Punto de Fuga
Internacional

Los ataques y el bloqueo de la ayuda en Gaza no impiden a Trump inaugurar la segunda fase del plan de paz

El equipo de Médicos Sin Fronteras en Gaza denuncia la falta de suministros y personal durante un supuesto alto el fuego que Israel no está respetando

Dos niños se asoman por un edificio parcialmente destrozado en Gaza. / Anadolu

Estados Unidos ha dado por inaugurada la segunda fase del plan de paz para Gaza, a pesar de que Israel sigue incumpliendo la primera. En los últimos tres meses no ha habido un verdadero alto el fuego. Más de 400 palestinos han sido asesinados. “Se siguen produciendo ataques a la población”, como ha podido constatar Rocío Simón, del equipo de Médicos Sin Fronteras en la Franja de Gaza. Aunque reconoce que son “más esporádicos que en el pasado”, siguen viendo muertos y condiciones de vida infrahumanas.

“Las personas siguen viviendo en asentamientos improvisados con plásticos”, cuenta. Por eso temen las consecuencias de la llegada del invierno. Cada día ven de camino a los centros de salud y hospitales que apoyan un panorama “desolador”. El viento y las olas del mar se llevan los precarios refugios que ha construido la gente. Además de a los heridos de los ataques, atienden en los hospitales cada vez más casos de enfermedades respiratorias por el frío. “Han subido mucho las neumonías, las infecciones respiratorias de los niños y de las personas más débiles por vivir en las condiciones en las que viven”, explica Simón.

También ven muchas enfermedades de la piel y diarreas por las malas condiciones sanitarias. El hacinamiento en las tiendas favorece la transmisión de este tipo de infecciones y, como recuerda la trabajadora humanitaria, “no hay acceso al agua, salvo para los niños que hacen colas y las personas que van cada día a los puntos de distribución”.

Arde Irán

La ayuda humanitaria tampoco ha llegado de forma suficiente. Es otra señal del incumplimiento del mal llamado alto el fuego. Según Simón, que también estuvo en Gaza hace un año, aunque entran muchos convoyes, pero son camiones comerciales. Por eso dice que “no está entrando la cantidad y calidad de ayuda humanitaria que haría falta para cubrir todas las necesidades de las personas”.

Siguen sufriendo restricciones de ciertos materiales que son vetados, porque todo se somete a un riguroso eh filtro en la frontera e Israel es quien decide qué entra y qué no. Les prohíben introducir todos los elementos que Israel considera “de doble uso”, explica Simón. “Estamos hablando de cosas tan básicas como ciertos detergentes o cloro para el agua y para todas las actividades que se llevan a cabo en un hospital para la higiene o para intubar y tener a los pacientes con ventilación o hacer exámenes más sofisticados”. No tienen tampoco suficientes recambios para las tiendas de campaña y refugios. Han llegado menos de la mitad de los materiales que estaban previstos.

Mientras tanto, Israel ha seguido incrementado la presión sobre las oenegés y los trabajadores que están prestando algún tipo de ayuda a la población palestina, tanto en Gaza como en Cisjordania. “Nos está afectando directamente, porque estas nuevas normas de registro que Israel implementó para las organizaciones internacionales están poniendo una amenaza el continuar con nuestras actividades aquí”, lamenta Rocío Simón. Teme consecuencias devastadoras si se impide a organizaciones como Médicos sin Fronteras acceder y prestar servicios esenciales a una población cuyo sistema sanitario está destruido.

Entre las presiones que sufren, ya notan los cortes en la entrada de medicamentos. Desde el 1 de enero se han cortado sus suministros y se ha prohibido la entrada de personal internacional, por lo que no tienen compañeros que puedan sustituirles. “El personal que estamos ahora mismo dentro de la Franja de Gaza es el personal con el que se puede contar hasta nuevo aviso”. Esta incertidumbre aumenta su preocupación y cansancio.