'The Guardian' sorprende al hablar de Rosalía en estos términos tras reconocer su disco como álbum del año: "No es perfecto"
Un periodista ha querido detallar y desvelar todo lo que esconde 'Lux', un fenómeno social

Rosalía durante uno de sus conciertos en la gira 'Motomami' / Xavi Torrent

Madrid
Rosalía hará historia este 2026 con su último trabajo, Lux. El disco de la catalana creó un auténtico fenómeno social que sigue dando coletazos semanas después y que, de momento, llevará a la artista de gira por todo el mundo en unos conciertos que disfrutarán los agraciados que tuvieron suerte de conseguir entradas. La venta generó colas virtuales de más de 100.000 personas que buscaban escuchar La perla o Berghain en vivo y en directo.
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Ha sido ahora, dos meses después del lanzamiento del álbum, cuando el periódico británico The Guardian ha dedicado un espacio de su portada a hablar de Lux y desgranar lo que esconde un cd cuya carátula es la propia Rosalía vestida de monja con un vestido color blanco y colores pastel que evocan lo divino.
El periodista Carlos Delclós ha escrito un artículo titulado Lux de Rosalía es más que un pop católico épico: aborda un mundo lleno de complejidad y crisis donde habla de lo que hay tras la "lujosa estética de la estrella española, que nos impulsa a pensar más allá del bien y del mal".
"Fui a ver Lux con la intención de que no me gustara. No porque dude del virtuosismo de Rosalía ni de su intensa curiosidad intelectual, sino porque la campaña promocional del álbum ya me había puesto demasiado nervioso [...] Todo parecía diseñado para transmitir el mensaje de que se trata menos de un conjunto de canciones que de un evento global que exige reverencia", ha escrito.
"Lux está saturado de iconografía católica"
Delclós ha asegurado que Rosalía se ha convertido "en la mayor exportación pop española" y que el disco de la catalana "parece inaugurar su etapa imperal". "Lux está saturado de iconografía católica, con letras en nada menos que 13 idiomas, y gira en torno a temas de trascendencia, sufrimiento y gracia. Nada de esto es inédito en la música pop, pero la atmósfera de lujo del álbum y su planteamiento de la trascendencia espiritual como una experiencia premium no encajan bien en un momento de crisis del coste de la vida, especialmente cuando el Vaticano ha sido inusualmente directo recientemente en sus críticas a la desigualdad, el exceso económico y las coartadas morales de la riqueza", ha añadido.
"Un resurgimiento de la estética nacionalcatólica (ostentosamente blanca) parece lo último que necesita el mundo, sobre todo si se blanquea a través de alguien con el alcance de Rosalía. Su ascenso la ha convertido en una figura clave para la cultura española, la soberana indiscutible de la Marca España (una iniciativa gubernamental) en el escenario pop global", ha escrito en la noticia, bajo su perspectiva.
El periodista, sin embargo, ha relatado que cuando dedicó "tiempo al disco" comenzó a ver que detrás del disco había "algo más interesante e inquietante que el pop eclesiástico opulento". "Bajo la grandilocuencia y el simbolismo desmesurado no se esconde un sermón, sino una indagación sobre lo que significa habitar un mundo de suposiciones que se desmoronan", ha dicho. Además, ha destacado el gran trabajo de investigación académica que hace con cada trabajo. "El Mal Querer, también sirvió como su tesis en la Escola Superior de Música de Catalunya y recibió honores académicos. Ese intelectualismo se transmite a Lux", ha escrito.
"No es un álbum perfecto"
"No es un álbum perfecto: las piezas más tradicionales a veces caen en el exceso o la preciosidad, y su evasión de la política puede parecer menos ética que aislada, en un momento en que los proyectos reaccionarios e inquisitoriales ya no son marginales, sino que disfrutan de acceso directo al poder", ha añadido.
Delclós, aun así, ha asegurado que el disco "apunta hacia algo más exigente que una simple resolución". "En el estribillo de La Yugular, la pieza destacada del álbum, un amor que todo lo abarca crece hasta abolir el cielo y el infierno por igual. La canción termina con Rosalía colapsando la escala una y otra vez, para revelar el yo como un lugar de inmensidad y compresión, donde la tensión de contener multitudes en un solo cuerpo conlleva su propia carga espiritual", ha sentenciado.





