Hoy por HoyLa mirada
Opinión

Adiós, ayatolá

Hace casi cincuenta años ya que llegaron esos clérigos ceñudos, enemigos de todo lo hermoso, que ahora por fin ven temblar su régimen con los jóvenes de hoy

Ignacio Peyró: "Adiós, ayatolá; vete al cuerno, hoyatoleslam"

Madrid

El sha le cambió el nombre de Persia a Irán para -justamente- hacerlo sonar más iraní, pero al pensar en los esplendores de aquel país, de aquella civilización, es difícil que no se nos venga a los labios la palabra Persia.

Cuando, en los años treinta, el viajero Robert Byron entra en cierta mezquita de Isfahán, queda deslumbrado. Al rato, anota que nunca ha encontrado interiores de belleza semejante: ni Versalles ni Schonbrunn, ni el Palacio de los Dogos ni la Basílica de San Pedro. Isfahán.

Casi desde que comienza el tiempo, en efecto, los persas inventan un lujo que cautivará a occidente: los jardines y el vino, la poesía, las geometrías mistéricas de las alfombras en lana o seda, o ese caviar de esturión salvaje cuya potencia de sabor llevaba al desvanecimiento. En fin, de Persia nos vinieron hasta el monoteísmo y algo parecido a un sistema postal.

En 1971, el entonces Sha celebró los 2.500 años de la fundación del imperio persa por Ciro el Grande con la mayor fiesta -todo champaña y codornices- que vieron los siglos. Por entonces los persas, chicos y chicas, bailaban, fumaban, se ponían minifalda e iban a la Universidad. Hace casi cincuenta años ya que llegaron esos clérigos ceñudos, enemigos de todo lo hermoso, que ahora por fin ven temblar su régimen con los jóvenes de hoy. Que ganen su ilusión, su libertad y su futuro. Adiós, ayatolá; vete al cuerno, hoyatoleslam.