Trump, el año de la peineta
El gesto obsceno a un trabajador que le increpó condensa la concepción del ejercicio del poder que tiene el actual presidente de EEUU

El presidente de los EEUU, Donald Trump. / SHAWN THEW (EFE)

El próximo martes 20 de enero se cumplirá un año del retorno de Donald Trump a la Casa Blanca. Un año en el que, de puertas afuera, ha declarado la guerra arancelaria a medio planeta, ha bombardeado centrales nucleares de Irán, ha atacado Venezuela, ha capturado a Maduro y ha dejado al resto de su régimen al mando. Y ahora quiere anexionarse Groenlandia por las buenas o por las malas. Todo mientras reclama sin parar premio Nobel de la Paz. Esto de puertas afuera. De puertas adentro, es el presidente con la popularidad más baja en 70 años mientras el coste de la vida en EEUU sigue igual de disparado que en la etapa de Biden. Ha desplegado al ejército en varias ciudades gobernadas por demócratas, ha lanzado redadas contra inmigrantes en todo el país, ha intentado -y en muchos casos conseguido- someter a las universidades, a los bufetes de abogados, al mundo de la cultura, a los medios de comunicación, a los presentadores de los 'late-nights', etc.
No es fácil condensar este año de Trump, pero esta semana ha protagonizado un episodio que encierra en un solo gesto la concepción del poder que tiene el actual presidente de Estados Unidos. El pasado martes Trump fue a visitar una fábrica de Ford en Michigan. El presidente iba por una pasarela de la fábrica a media altura cuando, desde la planta inmediatamente inferior, un trabajador le gritó algo que a duras penas se entiende porque las cámaras y los móviles que grababan estaban lejos.
Le gritó "pedophile protector", protector de pedófilos. Trump lo oyó, se giró y, señalando con el dedo al trabajador, masculló dos veces "fuck you", "que te jodan". Acto seguido le hizo una peineta. Es un gesto que en España ya resulta ofensivo, pero en Estados Unidos está considerado como la bomba nuclear de los gestos obscenos.
Ese gesto, esa peineta, condensa todo lo que Trump y su manera de ejercer el poder han representado en este año desde que volvió a la Casa Blanca. El trabajador que profirió el grito se llama TJ Sabula, tiene 40 años y ha sido suspendido de empleo y sueldo. The Washington Post habló con él tras el incidente. Dice que no se arrepiente de nada y que le llamó "protector de pedófilos porque Trump está intentando tapar todo el escándalo de Jeffrey Epstein", el pederasta que fue su amigo íntimo y que se suicidó en la cárcel en 2019. De hecho, ese grito y el gesto de respuesta del presidente han sido objeto de análisis en todas las televisiones estadounidenses. Stephen Colbert es el presentador del 'late-night' con más audiencia. Dejará de serlo en mayo porque Trump pidió su cabeza a los dueños de la cadena y se la concedieron, no le renovaron el contrato. El grito del trabajador de Ford llevó a Colbert a hacerse esta pregunta: "¿Dónde están los papeles de Epstein?". Y recordó que Trump se comprometió a publicar esos documentos, que firmó en noviembre una ley para levantar el secreto de su contenido, algo que tendría que haber sucedido a mediados de diciembre. Sin embargo, un mes después apenas se ha publicado nada del contenido. Por eso -decía Colbert- "parece como si Trump fuera, ¿cómo era la frase? Un protector de pedófilos!"
El trabajador que gritó a Trump se describe políticamente como independiente, dice que no le ha votado nunca pero sí ha votado a otros candidatos republicanos. Asegura que "el destino no te sonríe a menudo, y cuando lo hace, más vale que estés preparado para aprovechar la oportunidad. Y fue lo que hice". El caso es que desde su grito el trabajador, a quien Ford le ha abierto expediente, ha recaudado más de 300.000 dólares en una plataforma de donaciones llamada "Gofundme".
La Casa Blanca ha reconocido la veracidad del episodio. Ha asegurado que "un lunático estaba gritando obscenidades" y que la respuesta de Trump fue "apropiada e inequívoca". La última vez que un mandatario estadounidense utilizó ese gesto fue hace 50 años. Nelson Rockefeller, entonces vicepresidente de Gerald Ford, hizo la peineta a unos estudiantes universitarios que le increparon en Nueva York en 1976.
Si hubiera que hacer una anatomía de ese instante en la fábrica de Michigan, ese dedo corazón enhiesto envasa el desprecio de Trump por todo aquello que se interpone en el camino de su voluntad o le sitúa ante el espejo de sus incoherencias. Ya sean jueces, periodistas, instituciones, países aliados o países rivales. Hace justo 10 años, en plenas primarias republicanas, Trump dijo que "mi gente es la más leal. Podría pararme en medio de la Quinta Avenida de Nueva York, disparar a alguien y no perdería ni un solo votante".
En este año, Trump ha podido ejercer un poder prácticamente sin límites, entre otras cosas, porque los republicanos controlan las dos cámaras del Congreso. En nueve meses y medio se celebrarán las elecciones de mitad de mandato. Entonces se verá si los votantes empiezan a poner algún freno a Trump, como señalan ahora las encuestas, o si su base sigue siendo tan leal como para validar el año de la peineta.

Miguel Á. Muñoz Encinas
He trabajado en todos los programas informativos de la SER (Hoy por Hoy, Hora 25, Hora 14, boletines...




