"Me llamaban maricón por los pasillos": un profesor denuncia el aumento de agresiones hacia los docentes en las aulas
Una macroencuesta revela que ocho de cada diez docentes perciben un aumento de las agresiones y un clima cada vez más conflictivo tras la vuelta a clase

"Me llamaban maricón por los pasillos": un profesor denuncia el aumento de agresiones hacia los docentes en las aulas
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Madrid
La vuelta a las aulas después del paréntesis navideño se produce este año en un contexto de creciente tensión. No se trata, según los datos, de una percepción aislada: más del 80% del profesorado en España afirma que las agresiones, verbales y físicas, han aumentado y define el ambiente en los centros educativos como "conflictivo y complicado". Así lo refleja una macroencuesta elaborada por la Confederación de Sindicatos de Trabajadores de la Enseñanza Intersindical, con más de 13.000 docentes de todas las comunidades autónomas y de todas las etapas educativas no universitarias.
Fernando Villalba, responsable de Política Educativa de la organización, señala en La Ventana que conocía los problemas, pero no su verdadera dimensión. Explica que uno de los datos que más le ha sorprendido es la homogeneidad de los resultados: "Están calcados en todas las provincias; solo vemos diferencias entre enseñanzas", afirma, subrayando que lo verdaderamente impactante es la magnitud del fenómeno.
El testimonio de José Miguel
La violencia se concreta en historias como la de José Miguel, profesor durante dos décadas, que se vio obligado a dejar la docencia hace año y medio tras sufrir un acoso continuado. Relata que, junto a una compañera, fue víctima durante dos meses de pintadas ofensivas y destrozos reiterados en el centro. En su caso, los ataques estaban motivados por su condición sexual, mientras que a su compañera la hostigaban con mensajes misóginos.
Cuenta que la situación fue escalando hasta que tuvo que marcharse del instituto sin saber quién estaba detrás. Solo después, una alumna reveló la existencia de un vídeo en el que se identificaba a los autores, lo que permitió detener a ocho personas, entre ellas cuatro menores y cuatro exalumnos. Aun así, José Miguel denuncia que la respuesta institucional fue mínima: como miembro del equipo directivo envió un correo al inspector con todas las pruebas y nunca recibió contestación.
El profesor explica que terminó de baja por ansiedad ante el miedo a lo que podía ocurrir. "Te vas tú y se quedan ellos", lamenta, recordando que algunos de los implicados siguen en el centro. También apunta al papel de las redes sociales, que multiplican el acoso fuera del aula, y a un clima ideológico cada vez más radicalizado: las pintadas iban acompañadas de esvásticas y consignas como “viva Hitler” o “viva Franco”.
José Miguel añade que su único contacto con las familias fue en el juicio. Una madre defendió la inocencia de su hijo y condicionó una disculpa a que fuera declarado culpable; cuando la sentencia lo condenó, la familia recurrió, lo que ha prolongado el proceso. Pese a todo, asegura que quiere volver a la enseñanza, aunque reconoce que en los últimos años "se ha perdido el sentido común".
Un sistema desbordado
Villalba sostiene que las causas son múltiples y que dar clase "ya no es lo que era". En su análisis, recuerda que hace décadas una parte importante del alumnado quedaba fuera del sistema educativo, mientras que hoy prácticamente toda la población joven permanece escolarizada. El sistema, advierte, "no ha sido capaz de absorber ese cambio con los mismos recursos": antes quienes no encajaban eran expulsados; ahora permanecen en las aulas, pero sin el apoyo necesario.
La encuesta también revela que más de un millón de estudiantes en España tiene serias dificultades de aprendizaje y necesitaría un seguimiento específico que, en muchos casos, no recibe. Para Villalba, este desfase entre la diversidad real del alumnado y la estructura del sistema genera frustración, conflictos y una sobrecarga que termina explotando en el día a día de los centros.
Desde el sindicato, Fernando Villalba confirma que casos como este se repiten con frecuencia. Señala que en un episodio concreto intervinieron directamente ante la consejería y que la organización puso un abogado al profesor, mientras que la administración, que debía hacerlo, no cumplió. "No todo el mundo tiene la capacidad y la fuerza para enfrentarse a esto", advierte, insistiendo en que la violencia escolar no es una anécdota, sino un problema estructural que el sistema educativo aún no sabe cómo abordar.




