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La desaparición de la OTAN o el colapso económico de Washington: las consecuencias de una hipotética toma por la fuerza de Groenlandia

La isla ártica cuenta con el amparo del artículo 5 de la Alianza Atlántica y con los principios de la cláusula de defensa mutua de la UE

La desaparición de la OTAN o el colapso económico de Washington: las consecuencias de una hipotética toma por la fuerza de Groenlandia

Madrid

Trump ha mostrado insistentemente su afán por conseguir Groenlandia, la isla más grande del planeta con vastas reservas de minerales críticos (tierras raras, uranio, cobre, zinc, oro, diamantes), importantes yacimientos de petróleo y de gas natural bajo el hielo. Se trata de un territorio autónomo, dentro del Reino de Dinamarca desde 1953, sobre el que se entrecruzan caminos de relevancia estratégica. En términos de seguridad, el enclave ártico también cobra importancia por su pertenencia a la Brecha GIUK (Groenlandia, Islandia, Reino Unido).

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Es el acrónimo militar que recibe el corredor marítimo que la OTAN monitorea para detectar movimientos de submarinos rusos en el Atlántico Norte que son capaces de camuflarse en el fondo marino, a pesar de la complejidad de su relieve, y de sortear su detección por la difícil acústica que provocan las corrientes oceánicas. De hecho, Washington comenzó a movilizar en 2021 un grupo especializado de destructores y ya advirtió de la urgencia de reforzar puntos de defensa en zonas clave como Groenlandia por su cercanía a la costa estadounidense y operatividad como base avanzada para operaciones antisubmarinas que repelan la amenaza de Moscú.

Estados Unidos ha intentando comprar la isla hasta en cuatro ocasiones y Trump ya materializa la quinta pretensión de adquirirla desde que renovó la ambición por hacerse con el territorio desde 2019 con su primera legislatura.

La cuestión es que el republicano sopesa como opción, además de la compra, el uso del ejército para conseguirlo.

"No sucederá la toma por la fuerza de Groenlandia"

La isla ártica cuenta con la protección de la Alianza Atlántica al ser Dinamarca uno de los 32 Estados miembros. De hecho, es uno de los países con mayor esfuerzo militar con un 3,22% de su PIB destinado al gasto en defensa, según el último informe de la OTAN publicado en agosto de 2025.

En caso de que Estados Unidos atacase al codiciado territorio del Ártico, cabría activar el artículo 5 de la organización que es el principio que establece que un ataque a un aliado representa un ataque a todos. No obstante, los analistas advierten de que este principio quedaría suprimido en el mismo momento en que Washington perpetre por la fuerza militar una ofensiva sobre Groenlandia.

"La OTAN se muere, desaparecería, sería una ruptura del derecho internacional", señala José Jesús Sanmartín, es asesor de seguridad para agencias gubernamentales occidentales y miembro del Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, "lo que ocurriría es que habría un litigio dentro de la Alianza Atlántica en los foros de debate de la propia organización en la que todas las partes tomarían partido para resolver el conflicto de forma diplomática y pacífica".

Por su parte, Ignacio Molina, investigador principal del Real Instituto Elcano, considera que la OTAN no tendría ningún papel si Trump apuesta por la fuerza: "Es absurdo pensar en el artículo 5 cuando el atacante sería el principal aliado de la OTAN, desaparecería como alianza política porque también se resquebrajaría la confianza entre las dos orillas del Atlántico".

Por otro lado, Sanmartín desliza que "el fin de la Alianza Atlántica es un objetivo deliberado, consciente y provocado". El experto en seguridad asegura que "se resolverá por la vía política de alto nivel y quedará como una excentricidad de una potencia exterior enemiga de la OTAN que ha tenido mucho interés en activar la idea de una posible agresión militar de Estados Unidos a Groenlandia".

Además, puntualiza que esto lo ha detectado Dinamarca, el país con el servicio de inteligencia más potente y eficiente de la UE en la captación de infiltración por parte de potencias enemigas de la OTAN: "Las pruebas existen y ya se han enviado a Washington, pero no se pueden mostrar. Eso provocaría la rendición de cuentas y un conflicto diplomático de alta escala y en estos casos lo que se hace es desescalar".

Por tanto, Sanmartín sin revelar más detalles, se muestra convencido de que no habrá agresión norteamericana a Groenlandia: "¿En qué situación quedaría Estados Unidos si públicamente se descubre que todo ha sido una operación de inteligencia de un país enemigo de la Alianza Atlántica y que han caído en su trampa altos directivos de la Casa Blanca que han alentado a su presidente a que no descarte la vía militar?".

"No es factible una guerra abierta, frontal y declarada entre Europa y Estados Unidos"

En el caso de una respuesta de la Unión Europea a una hipotética invasión de Groenlandia, Molina apunta a la cláusula de defensa mutua parecida al artículo 5 de la OTAN, este último determina que los miembros adoptarán "las medidas que entiendan necesarias para defender al aliado que ha sido atacado": "La redacción de los tratados europeos es más fuerte que la de la propia OTAN, porque los Estados miembros de la UE están obligados a una auténtica asistencia con todos los medios a su alcance".

Por tanto, el bloque comunitario reaccionaría unánimemente en términos de defensa a un ataque armado de Estados Unidos, a pesar de que Groenlandia no forme parte como tal de la Unión Europea. En este sentido, cabe recordar que abandonó en 1985 la entonces Comunidad Económica Europea por estar en desacuerdo con la política pesquera comunitaria.

Pese a ello, recuerda Molina que Groenlandia está dentro del Reino de Dinamarca: "Es un territorio de un Estado miembro, da un poco igual que se desligara de la Unión Europea".

Por otro lado, si se diera el escenario de ocupación militar por parte de Trump, Molina deja claro que Groenlandia "es indefendible" desde el punto de vista europeo en el contexto actual.

Recuerda que Estados Unidos se impondría: "Washington ya cuenta con una base militar (Pituffik) en Groenlandia desde la Segunda Guerra Mundial. Tan solo tendría que enviar refuerzos para que dicha base se desplegara por todo el territorio y ya ha demostrado que su capacidad para ello es espectacular. Los posibles militares de la UE no se pueden comparar".

A esto, Molina añade que el principio de solidaridad de Europa en bloque para enfrentarse a Estados Unidos también está por verificar: "No sería lo mismo que cuando el agresor es Rusia. En ese caso, con excepción de Hungría, hay una posición europea unificada".

El analista argumenta que países de Europa Oriental, precisamente por su preocupación frente a Moscú y su proximidad territorial, "no cerrarían filas con Dinamarca y con otros estados europeos occidentales en la defensa militar de Groenlandia".

Por su parte, José Jesús Sanmartín, no considera factible una guerra abierta, frontal y declarada entre Europa y Estados Unidos. Hace referencia al necesario "equilibrio como elemento vector en la diplomacia y defensa": "Todo el mundo tiene vulnerabilidades en su seguridad. Bruselas debe mucho a Washington y debe estar agradecida, pero no olvidemos que Estados Unidos también tiene debilidades en sus fronteras y territorios.

Un conflicto entre ambos rompería el orden mundial y la confianza en las relaciones internacionales". El concepto de defensa colectiva occidental se perdería ante el beneficio de potencias rivales como Rusia y China que propiciarían un tablero geopolítico más incierto y fragmentado.