Riley Black, paleontóloga asesora de Jurassic World: "No hay nada más emocionante que mirar al suelo y reconocer algo que nadie ha visto en millones de años"
Charlamos con la famosa divulgadora estadounidense sobre la violenta extinción de los dinosaurios y como eso nos llevó al mundo actual. Tiene nuevo libro. Se llama "Los últimos días de los dinosaurios"

Riley Black, paleontóloga asesora de Jurassic World: "No hay nada más emocionante que mirar al suelo y reconocer algo que nadie ha visto en millones de años"
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"Los dinosaurios viven donde la ciencia y la imaginación se encuentran", dice la escritora científica y paleontóloga Riley Black. Charlamos con ella desde Salt Lake City, Utah, uno de los epicentros mundiales de la pasión por los dinosaurios. Ha estado en decenas de excavaciones -desde las montañas de Alaska a los desiertos de Nuevo México- y hemos visto su firma en artículos de National Geographic, Nature, Science,y muchas más. Nos ha gustado saber que fue la "paleontóloga residente" de la franquicia cinematográfica Jurassic World. Pero de lo que más le gusta hablar es de escribir libros. Lleva 10. Charlamos con ella sobre el último. Se titula "Los últimos días de los dinosaurios, editado en España por Capitán Swing.
A todos los que nos gustan los dinosaurios, nos gustan desde niños. ¿a ti también?
Claro! Desde que tengo memoria, me fascinaban los dinosaurios, y cuando tenía unos cinco años visité el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. En aquel entonces, el museo tenía grandes salas dedicadas a los dinosaurios, divididas entre el Jurásico y el Cretácico, y allí estaban todos mis favoritos: Brontosaurio, Estegosaurio, Triceratops, Tiranosaurio Rex... Fue la primera vez que vi sus esqueletos, esos huesos, y eso me marcó el camino que me ha traído hasta aquí.
¿Y eso te llevó a la paleontología?
En la universidad, tenía problemas con mi carrera. Primero intenté estudiar ciencias marinas y luego ecología. Y no me iba muy bien como estudiante. Sin embargo, aproveché el acceso institucional para leer libros y artículos, aprender directamente de paleontólogos y científicos que publicaban sobre estos animales fascinantes, y ponerme al día, descubrir las novedades. Mientras lo hacía, empecé un blog y comencé a hablar sobre el registro fósil y la evolución con el público, lo que me permitió desarrollar mi carrera hasta donde está ahora. Así que, en realidad, fue esa fascinación infantil la que, con el tiempo, se convirtió en una parte fundamental de mi vida.
Desde entonces... ¿En cuántas excavaciones has estado?
He participado en más excavaciones y viajes de campo de los que puedo contar. Llevo haciéndolo unos 12 años, yendo a lugares tan diversos como Alaska , México o Argentina.
La mayoría de las veces he estado en expediciones por el suroeste americano, en lugares como Utah y Nuevo México, y siempre es emocionante. Hay diferentes tipos de trabajo que puedes hacer en cada viaje. A veces trabajas en una cantera, así que alguien ya ha encontrado algo y vas a ayudar a excavar.
¿Qué es lo que más le ha impresionado durante estos últimos 12 años?
Lo que más me gusta es prospectar, y eso es cuando te levantas temprano, te atas las botas y sales a buscar nuevos yacimientos de fósiles. Buscas ese rastro de migas de pan, esos pequeños trozos de hueso que te indican que algo está en la roca, esperando salir a la luz. Uno de mis hallazgos favoritos fue en un pequeño lugar al sureste de Utah, en una zona llamada Indian Creek.
¿Qué encontrasteis?
Cuando salimos esa mañana, con el equipo de campo del museo, alguien encontró el cráneo de un animal llamado fitosaurio (Phytosauria, o “lagarto de las plantas”), un reptil parecido a un cocodrilo, pero que no era un cocodrilo. Normalmente no soy una persona competitiva, pero cuando se trata de encontrar fósiles, sí que quiero encontrar lo mejor. Así que me propuse encontrar algo más impresionante que este cráneo de reptil. Y mientras miraba a mi alrededor, me fijé en estas pequeñas huellas de dinosaurio, pequeñas huellas de tres dedos. Se parecen mucho a las huellas de un pájaro.
