Diego Céspedes y su wéstern queer con música de Rocío Jurado: "La ternura es esencial en la lucha política"
El joven autor chileno debuta con 'La misteriosa mirada del flamenco', una película sobre el miedo al sida en los 80 que reivindica las familias elegidas en la comunidad LGTBIQ+

Cadena SER
Madrid
Aunque 'La misteriosa mirada del flamenco' comience con imágenes en blanco y negro, de mineros reales que vivían y trabajaban en lo más duro del desierto, enseguida, el director chileno Diego Céspedes nos presenta a otros personajes, en un salto temporal hasta los ochenta, donde en medio de ese desierto viven una comunidad de mujeres que han construido un hogar y una familia disidente, un refugio frente a la violencia patriarcal.
'La misteriosa mirada del flamenco' nos adentra en muchas historias en una sola película. Primero tenemos la historia íntima de una niña y su madre trans, que viven rodeadas de otras mujeres, que cantan y bailan en la noche, como vemos en esa escena emocionante donde Flamenco mueve los labios sobre el escenario mientras suena 'Ese hombre', de Rocío Jurado. Una escena que nos recuerda a Miguel Bosé en 'Tacones lejanos' o a Gael García Bernal en 'La mala educación'. Y es que la ópera prima de Céspedes tiene algo de almodovariano, en tanto cómo un colectivo reprimido consigue salir adelante junto, en cómo lo queer es una celebración a pesar de la tragedia.
"Una de las formas de sobrevivencia, la más básica que ha existido, en el mundo de las travestis hace mucho tiempo, de travestis, maricas, todo el LGBITQ+, es la familia construida. De esa manera sobrevivimos, de esa manera encontramos un lugar en el mundo, incluso cuando las familias de sangre te rechazaban. A veces me dicen, bueno, la película tiene algo de Almodóvar. Y yo les digo, en realidad amo a Almodóvar, pero no, lo que pasa es que esto existía antes de Almodóvar. Almodóvar fue el que sacó el mundo de las travestis, pero no al revés. Es un método de sobrevivencia a través de la ternura, algo tan básico en el ser humano y que hemos perdido tanto hoy. Ellos sobrevivieron creando sus propias familias, no necesitaron el apoyo de su mamá, ni de su papá, ni de la persona que le escupía en la cara. Por eso, insisto, la ternura es hoy esencial en esta lucha política", explica el joven autor chileno, de solo 30 años, que ganó en la sección Un Certain Regard de Cannes con este fantástico debut.

Entrevista | Diego Céspedes por 'La misteriosa mirada del flamenco'
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Además de las referencias a cierto cine queer, la película combina los códigos del western de frontera y con el realismo mágico, tan presente en la literatura latinoamericana. Lo que comienza como una historia íntima entre una niña y su madre trans se convierte progresivamente en una alegoría política sobre el miedo colectivo, el estigma y el deseo como amenaza.
"La película es como un cuadro con muchas texturas y relieves. Una de las partes emocionales que me causaba querer contar esta historia, relacionado con el sida, era que mi familia viene de los suburbios de Santiago, de la capital de Chile, y ellos cuando yo era bebé tenían una peluquería y trabajaban con solo hombres gais del barrio y todos murieron de sida. Y me acuerdo que cuando iba creciendo, mi mamá, que también vivía en el prejuicio, me contaba historias terribles sobre esta enfermedad que nos da a nosotros los maricas, que era misteriosa, y yo quería saber más. Pero también te daba mucho miedo. Yo tenía pesadillas con esto", recuerda Céspedes.
La protagonista es una niña de once años, la actriz Tamara Cortés, criada por Flamenco, una mujer trans que encabeza una comunidad de travestis, drag queens y disidencias que han construido una familia elegida en la periferia del desierto. Sus vidas transcurren entre los cuidados, la precariedad y lo festivo, pero una misteriosa enfermedad que se trasmite, según los rumores, por la mirada a los hombres amenaza su tranquilidad. La superstición se convierte en paranoia, y la paranoia en violencia. Como suele ocurrir, el prejuicio llega antes que el virus. En ese contexto, los cuerpos queer, y especialmente los trans, se convierten en blanco del odio. Una manera alegórica y política de contar los estragos del SIDA, algo que este año hemos visto en otros títulos como 'Romería', de Carla Simón, 'Alpha', de Julia Ducournau y en la serie 'Silencio', de Eduardo Casanova.
"Creo que si miramos el tiempo en el que estamos, como las nuevas olas de fascismo, el auge de la ultraderecha, los primeros en ser atacados vuelven a ser las minorías. Estamos viviendo una etapa muy tensa y que se está volviendo cada día más violenta, que la vemos en nuestros celulares, que muchos nos sentimos de manos atadas y creo que es normal que los artistas sientan una necesidad de volver a contar la historia. Y creo que la historia del sida fue algo que marcó a a nuestra comunidad en general habiendo vivido o no ahí. Es algo que es parte de nuestra formación, de quienes somos y de quienes creo que tenemos que aprender mucho. Fue una etapa muy violenta y horrible para muchas personas. O sea, la misma película de Carla (Simón) cuando decía que al padre lo tenían encerrado. Imagínate ese nivel, solo la familia ya discriminándolo. Y esto se pasaba a un montón de otras cosas que hoy se está sintiendo en la piel como el inicio de algo parecido. Entonces creo que, en mi caso por ejemplo, yo creo que hablar sobre el pasado es construir un futuro más amable, más tierno también", defiende.
La cámara de Angello Faccini opta por planos abiertos que sitúan a los personajes en medio de un paisaje hostil, casi bíblico. La paleta de colores, desaturada pero cálida, dialoga con la luz del desierto y la estética retro sin caer en el fetichismo, en una obra tan original como arriesgada al romper también los géneros. 'La misteriosa mirada del flamenco' celebra la capacidad de crear vínculos fuera de la norma y reivindica algo que el cine a veces olvida, que la mirada es un gesto político. "La mirada es trascendental. Está en el título y habla sobre esos diferentes tipos de amor, del diferente tipo de ternura, de relaciones y cómo para mí, en mi día a día, la mirada es algo que estamos perdiendo y es el gesto básico para conocer a otro ser humano. Si uno mira a la otra persona puede darse cuenta de tantas cosas. A veces me siento como Oliver Laxe, tan místico", concluye entre risas Diego Céspedes, desde ya uno de los jóvenes autores a seguir en los próximos años.




