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Omar Rueda, psicólogo: "Un psicópata empeora en terapia porque aprende a manipular mejor"

El experto en trauma por abuso narcisista defiende que el narcisismo está de moda y que vivimos la eclosión de un fenómeno que empezó en los años 80. La mala noticia: que no se cura

"Los psicópatas en terapia empeoran: aprenden a manipular mejor"

"Los psicópatas en terapia empeoran: aprenden a manipular mejor"

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El psicólogo Omar Rueda, experto en trauma por abuso narcisista, acaba de publicar Los narcisistas que nos rodean: psicópatas encubiertos (RBA) para explicar, por ejemplo, que una personalidad con rasgos narcisistas se puede trabajar en terapia, pero que un narcisista, y mucho menos un psicópata, no se cura. Es un tipo de personalidad y eso no cambia. Es más, en terapia empeoran, porque aprenden a manipular mejor. Especialmente los psicópatas encubiertos, que son más inteligentes que los clásicos y son capaces, incluso, de adoptar una personalidad humilde y rodearse de un entorno mediocre para pasar desapercibidos y así lograr sus fines de forma más eficaz.

El tema del narcisismo es especialmente relevante hoy en día porque vivimos en una sociedad en la que una cierta dosis de narcisismo (una alta autoestima, una defensa combativa del propio interés) se ha convertido en una estrategia de supervivencia, una sociedad en la que el egoísmo, el egocentrismo y la egolatría no conllevan castigo social y triunfan perfiles con evidentes rasgos de narcisismo grandioso, como el de Donald Trump. Omar Rueda va más allá y sostiene que, si el siglo XIX fue el de la histeria y el XX el del trauma, en el XXI está eclosionando el narcisismo.

¿Y cómo defenderse de estas personas? Identificándolos, poniendo límites y restableciendo nuestro propio relato, nuestra propia narrativa, para recordar quiénes somos fuera del marco de manipulación creado por el narcisista.

Cómo identificar a un narcisista

"Todos los psicópatas son narcisistas, pero no todos los narcisistas son psicópatas", explica Omar Rueda para ayudarnos a distinguir a un psicópata de un narcisista. El ejemplo que nos viene a todos a la cabeza es el de Donald Trump, un narcisista grandioso que ha llegado a lo más alto: "Es el rey bufón. De alguna forma, este [el grandioso] se vanagloria de su sadismo, de la dominación, de como conflictúa. Es el centro del show, de los focos. Este perfil está cada vez mejor visto, porque se está normalizando como punto de referencia".

Hay rasgos narcisistas, que derivan de heridas narcisistas que todos podemos padecer. Pero Rueda cree imprescindible distinguir eso de lo que es un trastorno narcisista de la personalidad: "Hablamos de un trastorno que es egosintónico, es decir, que la persona es consciente de lo que hace, pero no ve problema en ello. El problema está en los demás, porque no tiene capacidad de empatizar con el sufrimiento ajeno. El perfil narcisista se compone por las tres "es": es egoísta, solo piensa en sus intereses; es ególatra, se cree más importante que los demás y es egocéntrico, todo tiene que orbitar a su alrededor y busca la validación constante".

"La admiración constante", señala, "es un proceso que usan para depredar, para manipular a sus víctimas. Son parasitarios en su forma de depredación, cosa que viene de un trauma de infancia. Es un trastorno que viene de un trauma "El psicópata, sin embargo", diferencia el psicólogo, "es una condición natural de la persona". "Es algo más innato que no da el ambiente. Evidentemente, puede modular en su manifestación, pero la psicopatía es algo más biológico", explica.

Otra diferencia entre el narcisista y el psicópata es que el psicópata es sádico, es consciente de lo que hace y sabe que hace daño. "Y esto le alimenta. La diferencia es esta búsqueda del poder, la inducción a creencias, la creación de narrativas alrededor de la víctima para manipularla y para robarle la identidad", describe. Suena terrorífico y más si, como cree Omar Rueda, hay más de los que pensamos y saben camuflarse muy bien. En cualquier caso, como él mismo apunta, "aunque sean siete por cada cien habitantes, esos siete valen por cuarenta".

El narcisista no está solo: tiene "monos voladores"

Aitana Castaño, Nacho Carretero y Ángels Barceló, ante el panorama que pintaba Omar Rueda, se quitaban la palabra de la boca para hacer preguntas. ¿Cómo influyen en el grupo? ¿Qué tipo de víctimas escogen? ¿Cómo son capaces de dormir por la noche? ¿Acaso todos los poderosos son psicópatas? Aquí Omar Rueda daba una respuesta subjetiva, no clínica, porque él sospecha que sí, que los puestos de poder, a todos los niveles y en todos los ámbitos, están ocupados por psicópatas. Y explica que, para que un psicópata llegue a puestos poderosos necesita a su alrededor, no solo a víctimas, sino a colaboradores, a personas que, en el mundo de la psicología, se han dado en llamar "monos voladores", como los que obedecían las órdenes de la Malvada Bruja del Oeste.

Muchos de estos colaboradores, según Rueda, la mayoría, no saben exactamente lo que están haciendo y qué dinámicas tóxicas están validando. "La mayoría entra en la narrativa desde la desviación cognitiva, desde la manipulación, desde esta premisa que utilizan la mayoría de estos perfiles de 'o estás conmigo o estás contra mí'. Todo está muy polarizado para ellos, pero hay muchas personas que por miedo, por facilidad, por ignorancia, a veces se posicionan al lado del más fuerte y van dejando aislado al perfil que en principio es el más débil".