Eran las huellas de otros reptiles, una especie de cruce entre un cocodrilo y un armadillo. Era una zona donde no había huesos, pero sí las huellas de estas criaturas que caminaban a la orilla de este antiguo lago.
¿Qué se siente al encontrar un fósil importante?
Me emocioné muchísimo porque, por fascinantes que sean los huesos, las huellas son testimonios de comportamiento fosilizados. Son las marcas que los animales dejaron al moverse por el mundo prehistórico. Así que cada vez que ves una, es como presenciar un momento de la prehistoria. No hay nada más emocionante que poder mirar al suelo, observar la roca y reconocer algo de hace cientos de millones de años que quizá nadie haya visto antes.
Hablemos del libro: Me gusta cómo das protagonismo a dinosaurios individuales, cada uno en una parte diferente del mundo. ¿Por qué elegiste ese formato?
Quería abordar de forma diferente los últimos días de los dinosaurios. Ya existen numerosos libros sobre por qué nuestros dinosaurios favoritos se extinguieron hace 66 millones de años. Eso ya se había hecho.
Sin embargo, senti que la historia de lo que vino después, de cómo se recuperó la vida, no se había contado antes. Quería contar la historia de la vida atravesando una catástrofe increíble y cómo nos recuperamos, cómo llegamos hasta aquí.
Aquel día fue el fin de un mundo increíblemente exuberante y complejo que había evolucionado durante cientos de millones de años. Y, casi de la noche a la mañana, todo cambió radicalmente. No ha habido ninguna extinción masiva más rápida ni catastrófica que esta. Y, sin embargo, la vida es resiliente.
La historia de los supervivientes
Sí. De los seres que construyeron algo nuevo. Este es, en realidad, el fundamento del mundo que nos rodea. Y contarlo como una historia nos permite, a partir de la ciencia, imaginar cómo sería verlo.
¿Contar cómo sería estar allí?
eso es. Para mí, esa es la esencia de la paleontología, de lo que trata toda la ciencia: que cuando vemos estos huesos, huellas, dientes y otros fósiles, lo que queremos saber es cómo era ese organismo, cómo era su mundo, por qué es diferente hoy de lo que era entonces. Así que escribir el libro de esta manera fue mi homenaje a esa curiosidad que sentimos.
De las que cuentas... ¿Cuál es la historia que más te gusta?
Es difícil elegir una sola historia. Pero si tuviera que elegir solo un capítulo, probablemente sería el último, justo antes de la conclusión, cuando estamos un millón de años después del impacto en aquellos antiguos bosques del Paleoceno. Es un período del que creo que el público no ha oido hablar mucho.
¿Qué pasaba entonces?
Hay descubrimientos recientes, sobre todo en Colorado, que nos ofrecen una imagen muy detallada de cómo la vida se recuperaba un millón de años después de la extinción. Allí existían bosques estratificados -algunos de los primeros bosques semitropicales del mundo -que crecieron densos por primera vez, ya que los grandes dinosaurios no los habían arrasado.
¿Quién vivía allí?
Estos bosques estaban poblados por mamíferos relativamente pequeños, así como por aves, cocodrilos y tortugas. Los insectos también comenzaban a retomar comportamientos propios de antes de la extinción.
Tras la extinción de prácticamente cualquier forma de vida, todos tuvieron que sobrevivir de alguna manera. Y lo lograron, creando algo nuevo.
Dices que son "los orígenes del mundo tal como lo conocemos".
Claro. Porque nuestros ancestros primates, los primeros primates que existieron, habitaban esos bosques. Y esos bosques moldearon gran parte de nuestra historia y anatomía. El hecho de que tengamos ojos que miran hacia adelante, que nos dan percepción de profundidad, pulgares oponibles, que nos permiten agarrar objetos, gran parte de nuestra historia y anatomía están ligadas a ese momento específico. No es simplemente un tiempo remoto con criaturas extrañas que no podemos comprender, sino que nuestra propia historia esté directamente relacionada con esos eventos.
