Trump, la demostración de fuerza que esconde una debilidad
Venezuela, Maduro y Groenlandia han conseguido apartar de momento el foco sobre las debilidades del presidente, que sin embargo admite su temor a las elecciones de noviembre

Trump, la demostración de fuerza que esconde una debilidad
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Hace una semana que Estados Unidos lanzó su operación relámpago contra Venezuela y capturó a Nicolás Maduro y a su mujer. Pese al relato que se ha intentado imponer desde la Casa Blanca, el paso de los días ha demostrado que el objetivo no era luchar contra el narcotráfico o acabar con la dictadura chavista, sino controlar los ingentes recursos naturales del país. Tras Venezuela, las miradas de la administración estadounidense se han girado hacia Groenlandia, bajo la amenaza de llegar incluso a emplear la fuerza para quedarse con ese extenso territorio que forma parte de Dinamarca. Sin embargo, toda esta demostración de fuerza esconde una debilidad.
La estrategia de Trump con Groenlandia se parece mucho a la llevada a cabo en Venezuela. Las razones públicas son unas, pero las de fondo son otras. Trump ha quitado a Maduro, pero ha mantenido al régimen. Ahora sólo se habla del petróleo y de los recursos naturales de Venezuela. Incluso la lucha contra el narcotráfico ha desaparecido del argumentario central de la Casa Blanca. En una entrevista en la cadena Fox, preguntaron al presidente J.D. Vance en qué beneficiaba al americano medio quitar a un dictador como Maduro. Vance respondió que "es bueno para los estadounidenses porque vamos a controlar los increíbles recursos naturales de Venezuela y eso nos garantiza energía barata con producto de alta calidad en caso de que la necesitemos, nos permite presionar a nuestros enemigos y demostrar la excelencia militar de Estados Unidos".
No obstante, la operación en el Caribe ha dividido a los estadounidenses. Según la encuesta de YouGov y la CBS, el 52% de los ciudadanos aprueba la operación militar en Venezuela y la captura de Maduro. El 48% la suspende. Una amplia mayoría, el 70% de los encuestados, cree que la Casa Blanca no ha explicado con claridad cuáles son los planes para Venezuela.
Sobre Groenlandia, Trump dijo a bordo del Air Force One que "necesitamos este territorio por razones de seguridad nacional, es estratégico". Groenlandia tiene cuatro veces el tamaño de España y el 80% de su territorio es inhabitable porque está cubierto de hielo. Estados Unidos ha mantenido desde hace 75 años bases militares en esa gigantesca isla de más de dos millones de kilómetros cuadrados. Llegó a tener 15.000 soldados allí en los peores momentos de la Guerra Fría. Sin embargo, en las últimas décadas, esa presencia se ha ido diluyendo hasta casi lo testimonial. También bajo las presidencias de Donald Trump. Ahora mismo, se calcula que hay menos de 200 efectivos estadounidenses en una única base. Entonces, si tan clave es Groenlandia para la seguridad nacional, ¿por qué tiene menos de 200 soldados allí y solo una base operativa?
Trump también dice que necesita controlar Groenlandia "porque el Ártico está lleno de barcos rusos y chinos". ¿Le preocupa la presencia rusa en el Ártico, pero asume como razonables las tesis de Moscú en Ucrania? Quizá la explicación al interés sobre Groenlandia hay que buscarla en otro lado. Groenlandia es una de las mayores reservas del mundo de tierras raras y recursos minerales. De hecho, el primer acuerdo que firmó Trump con Zelenski después de la tormentosa reunión de ambos en la Casa Blanca de hace casi un año fue sobre la explotación de los recursos naturales de Ucrania.
Este 'neoimperialismo' que está desplegando Trump preocupa en todo el mundo, pero también de puertas adentro. Incluso entre sus propias filas, el senador republicano por Kentucky, Rand Paul, decía que tienen que ser "más cuidadosos en cómo tratamos al mundo, deberíamos mostrar más respeto". Y puso como ejemplo la estrambótica propuesta de Trump de convertir a Canadá en el estado 51 de la Unión o la intención de anexionarse Groenlandia a costa de un país aliado y miembro de la OTAN como Dinamarca.
En este inicio de 2026, con Venezuela, Maduro y Groenlandia, Trump ha conseguido apartar la atención de su bajísima popularidad en las encuestas, de que no está consiguiendo embridar la inflación -promesa que le hizo ganar las elecciones de 2024-, de que los papeles de Epstein le siguen persiguiendo como un fantasma o del quinto aniversario de uno los episodios más oscuros de la democracia estadounidense reciente, el asalto al Capitolio. Hay que recordar que lo primero que hizo al volver a la Casa Blanca fue indultar a todos los condenados por aquellos hechos.
Esta semana, en una entrevista con cuatro periodistas del New York Times en el despacho Oval, le preguntaron si había algún control, algún límite a su poder. Su respuesta fue: "Mi propia moralidad, mi propia mente es lo único que puede detenerme". Pero sí hay una cosa que puede frenar a Trump: las urnas. En 10 meses se celebrarán las elecciones de mitad de mandato. Esta misma semana, el propio presidente reconocía en un discurso ante los suyos en el renombrado Trump Kennedy Center de Washington que "si no ganáis las elecciones, los demócratas encontrarán una razón para abrirme un proceso de destitución, un 'impeachment'. Seré procesado".

Miguel Á. Muñoz Encinas
He trabajado en todos los programas informativos de la SER (Hoy por Hoy, Hora 25, Hora 14, boletines...




