Elvira Lindo: "Trump tendría que estar en una prisión de orden psiquiátrico"
La escritora reflexiona en 'La Ventana' sobre el clima político internacional, el miedo al futuro y la dignidad

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Madrid
Elvira Lindo regresa a La Ventana con una intervención marcada por la preocupación política, el paso del tiempo y el futuro de las próximas generaciones. La escritora y periodista reconoce estar cansada de que se cuestione quién tiene legitimidad para opinar sobre los grandes conflictos internacionales y sostiene que lo que ocurre en Venezuela o en otros escenarios de tensión "apela a todo el mundo".
Lindo admite que no es necesario haber vivido una situación concreta para analizar cómo se está alterando el orden global. A su juicio, se está rompiendo una paz que parecía asumida y se está quebrando "ese desenfreno con el que vivimos nuestra juventud". Frente a los deseos de generaciones anteriores, ahora emerge un miedo nuevo: el futuro de los hijos. "Todo es incontrolable", afirma, y describe un mundo dominado por "hombres salvajes que juegan a la guerra sin la menor compasión por los que vendrán".
En ese contexto sitúa su crítica a Donald Trump. "Creo que Trump tendría que estar en una prisión de orden psiquiátrico", afirma, convencida de que "no rige bien" y de que su comportamiento resulta "muy peligroso". Señala además que en los últimos días se ha activado una falta de compasión que se expresa incluso a través de gestos e imitaciones públicas.
Lindo subraya que su postura no implica defender la dictadura de Nicolás Maduro y recuerda que tampoco habría querido que España fuera bombardeada durante el franquismo. "Es mucha la desvergüenza", resume, antes de reconocer que estos cambios forman parte de una inquietud compartida por muchas personas.
Dignidad frente al miedo
Ante un escenario que define como amenazante, la escritora reivindica la dignidad como valor irrenunciable. Asume que "no llevamos las de ganar", pero insiste en la importancia de exigir representantes que no se dejen mofar ni pierdan el respeto. "Al menos, ganar de pie", resume, como forma de resistencia ética.
Pese al tono crítico, Lindo recuerda que España sigue siendo "uno de los mejores países para vivir" y alerta del riesgo de no percibirlo por efecto del miedo. Defiende que, a pesar de todo, sigue siendo un país seguro y con espacio para la alegría y la celebración.
Reconoce que al preparar su intervención pensó en no sonar pedante, pero admite que lo que realmente le importa es el futuro que se les está dejando a quienes vienen detrás. El porvenir confiesa, le produce temor. No desde el derrotismo, sino como una llamada a reaccionar. "Si lo banalizamos todo, no nos damos cuenta de que estamos viviendo un momento histórico", advierte, y anticipa un 2026 "penosamente excitante".
Memoria, edad y legado
Reflexiona sobre las distintas Navidades de su vida: la primera como madre, la primera sin su madre, las actuales, llenas de niños, y critica la tendencia a separar por generaciones como si, a partir de los 50, las personas pertenecieran a otra época. Rechaza la idea de que ciertas emociones se diluyan con la edad o que se pierda la capacidad de aprender. Para ella, la experiencia no resta, sino que transforma la mirada.
También piensa en los libros que aún le quedan por escribir y recuerda aquella idea clásica de que los novelistas escriben mejor en la madurez, cuando pueden observar con perspectiva lo vivido y lo que queda por delante.
Su legado en La Caja de las Letras
Antes de despedirse, Lindo confirma que el próximo lunes depositará su legado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes. Confiesa que le resulta fácil desprenderse de objetos, tras una vida nómada en la que ha regalado y dejado atrás muchas pertenencias. Finalmente, ha decidido guardar dos libros de su infancia, unos pequeños zapatos de muñeca, una fotografía significativa y dibujos propios. "Siempre pienso en la belleza de las cosas", concluye, restando solemnidad al gesto, pero subrayando su valor íntimo.





