'Totonou': el sencillo ritual japonés que reduce el estrés
La ciencia japonesa confirma que este fenómeno favorece las ondas theta, vinculadas a la calma y al nervio vago

'Totonou': el sencillo ritual japonés que reduce el estrés
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En Cómo comes, el fisioterapeuta y divulgador Antonio Valenzuela, autor del libro Estimula tu nervio vago, desmontó una de las ideas más repetidas en torno al autocuidado: que una ducha fría es siempre la vía más rápida y eficaz para activar el nervio vago. Según explicó, esto no es así para todo el mundo, especialmente para quienes viven en un estado de estrés alto y sostenido.
Valenzuela señaló que el frío no actúa igual en todos los cuerpos. "Hay personas que si están hiperestresadas el frío no les conecta y lo ven como un sufrimiento", advirtió. En esos casos, el organismo interpreta el agua helada como un estresor añadido y no como una herramienta de regulación. El resultado es que la supuesta activación inmediata del nervio vago no se produce. "Si es demasiado frío, por supuesto que después se activará el vago, pero no se va a activar instantáneamente; a lo mejor necesita dos o tres horas", explicó.
Por eso, Valenzuela defendió una alternativa mucho más amable y, según él, más eficaz: las duchas de contraste, basadas en alternar agua caliente y fría. "Soy más partidario de las duchas de contraste. Te duchas con tu agua calentita, después pones el agua fría, te activas, pero después si quieres terminas otra vez con el agua calentita y vuelves otra vez a ese estado de calma", señaló. El objetivo no es resistir el frío, sino permitir que el cuerpo experimente un ciclo de activación y relajación.
Ese ciclo tiene un nombre en Japón: 'Totonou'. Como comentó Valenzuela, la expresión describe la sensación de bienestar profundo, claridad mental y calma que aparece al combinar un estímulo cálido, como una sauna, con un estímulo frío. Aunque este ritual suele relacionarse con los baños japoneses, su esencia puede reproducirse perfectamente en la ducha de casa.
Según explicó el fisioterapeuta, la neurociencia japonesa ha estudiado este fenómeno y ha detectado que durante ese contraste térmico predominan las ondas theta, un tipo de actividad cerebral asociada a la relajación, la introspección y la activación del nervio vago. El cuerpo entra así en un estado de regulación que ayuda a contrarrestar los efectos del estrés crónico.
Además, el contraste entre temperaturas tiene beneficios fisiológicos adicionales: activa la circulación sanguínea, estimula el sistema linfático —clave en la detoxificación natural del organismo— y potencia la respuesta antiinflamatoria. Todo ello contribuye a un "reset" del sistema nervioso autónomo, que es precisamente lo que el estrés continuo suele desajustar.
En tiempos de vida acelerada, esta práctica sencilla ofrece un recordatorio poderoso: el bienestar no siempre llega a través del esfuerzo, sino del contraste, de la pausa y de permitir que el cuerpo encuentre su propio ritmo.
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Cómo comer... para tener un nervio vago sano




