Irán decreta tres días de luto nacional en medio de las protestas que ya han dejado más de 500 muertos en el país
El desplome del rial frente al dólar y el encarecimiento del coste de vida han hecho estallar a la población iraní

Madrid
Continúan las protestas en Irán iniciadas el pasado 28 de diciembre. Lo que comenzó como una movilización por la crisis económica se ha convertido en un movimiento nacional que desafía la legitimidad del régimen islámico. Las manifestaciones se han extendido a más de 500 ciudades en las 31 provincias del país y, según organizaciones de derechos humanos, la represión ha dejado un total de 538 muertos, según la ONG Human Rights Activists News Agency (HRANA), 490 de ellos manifestantes y 48 miembros de las fuerzas de seguridad iraníes.
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El gobierno iraní ha decretado tres días de luto nacional "en honor a los mártires que cayeron en la resistencia contra Estados Unidos y el régimen sionista”, según han asegurado medios iraníes.
Además, 10.675 personas han sido detenidas, entre ellas 169 menores de edad, según explicó la subdirectora de HRANA, Skylar Thompson, en declaraciones a la cadena estadounidense CNN.
La cifra no ha sido corroborada por las autoridades y otras organizaciones sitúan el número de fallecidos muy por debajo. El Centro para los Derechos Humanos en Irán (IHRNGO), con sede en Noruega, informa de 192 muertos, aunque reconoce que "algunas fuentes hablan de más de 2.000". El grupo advierte que al menos nueve de las víctimas eran menores de edad.
El detonante de las protestas ha sido el desplome del rial, la moneda iraní, que ha perdido un 45 % de su valor y se sitúa en torno a 1,4 millones por dólar. A esto se suma una inflación superior al 40 % anual, que ha convertido productos básicos en bienes inalcanzables para gran parte de la población. El coste de vida se ha disparado, golpeando especialmente a las clases medias y trabajadoras.
La situación se agrava por las sanciones internacionales, reinstauradas tras la salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear en 2018 y endurecidas en 2025 bajo la administración Trump. Estas medidas han estrangulado los ingresos por petróleo y debilitado el sistema financiero, dejando al país sin margen para sostener su economía.

Fallos estructurales
Pero la crisis económica no es el único problema. Irán arrastra fallos estructurales como el desempleo juvenil, la falta de crecimiento y una corrupción endémica que afecta a las instituciones. El Estado ha descuidado servicios básicos: se registran apagones, escasez de agua y crisis ambientales que golpean especialmente a las zonas rurales y marginadas. Todo ello ha alimentado un sentimiento de hartazgo que trasciende lo económico.
Por eso, miles de iraníes han salido a las calles no solo para exigir mejoras económicas, sino también cambios políticos profundos. Las consignas apuntan directamente al sistema teocrático y al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. La población denuncia corrupción, autoritarismo y falta de libertades, en lo que ya se considera la mayor movilización contra el régimen en años.