¿Cómo se extinguieron los dinosaurios? Me gustaría que lo describieras como lo haces en el libro. Hablas de un acontecimiento muy violento.
El consenso actual es que fue el impacto del asteroide hace 66 millones de años lo que no solo causó la extinción masiva de los dinosaurios, sino del 75% de las especies conocidas del planeta, tanto terrestres como marinas. Esto incluye desde los dinosaurios más grandes hasta las algas oceánicas, base de muchos ecosistemas acuáticos. Hubo extinciones masivas de aves, mamíferos y reptiles. Ningún grupo sobrevivió ileso.
¿Cómo era el asteroide?
Se cree que tenía seis millas de diámetro. Básicamente era "un fragmento" de la parte exterior del sistema solar. Fue atraído por la gravedad y se dirigió hacia nuestro planeta, impactando lo que hoy es la península de Yucatán en Centroamérica.
¿Por qué fue tan destructivo?
El impacto tuvo un ángulo tan bajo y una velocidad tan alta, y sobre un punto específico del planeta, con una geología tan determinada, que desencadenó esta extinción masiva.
¿Qué pasó en las primeras 24 horas?
Se produjo un impacto increíble. Causó megatsunamis, olas más altas que rascacielos que se extendieron desde el punto donde impactó.
La actividad sísmica alcanzó alugares a miles de kilómetros de distancia en unos 15 minutos. La tierra tembló. Y poco después, millones de rocas quedaron pulverizadas.
¿Y luego?
Esferas de vidrio, roca convertida en polvo, pequeños fragmentos del asteroide y de piedra caliza de la corteza terrestre, salen disparados hacia el cielo y comienzan a caer. Al hacerlo, generan tanto calor que producen lo que llamamos un pulso infrarrojo.
¿Y eso qué es?
Básicamente, esta increíble cantidad de fricción, producto del calor generado tras el impacto, eleva las temperaturas del aire en todo el planeta a unos 500 grados Fahrenheit. Y si cocinas, ya sabes, a esa temperatura se asa un pollo.
No había escapatoria.
A menos que puedas vivir bajo tierra o en el agua, no hay forma de escapar de esto. Por eso, la mayoría de los dinosaurios que conocemos, como el Triceratops o el T-Rex, se extinguieron debido a este calor intenso.
Hacía tanto calor que, incluso sin tener en cuenta la temperatura del aire, los bosques con hojarasca seca se incendiaron espontáneamente. Y eso que solo fue el primer día.
¿En el punto del impacto qué había?
Probablemente impactó contra roca fósil formada por arrecifes que existieron millones de años antes. Era roca rica en compuestos de azufre, ya que la vida produce muchos de estos compuestos. Y sabemos, por lo que hemos visto con la atmósfera a lo largo del tiempo, que estos compuestos de azufre, al aerosolizarse, al convertirlos prácticamente en partículas muy finas y elevarlos al aire, a la atmósfera, reflejan muy bien la luz solar.
Por lo tanto, la luz solar dejó de llegar al planeta. La fotosíntesis, el proceso mediante el cual las plantas crean su propio alimento, prácticamente se detuvo durante un tiempo.
Lo siguiente fue la lluvia ácida.
Eso es. Esos compuestos a base de azufre también son muy importantes en la formación de la lluvia ácida. Así que teníamos nubes de polvo que bloqueaban la luz solar. Teníamos lluvia ácida. Y esto duró unos tres años, el invierno más impactante que conocemos.
En los océanos, muchas de las algas que forman la base de los ecosistemas marinos, de las que se alimentan otros organismos, casi se extinguieron. Las únicas que sobrevivieron son las que llamamos mixótrofas, porque son capaces de sobrevivir alimentándose de materia orgánica en descomposición. Esas sobrevivieron. Todas las que solo realizan la fotosíntesis, desaparecieron.
Los océanos fueron prácticamente aniquilados por este invierno catastrófico.
