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Las horas de vuelo literario de Jesús Gallego con 'Náufragos del cielo'

La crónica literaria de un país y de un año, 1983, a partir de la tragedia aérea del vuelo 011 de Avianca que chocó el 27 de noviembre de aquel año contra el suelo de Mejorada del Campo en Madrid, a pocos kilómetros de su destino en el Aeropuerto de Barajas

Jesús Gallego aterriza en la Biblioteca de Hoy por Hoy con 'Náufragos del cielo'

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Madrid

La grandeza literaria de la novela Náufragos del cielo de Jesús Gallego (Roca Editorial) es que mete a los lectores en las cabinas de pasajeros y de mando de aquel Boeing 747 de Avianca que despegó de París y tenía como destino Madrid. Y estar dentro de ambos espacios del avión es sufrir porque (y esto no es spoiler), el final ya lo sabes, incluso antes de ponerte a leer. Y al conocer el trágico final del vuelo en Madrid, porque ya es historia de la aviación civil española, entiendes que los dos matrimonios suecos, que sueñan con llegar a Colombia tras la escala en Madrid, no conocerán a los dos hijos que acaban de adoptar.

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Tampoco la azafata María Elena Mendoza llegará a la fiesta de cumpleaños que su novio español ha organizado en la sala Rock-Ola en la madrugada de aquel domingo 27 de noviembre. Ni los cuatro prestigiosos escritores latinoamericanos que viajan desde su exilio parisino a un congreso literario en Bogotá podrán desarrollar o publicar todos los proyectos literarios de los que hablan durante las dos horas de vuelo entre la capital francesa y la española. Es una novela que disfrutas, pero que a la vez lees con un nudo en el estómago que se va endureciendo a medida que la moderna y sofisticada aeronave se va acercando al aeropuerto de Barajas.

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Así contó la SER el accidente de avión en Mejorada del Campo

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Este vuelo 011 de Avianca fue durante años conocido como "el vuelo de los escritores". Entre sus pasajeros estaban el peruano Manuel Scorza, el mexicano Jorge Ibargüengoitia, la argentina-colombiana Marta Traba y su marido, y también escritor, Ángel Rama. Manuel acababa de publicar La danza inmóvil, Jorge disfrutaba de su último éxito Los conspiradores, Marta acababa de ser informada de que su novela Conversación al sur había sido traducida al sueco y al noruego y Ángel, más que en novelas propias, estaría dando vueltas a su profesión de editor y a su gran peso como crítico literario.

Las últimas conversaciones

Volaban juntos y Jesús Gallego recrea en Náufragos del cielo las que pudieron ser sus últimas conversaciones. Pero también cuenta que "los cuatro portaban bolsos y carteras con libros, papeles, documentos, cuadernos y apuntes que tenían pensado leer, repasar, estudiar o escribir en el largo viaje que tenían por delante.

Llevaban consigo manuscritos inacabados, artículos apenas empezados, historias y reflexiones solo esbozadas que podrían crecer en esas horas, volando a miles de metros del suelo, dejando atrás la Europa que los había acogido para dirigirse a uno de los pocos países libres de su Latinoamérica, Colombia. Un congreso cultural había reunido en el mismo avión a cuatro grandes figuras literarias del momento y con ellas viajaban sus personajes, sus historias y sus ideas".

Y fuera de las cabinas hay otros protagonistas en la novela de Jesús Gallego, que es, por un lado, la historia de algo que no vimos ni nadie nos contó, lo que ocurría dentro del Boeing 747 de Avianca, y por otro, lo que pasaba en la aviación civil española y entre los controladores aéreos de la época.

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Así fue el accidente del vuelo 011 de Avianca que chocó contra el suelo en Mejorada del Campo en Madrid

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Es el momento en el que Náufragos del cielo se convierte en metáfora de un año y de un país, la España de 1983, la del primer año del gobierno socialista, la de aquellos jóvenes políticos que querían modernizar el país hasta el extremo de, como decía entonces Alfonso Guerra, "no lo conocerá ni la madre que lo parió". Y en este apartado entran en juego los controladores, que estaban una semana de huelga y otra también. ¿Con razón? Tras leer la novela y ver las condiciones en las que trabajaban, toda la razón, sobre todo por los medios.

En aquellos primeros ochenta la tecnología de la aviación civil era todavía dependiente de los últimos contratos del régimen anterior con empresas norteamericanas. Nos cuenta Jesús Gallego que algunas torres de control tenían aparatos y ordenadores desechados por Estados Unidos y que "procedían de la guerra de Corea".

Se hacían aterrizajes a ojo

No había sistemas de alerta para la aproximación de los vuelos ni de altitud, muchos aterrizajes se hacían a ojo, se confiaba todo a la experiencia y pericia de los pilotos o de los controladores. Y, si resulta difícil de creer, entre 1970 y 1985 en España "los aviones comerciales de pasajeros provocaron 1.759 muertos". Se llegó a normalizar que los aviones se estrellasen en un país que vivía del turismo.

Jesús Gallego va narrando en Náufragos del cielo todos los accidentes que se produjeron esos años en España. Eso ayuda a entender lo que va a ocurrir en el siniestro del vuelo de Avianca 011 aquella madrugada del 27 de noviembre de 1983. Tal cual se cuenta en la novela, la última comunicación entre los controladores de Paracuellos y de Barajas con el piloto es demoledora.

Transcribo: "ni el controlador de la torre ni el copiloto pidieron o comunicaron la posición del avión. El aparato, que sorprendentemente había girado a la derecha bastantes kilómetros antes de pasar por el VOR de Campo Real, estaba sobrevolando el término de Loeches y seguía descendiendo dirección Mejorada del Campo, pero en la Torre de Barajas no lo sabían.

Habían dado por hecho que, cuando desde Aproximación de Paracuellos les transfirieron el control de la aeronave, esta ya estaba conectada a una de las frecuencias de radiocontrol que guían la maniobra de aterrizaje, por lo que no había mayor inquietud".

Tres impactos contra el suelo

La inquietud llega cuando a las 01:06:19 de aquella madrugada salta la alarma en la cabina de mando, a pocos kilómetros del aeropuerto, cuando sobrevolaban, por error, el municipio de Mejorada del Campo (Madrid).

Ya era tarde. La aeronave más grande, moderna y confortable del mundo, aquel Boeing 747 de Avianca, tuvo tres impactos contra el suelo. En el tercero se giró y se incendió en una vaguada agrícola de Mejorada del Campo. A 12 kilómetros de su destino. 181 víctimas mortales, solo 11 supervivientes. Muchos sueños rotos, novelas sin escribir, bailes aplazados eternamente y horas de vuelos y control interrumpidas. Y lo peor, nos cuenta Jesús Gallego, tras una profunda investigación para esta novela, es que se podrían haber evitado con una tecnología adecuada a los tiempos. Este accidente, y todos los que se produjeron en aquellos 15 años fatales en los que los cielos españoles se convirtieron en un infierno.

Pepe Rubio

Pepe Rubio

Redactor guionista de Hoy por Hoy. Llevo a antena las secciones "Desmontando mitos" , "Viaje de ida"...

 

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