Acompañar y no preguntar, evitar imaginar el futuro: las claves de un psicólogo para tratar a las víctimas de tragedias como la de Adamuz
Juan Antonio Galiani explica en 'La Ventana' cómo se gestionan el duelo, la incertidumbre y el miedo tras una tragedia como el accidente de trenes de Adamuz


Madrid
Tras una tragedia como el accidente de Adamuz, las primeras respuestas no pasan por la terapia ni por la interpretación de lo ocurrido, sino por la protección. Así lo explica Juan Antonio Galiani, psicólogo sanitario y forense y director del Centro Psicosanitario Galiani, que analiza en La Ventana cómo se acompaña emocionalmente a supervivientes, familiares y comunidades golpeadas por un suceso traumático.
Supervivientes: proteger antes que interpretar
Galiani subraya que una persona que sobrevive a una tragedia no llega emocionalmente rota, sino desbordada. "Ha vivido una amenaza real para su vida y su cuerpo está en modo supervivencia", señala. En esas primeras horas, insiste, no hay espacio para analizar ni para reconstruir el relato de lo sucedido.
El psicólogo advierte de que pedir a los supervivientes que cuenten lo ocurrido puede aumentar el impacto del trauma. "No es acompañar, es invadir", explica, y defiende mensajes simples y claros como "esto ha pasado" y "estás a salvo", necesarios para que el cuerpo empiece a salir del estado de alarma.
En ese acompañamiento inicial, el silencio y la presencia son elementos clave. "Hay que respetar cualquier reacción", afirma, recordando que no existen respuestas incorrectas ante una experiencia que excede la capacidad normal de comprensión y gestión emocional.
Desaparecidos: cuando la mente se adelanta
En los casos de familiares de personas desaparecidas, Galiani explica que el sufrimiento adopta otra forma. La mente, dice, necesita cerrar finales y, cuando no los tiene, los inventa. "No lo hace porque sea débil, sino porque el cerebro necesita certezas", apunta.
El problema, añade, es que el futuro no es un lugar habitable. Anticipar hipótesis constantes genera un desgaste extremo. "El presente puede ser difícil, pero es manejable; el futuro lleno de posibilidades es insoportable", resume.
Fragilidad y comunidad
Lejos de observar estas reacciones como signos de debilidad, Galiani defiende que forman parte de la condición humana. "Estar vivo implica estar expuesto", señala, y considera que este tipo de tragedias nos recuerdan la fragilidad compartida.
En ese sentido, destaca la respuesta colectiva del pueblo de Adamuz, cuya empatía y solidaridad califica de ejemplar. "La ayuda nace cuando comprendemos que esto nos podría haber pasado a cualquiera", afirma.
Aprender a integrar el trauma
Galiani recuerda su experiencia como uno de los profesionales de la salud mental que en 2005 viajaron a Nueva York para estudiar las diferencias entre el impacto emocional del 11S y del 11M. Según explica, la mayor capacidad de recuperación emocional en Madrid estuvo relacionada con la solidaridad y la comunicación colectiva en los meses posteriores, frente al silencio vivido en Nueva York.
Aunque reconoce que la sociedad se está acostumbrando a reaccionar ante tragedias de este tipo, advierte de que quienes las viven de cerca no las olvidarán. El reto, concluye, es integrar la experiencia como algo ocurrido en el pasado, sin revivirla constantemente ni permanecer en estado de alarma.
"La solidaridad no niega el sufrimiento", resume Galiani, "pero impide que el sufrimiento tenga la última palabra".




