La Hora Extra
Ocio y cultura

Matías Umpierrez: "Aprendí de migración gracias a los españoles e italianos que llegaron a la Argentina analfabetos y muertos de hambre"

El creador y artista argentino estrena 'PLAY, Atlas de odio', una investigación escénica sobre los discursos de odio a lo largo de la historia

Matías Umpierrez: "Vamos a morir, la distopía se ha convertido en el modo de gobernabilidad, fomentada por la industria del entretenimiento"

1857 es el año de inicio de la historia del registro sonoro, con la patente del “fonoautógrafo” de Èdouard-Leon Scott, que grababa ondas sonoras en papel ahumado, aunque no podía reproducirlas. Se consiguió en 2008 y así suena la primera grabación de la historia.

Es una voz cantando "Au Clair de la Lune" en 1860. Sin embargo, Thomas Edison es famoso por la primera grabación y reproducción exitosa, en 1877, con su fonógrafo, donde recitó "Mary had a Little Lamb", marcando el inicio de la era de la grabación sonora.

Cien años después, en la década de los setenta del siglo XX, una palabra inglesa se implantó en los dispositivos electrónicos de todo el mundo: Play. Las historias humanas comenzaron a reproducirse electrónicamente bajo ese comando, play. Hoy en día, siglo XXI, año 2026, vivimos inmersos en una orquesta de voces, de paisajes sonoros, de discursos políticos encendidos y de conversaciones telefónicas aceleradas, reproducidas a 1.5 o doble de velocidad.

Matías Umpierrez (Buenos Aires, 1980) es un actor y artista migrante. Migra entre disciplinas y géneros artísticos, entre territorios físicos y espacios temporales y mentales. Migrante hijo de migrantes en Argentina y el desplazamiento, la migración y esa búsqueda constante de un nuevo lugar ha marcado su mirada sobre el mundo y su trayectoria.

¿Cómo habita un migrante, que huye de las etiquetas o que las atraviesa todas, este mundo que señala al diferente, al extranjero, al foráneo, que teme y expulsa a la otredad?

Matías: Nunca ha sido diferente y por eso me interesa trabajar sobre ciertos archivos, porque siempre que alguien ve nuestra cultura desde fuera y desde dentro, esa persona es más fácil que sea quien corporalice todos nuestros males. Al no poder entender demasiado cómo somos, aparece esa lectura de quién es el extraño, si estamos funcionando mal por ese extraño. Me parece fascinante. Yo aprendí la migración gracias a los españoles y a los italianos, por ejemplo, a quienes nacimos y crecimos en el Río de la Plata. Los millones de españoles que llegaron refugiados a la Argentina, muertos de hambre, sin educación, siendo analfabetos, esos son nuestros antepasados y yo les hago constantemente un homenaje a su fuerza. Irse a la Argentina o al Uruguay, que está muy lejos, es muy doloroso y más en un momento donde no teníamos la comunicación tan cercana. Menciono España o Italia por ser parte de mi familia. ¿Cómo seguían construyendo esa España o Italia desde esa lejanía tan grande? Qué fortaleza, qué extraordinario ese cruce de culturas y qué poderosa ha sido la Argentina, justamente por encontrar naciones indígenas que dialogaban con naciones europeas y crearon de alguna manera un mix cultural superpoderoso. Yo me siento hiperfortalecido.

Hoy ese cruce de fronteras es más accesible para casi todo el mundo gracias a la digitalización. Hoy estamos más conectados, hiperconectados que entonces, pero, al final, también las redes están consiguiendo aislarnos cada vez más. Una soledad no deseada, ¿es también una de las reflexiones que traes con PLAY, tu nueva pieza?

