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Los médicos que no operan a Testigos de Jehová: todo lo que no se sabe de un conflicto provocado por la sangre

José Precedo explica un conflicto que ha llevado a una condena a España por una operación que salvó una vida pero utilizó sangre

Madrid

El de hoy es un Expediente Precedo peliagudo y, por lo que cuentan las partes, todavía no resuelto del todo. Mezcla connotaciones, médicas, legales, religiosas… pero sobre todo éticas y deontológicas. Como siempre que hay un cruce de derechos, el de los pacientes que son Testigos de Jehová a no recibir transfusiones de sangre según sus creencias, el de los cirujanos y anestesistas, a poner todos los medios a su alcance para salvar vidas. La medicina ha avanzado mucho, también en el ahorro de sangre, pero sigue habiendo cirugías delicadas, trasplantes de órganos con riesgo de sangrados. ¿Cómo se resuelven estos conflictos en los hospitales? ¿Qué dicen las leyes?

Hay cirujanos y anestesistas que directamente se niegan a realizar operaciones si no tienen garantizada la posibilidad de transfundir a un paciente. No es algo contra los testigos de Jehová, ellos alegan que necesitan poder utilizar todos los recursos a su alcance para salvar una vida. No hay registros públicos, como sí sucede en el caso de los objetores a realizar abortos o practicar eutanasias, pero en las diferentes unidades hospitalarias, los responsables saben con quién pueden contar y con quién no para este tipo de intervenciones.

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Expediente Precedo | La objeción de conciencia en transfusiones de sangre con Testigos de Jehová

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¿Qué dice la Biblia?

En España, hay 127.840 testigos de Jehová, según su propia organización, 1.377 congregaciones locales, la mitad de ellas están entre Madrid y Barcelona. Fueron reconocidos como organización religiosa en 1970, hace ya 55 años, en 2006, el Ministerio de Justicia le reconoció su “notorio arraigo”. Y es una confesión que no acepta transfusiones de sangre por la interpretación que hacen de la Biblia.

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, distintos pasajes, en la Génesis, en el Deuteronomio, capítulo 12, versículo 23, en el Levítico, 17-14. En definitiva, los Testigos de Jehová dicen obedecer a un mandato bíblico y por respeto a Dios, se abstienen de recibir sangre, porque la sangre, también dicen, representa la vida.

¿Quién toma la última decisión?

¿Y quién acaba tomando la decisión cuando se trata de un caso delicado en que el paciente no acepta la sangre y el cirujano o el anestesista dice que es imprescindible? Pues ahí la última palabra la tienen los tribunales, que además tienen que actuar con celeridad en asuntos en los que hay vías que corren peligro.

La decisión última la suele tomar un juez, habitualmente es un juez de guardia, al que se llama desde los hospitales para confirmar. Y como estos conflictos vienen de varias décadas atrás, la Fiscalía se vio obligada a dictar una instrucción con normas generales para interpretar las leyes. El consentimiento informado del paciente está regulado por una ley de 2002 que lo considera un derecho fundamental, pero con límites en menores y situaciones de urgencia. En general, esa norma dice que los menores de 16 años necesitan autorización de sus padres, salvo que les considere maduros para decidir. Y que en caso de grave riesgo, el interés superior del menor prevalece sobre su voluntad o la de sus representantes legales.

La instrucción de la Fiscalía pide priorizar la vida y la salud del menor sobre su autonomía o la voluntad de sus representantes legales y establece que en situaciones de grave riesgo el médico puede actuar sin consentimiento en casos urgentes, amparado por el cumplimiento de un deber y el estado de necesidad. Esto quiere decir que si corre riesgo la vida de un menor, aunque sus padres sean testigos de Jehová y traten de imponer que no se realice la transfusión, los médicos deberán llevarla a cabo.

Si eso es así, en caso de urgencia, suele hacerse tras una consulta a un juez de guardia. Los conflictos deben resolverse mediante procedimientos judiciales urgentes, preferiblemente en el Juzgado de Guardia. Los cirujanos y anestesistas consultados aseguran que habitualmente se impone la urgencia, aunque eso luego pueda traer problemas al paciente en su comunidad.

