cuando de joven fue una estudiante de intercambio en Utah y se sentía la diferente en otro país que la acogió y la abrazó. “Me atraía contar una historia de conexiones humanas, y en esta en particular, teníamos claro que queríamos hacer una historia que realmente celebre nuestra amistad y los vínculos humanos. Nunca pensé que sería una película para sentirse bien, una 'feel good movie', porque cuando escribíamos estábamos hablando de depresiones, pero cuando aparecen actores como Bendran, la película se convierte en lo que es. Creo que mucha gente se siente bien al verla, nos vendría bien más amor a través del cine”, concluye.

José M. Romero

Cubre la información de cine y series para El...