Bueno, es increíble porque nosotros empezamos investigando básicamente la la historia del odio en relación a la ficción y, a medida que fuimos haciendo la exploración escénica y ensayando, nos dimos cuenta de que, al fina,l es una obra que habla de la soledad. Todo lo que está pasando hoy es algo que nunca dejó de pasar, siempre ha sido muy parecido. Cuando construimos este archivo sobre el odio, me di cuenta de que todas las épocas fueron iguales. La diferencia de esta época tiene que ver con esta batalla cognitiva, que hace que no podamos aplacar esas voces que se filtran en distintas situaciones y dispositivos, que están comunicándonos constantemente.

Así que sí, evidentemente habla de una disolución de lo social, que me parece que es un modo de poder en este momento. Cuanto menos la gente se manifiesta físicamente en los espacios públicos, es mucho más fácil de controlar estas manifestaciones virtuales, que al final dependen mucho de los algoritmos. Mientras nosotros estamos viendo, en muchos casos, al mundo al filo, cuestionando y lastimando cada vez más a las democracias, hay otra gente que no le aparece nada de eso y dice que las democracias están cada vez más fortalecidas. Es bastante interesante este modo de poder que se ha creado y siempre me parece que, al final, los contemporáneos a nuestras épocas lo que tenemos que hacer es cómo resolver este problema, cómo ver estos autoritarios, las nuevas formas que desplegarán y ojalá que lo podamos resolver.

Matías Umpierrez en 'Play, Atlas del odio' / Dominik Valvo

PLAY, Atlas de odio es una investigación escénica, creada e interpretada por Matías, sobre los discursos de odio, los modos de habitar el poder, el infierno y el paraíso de la conciencia. Play es una palabra inglesa que significaba 'ejercitar' o 'jugar', y se extendió a significados como tocar un instrumento, interpretar una obra, reproducir audio o video o un movimiento deportivo. ¿Qué otros significados o connotaciones tiene play en la pieza y en nuestra vida?

Bueno, a mí me parece que es interesante investigar esa palabra. Por un lado, yo siento que es como la primera palabra cyborg, en el sentido de que la integramos a nuestro lenguaje, pero no solamente nosotros, sino que pienso siempre también en mi abuela o en mi madre, que no hablaba en inglés y la única palabra que podían decir era play. Entonces, siempre me pareció bastante atractivo esa palabra que apareció, una palabra sin traducción y es una palabra del orden económico y político que terminó dominando de alguna manera Occidente. Esa palabra anglo, ese idioma dominante en muchos coldegios públicos que terminaron siendo bilingües, pero danto entidad a un solo idioma. Hoy todo se ha legitimado por medio de un único modo de ser exitoso y la vida es exitosa en inglés, en ese sentido.

Y todos estos dispositivos fueron los primeros dispositivos domésticos que permitieron que los discursos de odio entraran en nuestras casas y calaran, más allá de la feria o de distintas situaciones sociales. Justamente a partir de la reproducción de esos discursos, a partir de esa palabra en inglés, que uno le da play y aparece, de alguna manera, la propaganda de cómo tenemos que vivir. Fomentado por la industria del entretenimiento, que hoy se ha comido nuestras vidas.

Por eso pienso que play es el modo de vivir en esta sociedad del entretenimiento, donde los políticos son creadores de contenidos, dejaron de ser personas que están al servicio de la población, con vocación en ese sentido de servicio público, para volverse personas casi del stand-up que están generando comentarios, trending topics y totalmente atravesados por ser famosos. Actores, actrices, jugadores de fútbol... hay un montón de gente totalmente detonada por el hecho de ser famoso, son víctimas de lo que significa la fama. Hoy vemos una cantidad de políticos que están absolutamente aturdidos por el hecho de creerse famosos, de la megalomanía, del poder a través de la fama y me parece que es algo, en el ejercicio de la política, sobre lo que deberíamos empezar a trabajar, desde la educación. Si uno investiga la historia, ellos son las víctimas y terminan mal, van a terminar muy mal.

Tú sí has investigado, ¿en qué ha consistido ese proceso de investigación sobre los discursos de odio, sobre las maneras de habitar el mundo? ¿Qué contextos geográficos o históricos recoges?