Sentencia de Estrasburgo

Así eran las cosas hasta que todo se ha enrarecido a raíz de una sentencia de Estrasburgo que en 2024 condenó a España a indemnizar a una paciente a la que se le hizo una transfusión en una operación a vida o muerte. El caso llegó al Tribunal Europeo de Derechos Humanos después de que todos los tribunales españoles lo hubieran desechado. Y lo que dijo este tribunal es que se había vulnerado el derecho a la vida privada en relación con su libertad religiosa. La mujer tenía un mioma uterino y su estado de salud se fue deteriorando. La mujer había dejado por escrito que en ningún caso aceptaba la transfusión de sangre. Cuando su vida corrió peligro, cirujanos del Hospital de La Paz en Madrid pidieron permiso a un juez, que lo autorizó, dado que se trataba de una operación a vida o muerte.

Una vez que salvó su vida, la mujer inició un procedimiento legal en la que dijo sentirse “violada” y sentir “asco” por la operación a la que se le había sometido.

Estrasburgo no cuestiona la legislación española, lo que dijo es que el juez decidió sin valorar toda la información, puesto que la negativa había sido por escrito y al juez se le dijo que había sido una comunicación verbal. Así que la información para decidir, dice Estrasburgo, fue “incorrecta e incompleta” y por eso se condena a España a indemnizar a la paciente con 26.000 euros. Y es muy llamativa la sentencia, porque el tribunal de Derechos Humanos admite en la sentencia: “No podemos sino constatar que la vida de la recurrente fue salvada ese día”, dice Estrasburgo. Sobrevivió gracias a una “intervención médica” que, según los sanitarios, era “necesaria” para salvar su vida”. Cuando se preguntó a la mujer si estaba preparada para morir, en caso de no poder recibir sangre, su representante legal alegó que deseaba vivir. La condena alude a un problema de forma y al mismo esa sentencia ha hecho que algunos cirujanos y anestesistas se lo piensen antes de aceptar este tipo de intervenciones.

Condenados tras salvar una vida

Se ve entonces a profesionales que intentan salvar una vida y que acaban viendo que la justicia europea puede venir con una condena. Por eso en algunos hospitales públicos en caso de duda se acaban derivando a centros privados. Este fin de semana hablaba con un cirujano que me decía que en caso de duda, él optaba por derivar al paciente.

Todas las fuentes consultadas nos dicen que las propias congregaciones saben de unidades o médicos que llevan a cabo cirugías más o menos complejas sin usar transfusiones. Es cierto que se ha avanzado mucho. Un médico nos contaba que si entra alguien en coma, uno hace lo que sea para salvarle la vida y los jueces de guardia suelen autorizarlo. Pero luego empiezan las escalas de grises; una rotura de fémur donde puede haber un sangrado que acabe derivando en que la perdida de sangre pueda conducir a un fallo cardiaco que derive en una muerte, y si el paciente no acepta transfusiones de donantes, ni siquiera autotransfusiones, lo habitual en su caso es derivarlas a otros profesionales. Y ahí entran en juego ya las hormonas, la eritropoyetina, la EPO, que conocemos por el doping en los ciclistas, que favorece producción de hemoglobina…

Diálogo fluido con las congregaciones

Lo que nos cuentan es que el diálogo entre los jefes de unidad y las congregaciones suele ser fluido y respetuoso por las dos partes. Que está la alternativa de inyectar una hormona, la eritropoyetina, la EPO que conocemos del doping de los ciclistas y atletas, que favorece la creación de hemoglobina. Que hay cirujanos y anestesistas más especializados en evitar sangrados, que en manos de estos profesionales la mayoría de cirugías no precisan sangre y se operan… Pero que luego está el asunto de algunos trasplantes, donde es muy difícil. Los de riñón se hacen sin problemas. Pero en el caso de hígado o de pulmón, a veces se hace más difícil.

Ahora mismo sabemos que hay dos trasplantes de hígado y uno de pulmón que se siguen retrasando buscando profesionales que puedan realizar esas intervenciones sin trasfundir sangre. Representantes de los testigos de Jehová se han reunido con varios jefes de área en diferentes hospitales españoles, tratando de buscar fórmulas en Madrid, Córdoba, lo han intentado en el Vall D'Hebrón en Barcelona… De momento no se ha encontrado una solución. Formalmente, no se puede decir que sea un problema de vida o muerte, pero no dejan de ser operaciones que están pautadas y que, cuanto más retraso, más riesgo para el paciente.

 

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