Solo sobrevivieron aquellos seres que podían alimentarse de materia orgánica en descomposición, básicamente los restos de todo lo demás.
¿Y en tierra firme?
La razón por la que hoy tenemos aves a nuestro alrededor, dinosaurios con pico que aún perduran, es porque ya habían evolucionado para alimentarse de semillas y frutos secos, alimentos que se encontraban a salvo en el suelo. A pesar del calor, los incendios y demás, el suelo es un excelente aislante. A unos centímetros de profundidad, hay todo tipo de materia vegetal que estas aves pudieron comer y de la que pudieron sobrevivir. Así que, si eras un pequeño ave rapaz o un animalito que sobrevivió al primer día y te alimentabas de materia vegetal, tenías opciones de sobrevivir.
En todo caso, la gran mayoría de las especies y formas de vida que existían al final del Cretácico desaparecieron.
Si los "dinosaurios no avianos" hubieran sobrevivido, ¿existiríamos nosotros?
Supongamos que el asteroide no nos hubiera impactado. ¿Estaríamos aquí? La respuesta es no, muy probablemente no. Esto se debe a un fenómeno llamado contingencia, sobre el cual el paleontólogo e investigador científico Stephen Jay Gould escribió extensamente en las décadas de 1970 y 1980.
Es muy similar a cuando, en nuestra vida personal, tomamos una decisión y vemos diferentes alternativas. Si no hubiera ido a esa entrevista de trabajo, si no me hubiera mudado o incluso si hubiera comido algo diferente hoy, la historia habría sido muy distinta. Esto es muy importante.
Así que, si el asteroide no hubiera impactado el planeta o si la extinción se hubiera producido de otra manera, lo más probable es que los dinosaurios aún existieran. Habían estado presentes durante cientos de millones de años. Seguirían prosperando.
Aún estaban evolucionando hacia nuevas formas. No hay razón para pensar que se hubieran extinguido. Habrían continuado moldeando la evolución por un camino completamente distinto.
No podemos predecir con exactitud qué habría sucedido, ya que existen muchísimas pequeñas variaciones y factores que influyen en la historia evolutiva. En todo caso, habría habido una cronología completamente diferente de la que no tenemos conocimiento directo. Lo que sabemos es que nuestros ancestros evolucionaron en el bosque que solo pudo existir porque los dinosaurios desaparecieron.
Así que, si esta extinción masiva no hubiera ocurrido o se hubiera modificado de alguna manera fundamental, la humanidad tal como la conocemos no existiría.
Por qué dices que "ninguna especie está predestinada a existir"?
Si el T. rex hubiera sobrevivido, si el Triceratops y sus descendientes hubieran perdurado millones de años más, la historia evolutiva de la Tierra sería tan diferente que quizá no estaríamos aquí ahora mismo hablando de lo sucedido. Por eso, cuando digo que ninguna especie está predestinada a existir, me refiero a que la evolución no tiene noción de progreso ni de destino.
Los humanos, o cualquier otra especie, no teníamos por qué estar aquí. No hay indicios en el registro fósil de que la vida se dirigiera hacia un punto concreto, ni de que se volviera más compleja con el tiempo, ni de que exista un final específico o una trayectoria histórica definida.
Tenemos que abandonar la idea del destino de la humanidad.
Si lo hacemos, si dejamos de pensar que éramos la especie predestinada a existir, podemos apreciar que es una casualidad que existamos como individuos. En mi caso, esto le da mucho sentido a todo lo que elegimos, al mundo que queremos crear. No luchamos contra el destino ni la historia.
¿Qué implicaciones tienen los últimos días de los dinosaurios para nuestra propia existencia?
Un asteroide apareció de la nada y sacudió y cambió el mundo por completo. Podemos reflexionar sobre esto y decidir qué mundo queremos crear, cómo queremos cuidar este jardín al que hemos llegado por casualidad. Es una gran responsabilidad, pero también creo que es algo realmente hermoso.

Javier Ruiz Martínez
Redactor de temas de sociedad, ciencia e innovación en la SER. Trabajo en el mejor trabajo del mundo:...