De muchas maneras. Obviamente, me gusta investigar en espacios como una biblioteca, pero también hoy tenemos un montón de posibilidades de crear archivos de otra manera. Un tuit es un archivo en ese sentido y muchos post que uno puede encontrar, también son modos de archivo. Ahora, es verdad que a mí me interesaba empezar por ciertas mitologías que van rodeando las ficciones que fuimos construyendo. Por eso aparecen desde la caza del unicornio a sucesos históricos, como la gran matanza de los gatos, donde unos obreros se revelan contra sus patrones justamente matando a los gatos de todo el vecindario y haciendo juicios a esos gatos.

Figuras de cómo ejercemos el poder y, generalmente, los seres humanos hemos visto que un modo de ejercer el poder es generando una idea de diablo. Una figura que ha ido mutando a lo largo de la historia. Si nos oponemos a esta figura, nos vamos a unir y vamos a poder crear una rebelión. Pero lo triste es que la rebelión, al final, es siempre económica. Hay grupos económicos detrás de todas esas grandes rebeliones o se apoderan de esas rebeliones, como lo estamos viendo constantemente. Grupos económicos se aprovechan de esas rebeliones, que son rebeliones de otros grupos económicos que llegaron a situaciones de opresión, y esos nuevos grupos económicos se apoderan de eso. Lo estamos viendo constantemente en las noticias.

Entonces, de alguna manera el archivo fue ver todos esos gestos a lo largo de la historia y tratar de archivarlos para después, en realidad, no trabajar sobre la información, que es lo que trabajáis vosotros desde el periodismo, sino desde las artes. En ese sentido, detonando sensiblemente sus archivos y tratando de performearlos para generar un espacio común de reflexión un poquito más abstracta para poder entender que estamos todos presos del mismo problema.

'Play, Atlas del odio', de Matías Umpierrez / Dominik Valvo

A propósito del paraíso y el infierno de la conciencia, hay un estudio que hizo el Museo del Prado sobre El Jardín de las delicias del Bosco, en el que analizaba cuánto tiempo se paraba el espectador a contemplar ese tríptico: cuánto tiempo el infierno y qué elementos, cuánto tiempo el paraíso y ganaba por goleada el infierno. ¿Estamos más habituados a habitar el infierno de la conciencia que el paraíso? ¿Mola más el infierno o es más misterioso e inquietante?

Creo que es algo que nos llama la atención por un problema que yo siento que está en la educación. La educación nos lleva, lamentablemente, solo a lo que es la figura del éxito, que es una figura que está construida desde lo individual. Tú eres exitoso, tú sacas la cabeza entre la manada, entonces tú puedes liderar y a ti te puede ir bien económicamente. Eso para mí ya es un precepto bastante triste para criar a niños y escolarizarlos dentro de esa lógica.

Claro que el infierno es más atractivo, porque es lo que no nos permiten habitar desde la educación, no nos permiten conocer que somos personas que aman y personas que odian. Y ahí hay una especie de romantización de de quiénes somos y del paraíso, porque, para llegar al paraíso, hay que pasar sí o sí muchas veces por el infierno. Hay que saber enfrentarse con uno mismo, con ese lugar vulnerable, con esa herida tan poco resuelta que tenemos desde la infancia, los modos en los que nos amaron... Cuando estamos a punto de que nos pasen cosas muy buenas, aparece esa herida, empieza a sangrar y nos tapa un poco la mirada. Ahí está la conciencia.

Matías Umpierrez en 'Play, Atlas del odio' / Dominik Valvo

¿Te ha dolido hacer esa investigación y fruto del dolor es donde surge esa sensibilidad creativa?

Bueno, no, yo creo que no en todos los casos, pero es verdad que, al igual que los políticos utilizan la performatividad del odio para ofrecer respuestas claras y directas, el dolor te permite abrir fisuras, habitar otros espacios y descubrir un montón de otras cuestiones. La distopía es hoy un modo de gobernabilidad, lo vemos a través de la industria de entretenimiento, que nos dice todo el tiempo que nos vamos a morir, que va a venir un zombie o ahora estos nuevos realities en los que parece que todo el mundo es cruel, que cuanto más cruel eres, más posibilidades de éxito tienes.