Es duro saber que muchas veces sus víctimas identifican la estafa emocional de la que han sido objeto, y el perfil del psicópata, cuando el daño ya está hecho. Y es mucho el daño. Para cuando logras salir de esa dinámica de abuso emocional, detalla el psicólogo, "como víctima, has perdido tu identidad, tu autoestima, tu autonomía y tu red de apoyo; estás realmente en un agujero negro".

El narcisismo de los 80 y 90 eclosiona ahora

De ahí es de donde Omar Rueda ayuda a salir a sus pacientes. No siempre es posible recomendar el contacto cero a las víctimas, porque puede que el abusador sea el padre de sus hijos, o su propio padre, pero siempre recomienda tener claro cuáles son los límites de cada uno y afianzarse en ellos.

"Distanciarte, en la medida de lo posible, es ponerle nombre a lo que te ha pasado y explicar tu verdad. Es un derecho fundamental y además es lo que rompe la disonancia cognitiva. No es preciso confrontar directamente con el narcisista, sino hacerlo con el entorno, contigo mismo, es decir, recuperar esa narrativa identitaria que nos ha sustraído. Y aprender a superar la confusión para poder contarlo. Ahora hay mucha divulgación y por suerte la psicoeducación está a la orden del día, pero antes era más complicado," celebra el psicólogo.

A todos nos preocuparía tener una pareja, un familiar, un superior, con rasgos psicópatas o narcisistas, pero aún más doloroso sería tener un hijo o hija así. Más aún si tenemos en cuenta que son perfiles, como indica Rueda, cada vez más prevalentes: "Es un síntoma cultural que ha eclosionado ahora, pero que se gestó en los 80 y los 90. La generación de niñas y adolescentes de esa época vivimos un cambio radical a todos los niveles. Somos la generación bisagra. Vivimos entre dos mundos, el viejo mundo y el nuevo. Mucha gente, muchos niños, vivieron más solos que nunca. Tuvieron que hacer frente a nuevos códigos, a una globalización brutal, a cambios tecnológicos, sin que nadie les acompañara en eso. Y, en consecuencia, muchos se fueron a una neurodivergencia. Tuvieron que crear e interpretar el mundo desde su propia historia. Y otros se fueron hacia esa protección narcisista donde el yo es el punto de referencia".

Para evitar criar niños con rasgos narcisistas, Omar señala que hay que evitar "la sobreprotección enfermiza" y el "narcisismo familiar interiorizado". Recomienda vigilar sobre todo la adolescencia, la época en la que cristaliza la personalidad.

Los psicópatas no eligen necesariamente un perfil de víctima, sino que la escoge por lo que necesite en ese momento: "El narcisista no te elige por quién eres. Te elige por lo que le puedes dar. Si busca poder, si tienes poder, te buscará. Si busca sexo, sexo, si busca que le halagues y que le llenes el ego, pues hacia ese lugar". Ojo, por tanto, con perfiles empáticos, sensibles, con perfiles muy inteligentes o con personas que padecen un trastorno límite de la personalidad: "Son personas que viven muy fuerte las emociones, o la culpa. Se autocastigan muchísimo porque al final son muy conflictivos y claro, cuando caen con un narcisista el nivel de manipulación, de distorsión es mucho más elevado y un narcisista se alimenta mucho del sufrimiento del que sufre trastorno límite de personalidad".

El tramo, que ha comenzado con un corte de la película American Psycho, que cristalizó en la imaginación de muchos esa imagen del psicópata a quien su falta de empatía ayuda en el camino hacia el éxito, termina hablando de violencia. Para la mayoría de los psicópatas encubiertos se queda en violencia simbólica.

Un narcisista no se cura, y un psicópata tampoco

"El clásico sí que llega a la violencia porque es muy impulsivo. Son los que están en la cárcel. Y hay una diferencia entre el clásico y el encubierto. El clásico tiene una inteligencia por debajo de la media. Aunque se cree muy listo, no lo es. El encubierto sí que tiene un CI bastante elevado y por ahí ha aprendido a trasladar esa necesidad de no hacer daño o esa impulsividad. Sin embargo, cuando se le contradice, cuando no salen las cosas como él quiere, llega la violencia".

Como experto en procesos de acompañamiento y recuperación de vínculos traumáticos, Omar Rueda advierte de que el psicópata, a diferencia del narcisista, se alimenta del sadismo emocional: "Él quiere que tú llegues a un punto donde te culpes tanto que casi agradezcas el maltrato que estás recibiendo, que llegues a aceptar que mereces ese castigo. Quiere llegar a ese punto de ruptura interna". Está en nuestra mano impedirlo, aunque no es fácil, porque suele someter a sus víctimas a una campaña previa de difamación encubierta, en previsión de ese momento de descubrimiento de la máscara, para que la narrativa global vaya en contra de la persona que está señalando. Todos están manipulados.

Y si el psicópata, como decíamos, no se cura sino que, en terapia, empeora, porque adquiere más y mejores herramientas de manipulación y narrativas mejores, más convincentes y más empáticas. ¿Cuándo acaba su historial de manipulaciones? Normalmente, admite Rueda, al final de su vida, cuando ha perdido su poder, su atractivo, su magnetismo. Muchas veces, se ha quedado solo: sus monos voladores han volado lejos, y sus víctimas también.

Eva Cruz

Eva Cruz

Redactora en el magazine de 'Hoy por Hoy' desde 2017.

 

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