"Aprender a respirar es una forma de cuidado mental": Nazareth Castellanos destaca el impacto de la respiración en el cerebro
La neurocientífica subraya que la forma en la que respiramos influye en la atención, la memoria y la regulación emocional, y advierte de que la mayoría de la población respira demasiado rápido y mal

'Neurociencia de café', con Nazareth Castellanos | Respiración y salud mental
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Madrid
La respiración no es solo un mecanismo de intercambio de oxígeno, sino un proceso estrechamente ligado al funcionamiento cerebral y a la salud mental. Así lo sostiene la neurocientífica Nazareth Castellanos en La Ventana, quien explica que la literatura científica actual recoge una sólida evidencia de que la respiración influye directamente en áreas neuronales relacionadas con la atención, la memoria, el olfato y las emociones.
Castellanos señala que tradicionalmente se ha entendido la respiración como un proceso de "purificación o limpieza del aire", pero afirma que hoy se sabe que el cuerpo es mucho más complejo. "La respiración refleja e influye en nuestro estado cognitivo y emocional", asegura, y añade que aprender a respirar correctamente constituye una forma de autocuidado mental.
Respiramos rápido y por la boca
La experta advierte de que gran parte de la población respira mal. Según explica, lo habitual es realizar entre 15 y 20 respiraciones por minuto, una velocidad excesiva para el cerebro. Ralentizar la respiración, indica, resulta saludable y tiene incluso un efecto analgésico.
Además, Castellanos subraya que muchas personas respiran por la boca en lugar de hacerlo por la nariz, lo que implica introducir aire menos filtrado y perder un mecanismo clave de organización cerebral. En sus palabras, la respiración nasal actúa como un "director de orquesta" que coordina la actividad neuronal.
La respiración como biomarcador
La neurocientífica destaca que la respiración puede entenderse como un biomarcador, ya que aporta información valiosa sobre lo que ocurre en el organismo y su reflejo en la salud mental. La respiración natural, conocida como eupnea, contiene datos relevantes sobre el estado del cerebro.
Castellanos explica que el ciclo respiratorio consta de tres fases. La primera es la inspiración, que activa áreas cerebrales vinculadas a la memoria, la atención y la percepción de uno mismo. La segunda es la exhalación, asociada a la regulación de redes emocionales. La tercera fase, la pausa o suspensión de la respiración, ha sido tradicionalmente olvidada, pero acaba de revelarse como uno de los periodos que más información aporta sobre la salud mental.
Ansiedad y amígdala
Una de las estructuras cerebrales más implicadas en la ansiedad es la amígdala. Castellanos indica que cuando su actividad se desmesura ante emociones desagradables, se produce una prolongación de la pausa tras la exhalación, lo que se conoce como apnea inducida por la amígdala.
Este fenómeno, explica, es reconocible en los suspiros, cuando la persona parece quedarse atrapada tras soltar el aire y le cuesta volver a inhalar. En esos casos, la amígdala retrasa la activación de los núcleos neuronales encargados de iniciar la inspiración.
Según expone Castellanos, la duración y el desorden de la pausa respiratoria están relacionados con la red cerebral de alerta, especialmente activa en situaciones de ansiedad. Cuanto más prolongada e irregular es esta apnea, mayor es el reflejo de ansiedad.
La investigación científica recomienda trabajar conscientemente la exhalación y su pausa para tratar trastornos moderados de salud mental. En este sentido, la Universidad de Tokio sugiere alargar lentamente la exhalación hasta hacerla más duradera que la inhalación, con el objetivo de reducir la ansiedad ante situaciones estresantes.
El valor del ritmo
La experta insiste también en la importancia de mantener un ritmo respiratorio regular. El cerebro, explica, se inquieta cuando no puede predecir la siguiente respiración y, por el contrario, se calma cuando percibe un patrón ordenado, "como la marcha de un reloj".
Castellanos concluye que prestar atención al cuerpo y a la respiración puede marcar una diferencia significativa en la forma de afrontar situaciones difíciles. Aunque instaurar hábitos no es sencillo, afirma que ralentizar la respiración ayuda a vivir con mayor dignidad el malestar, reduce la percepción del dolor y puede prevenir enfermedades, además de mejorar la salud mental.
Por último, alerta sobre la apnea del sueño y la mala calidad del descanso en gran parte de la población, un problema poco considerado pero con importantes repercusiones físicas y cognitivas.




