La sorprendente solución de Godard para rodar un clásico del cine sin presupuesto
Contra todo pronóstico, la película ganó el Oso de Plata al mejor director en Berlín y se convirtió en película de culto

La sorprendente solución de Godard para rodar un clásico del cine sin presupuesto
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Cuando Jean-Luc Godard decidió rodar Al final de la escapada en 1960, no tenía dinero, ni guion, ni permisos. Lo que sí tenía era una idea clara: hacer cine con la misma audacia que los pioneros. Así nació una película que revolucionó la narrativa cinematográfica y se convirtió en símbolo de la Nouvelle Vague.
Tal y como recordaron en el programa Sucedió una noche de la Cadena SER, Godard aplicó dos principios: rapidez y adaptación. Rodó en blanco y negro, con cámara en mano y luz natural porque no había presupuesto para estudios ni iluminación. Las escenas exteriores se filmaron casi clandestinamente en París, con la cámara escondida en un coche que el propio director empujaba como si estuviera averiado. Para la famosa secuencia en los Campos Elíseos, los actores caminaban entre peatones sin que nadie supiera que estaban en medio de un rodaje.
La falta de dinero obligó a soluciones insólitas: como no podían comprar rollos de cine, unieron carretes de fotografía para crear película sensible a la luz. Tampoco había guion cerrado. Cada mañana, Godard escribía los diálogos en una cafetería y los actores improvisaban sobre la marcha. "No había cables ni focos, así que actuábamos libremente", recordaría Jean-Paul Belmondo.
El montaje fue otro golpe de efecto. Cuando le dijeron que sobraba media hora, Godard no eliminó escenas completas: cortó fragmentos aquí y allá, creando los famosos saltos de raccord que desconcertaron a unos y fascinaron a otros. Lo que parecía una chapuza se convirtió en un manifiesto estético: romper las leyes del tiempo y del espacio del cine clásico.
Contra todo pronóstico, Al final de la escapada se estrenó, ganó el Oso de Plata al mejor director en Berlín y se convirtió en película de culto. Hoy, 65 años después, sigue dividiendo a los cinéfilos entre quienes la veneran y quienes la detestan. Pero nadie discute que aquella solución improvisada para rodar sin presupuesto cambió la historia del cine.
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Agatha Christie, ‘Al final de la escapada' y ‘El mundo en sus manos’




