Execrable
La Real Academia de la Lengua define al execrable como “digno de execración”. Execración, a su vez, significa abominación, aborrecimiento, reprobación

Barcelona
Desde 1974 y cada cuatro años, coincidiendo con la Copa del Mundo de fútbol, un grupo de amigos jugamos un torneo en la playa. Como es lógico, llamamos a esos torneos los Mundiales. Ya se han incorporado hijos y pronto quizá nietos. Los veteranos tenemos un ojo puesto en el balón y el otro en el teléfono de la ambulancia.
El caso es que se trata de cuatro equipos y ganar no es lo más importante. Lo primero, por supuesto, es sobrevivir. Salir campeón también da bastante alegría. Aunque, más que ninguna otra cosa, lo que todos intentamos evitar es el último puesto. Porque cada jugador del último equipo recibe una medalla que le acredita como execrable.
La Real Academia de la Lengua define al execrable como “digno de execración”. Execración, a su vez, significa abominación, aborrecimiento, reprobación. Los sinónimos de “execrable” son los siguientes: abominable, aborrecible, maldito, detestable, odioso, repugnante, despreciable, nefando y, ya puestos, execrando.
Confío en que el próximo verano no me toque llevarme el título de execrable. Veremos. Pienso echar el bofe, pero si el destino me condena, prometo aquí y ahora ofrecerle mi medalla a Donald Trump. Ya sé que, como el Nobel de la Paz, es intransferible. Qué más da. Como el Nobel de la Paz, la medalla es redonda, dorada y reluciente. Y, a diferencia del Nobel de la Paz, esa sí se la merece Trump.
Si Trump quiere venir y ganarla por sí mismo, está invitado. Que envíe a los Delta Force y les digo lugar y fechas.
Ya lo sabes, Donald: execrable. Aborrecible, abominable, etcétera.
Me llamo Enric González. Les deseo un feliz fin de semana, si la Casa Blanca lo permite y el tiempo no lo impide.