La obra juega entre las dos fisuras, la distopía y todos esos otros espacios que tienen que ver con la utopía y que no nos permiten habitar en este momento. Imagínate si creyéramos en la utopía de tirar todos los teléfonos y empezaran a aparecer grupos de personas que hicieran eso. Habría un problema frente a esta lucha cognitiva que estamos aceptando, como te decía. Por eso yo digo que la inteligencia artificial a mí no me da miedo, me dan miedo las personas. La inteligencia artificial es una estructura abstracta que responde a personas.

Hay un punto en donde la obra va a ir jugando con todas esas figuras que son la distopía, la utopía o la retropía, por ejemplo. Hay un montón de grupos ultras que están llevando a la gente a pensar que todo pasado ha sido mejor, cuando todo pasado ha sido mucho peor, es mucho mejor nacer hoy. Criar a un hijo hoy es la posibilidad de que pueda tener un montón de identidades que antes estaban prohibidas. A mí me golpeaban en el colegio y los profesores miraban con placer cómo me golpeaban por ser extremadamente sensible y, por momentos, femenino. Estaba bien golpear a un alumno en esa lógica. Hoy cualquier persona que tiene un teléfono en la mano ve que eso está mal, por más que tu grupo económico y político te diga que eso está bien, eso está mal. Es mucho mejor crecer en esta época. En esta época vemos la situación atroz que está pasando en este momento política en relación a todas estas locuras que está generando, entre otras personas, Donald Trump. Y estamos viendo que eso está mal. Hay un montón de gente que ve que eso está mal, se cayeron las máscaras, entonces es mucho mejor esta época, claro que es mucho mejor y confío en eso.

Empezaste a presentar esta pieza a finales del año pasado y en 2026 podríamos decir que el mundo es radicalmente diferente. Más vanidades, más marionetas, más discursos de odio y violencia. Y todo esto lo reproducimos a velocidad rápida, a 1.5 o x2. ¿La realidad acaba superando siempre a toda ficción?

Sí, bueno, porque hay una política del entretenimiento que es de anestesiamiento de la sociedad. Cuanta más sangre, más producción de violencia y estamos cada vez más acostumbrados a eso. Pasa con la situación que se está viviendo en Gaza, por ejemplo, la gente ve constantemente cosas e imágenes muy atroces, hasta que genera una anestesia, de alguna manera. Lamentablemente, desde nuestros Estados estamos apoyando guerras para que grupos económicos accedan a determinados intereses, diciéndonos que matando personas en Oriente Medio, por ejemplo, vamos a vivir mejor. Por eso es urgente, en esta era de la información, incentivar el sentido crítico.

Hay informaciones atormentándote con que está bien que Maduro no esté en el poder porque era una persona bastante controversial, pero el modo en el que sale es bastante extraño y peligroso para Venezuela, muy peligroso para Europa, muy peligroso para Latinoamérica, es un modo muy peligroso también para Asia y es un modo históricamente peligroso para África especialmente, que siempre ha vivido eso que hoy vemos en Venezuela. En ese sentido, me parece que hoy estamos complejizando ese sentido crítico y ojalá que sea así.

Matías Umpierrez en 'Play, Atlas del odio' / Dominik Valvo

"Casetes. Esculturas. Radios. Teléfonos. Personas. Rizoma de historias. Circo del abuso. Un atlas del resentimiento. El desgarro de un archivo sobre el odio". ¿Cómo se performea y escenifica eso?, ¿qué vamos a ver? Para descubrirlo, tendrás que darle al play y escuchar la entrevista. Si lo haces, nos preguntamos a qué Matías Umpierrez vas a escuchar. Si todo registro sonoro que escuchamos es una ficción, si nos representamos constantemente ante los demás. "La memoria es pura ficción", nos responde el artista. Dale al play.