Los mismos que hicieron lo que hicieron con la DANA vuelven a hacerlo con el accidente de Adamuz
Además del duelo, hay que combatir la mierda, los bulos y el odio que se esparce por las redes sociales tras una tragedia

Si viviéramos en un país menos contaminado por esa corriente de odio que amenaza con enfangarlo todo, después de una tragedia como la de Adamuz estaríamos —el país, digo— todos solo a dos cosas. A contar historias: las de quienes han muerto y las de quienes han sobrevivido; los voluntarios, el trabajo brutal de los equipos de emergencia, la solidaridad de los vecinos, la niña que ha perdido a su familia, el hombre del quad que trasladó heridos, el apoyo a los familiares, el duelo.
Eso estaríamos contando, y lo estamos haciendo. Y, desde luego, estaríamos apretando para conocer cuáles han sido las causas reales del accidente, que también lo estamos haciendo. Con periodistas preguntando, responsables investigando y medidas como la que acabamos de avanzar: reducir la velocidad en la línea Madrid-Barcelona para revisar, no sea que hubiera problemas de seguridad. No puede pasar mucho tiempo sin que haya respuestas, y respuestas claras, a lo que ha ocurrido.
Pero además de estas dos cosas, resulta que hay que ocuparse también de la mierda, de los bulos y del odio que se esparce por las redes sociales y que no hace otra cosa que sembrar sospechas y encabronar al personal.
Ahora que los grandes partidos parecen tranquilitos y las administraciones coordinadas, ahora que se mantiene de momento una especie de tregua —veremos cuánto dura—, los mismos que hicieron lo que hicieron con la DANA vuelven a hacerlo con el accidente de Adamuz. Todo lo que huela a antisanchismo contra el Gobierno, xenofobia o discurso contra la inmigración es bienvenido en ese universo ultra.
Un ejemplo, que puede parecer pequeño, pero es muy significativo. Valentina Raffio es una compañera del Periódico de Catalunya que la noche del accidente publicó un mensaje en la red social X ofreciendo alojamiento a quienes se habían quedado tirados en Atocha, por si les hacía falta. Un gesto de solidaridad, como el del hombre de la furgoneta que transportó a un grupo de personas hasta Córdoba.
Hasta aquí, todo normal. Solidaridad, algo hermoso. Hasta que Valentina se ve obligada a borrar el mensaje y lo explica de la siguiente manera: "Me veo obligada a borrar el mensaje, primero porque me consta que muchos de los afectados han podido volver a casa en autobús y, segundo, porque —para sorpresa de nadie— el tuit ha llegado a ciertos grupos radicales y estoy empezando a recibir mensajes en los que hay gente que me desea que se me meta un inmigrante en casa, que me folle un marroquí o que me pase algo porque mi instinto de supervivencia está off".
Y ella concluye diciendo que "hay que tener el corazón muy podrido para sacar a pasear la xenofobia en momentos así". Yo diría cosas peores, pero bueno, ya se entiende.




