Mucho más que cine quinqui
Gaizka Urresti aspira a su tercer Goya con su documental Eloy de la Iglesia, adicto al cine
El próximo 23 de marzo se cumplirán 20 años de su fallecimiento, pero la figura y el cine de Eloy de la Iglesia parece más vivo y actual que nunca. “Sí, es curioso que hayan coincidido en el mismo año películas que tocan el tema de la entrada de la heroína en España y como asoló a una generación, como Romería, El último arrebato o Golpes”, explica el director bilbaíno Gaizka Urresti. “Se han cumplido cincuenta años de la muerte de Franco y tenemos suficiente distancia para mirar ese momento sin nostalgia, porque eran tiempos muy duros”, añade.
Pero en el documental Eloy de la Iglesia, adicto al cine, candidato al premio Goya en su categoría, Gaizka Urresti no solo repasa el cine quinqui de Eloy de la Iglesia, películas como Colegas, Navajeros, El Pico o La estanquera de Vallecas, donde la droga está muy presente, sino toda la trayectoria cinematográfica de este realizador vasco tildado como maldito. “El cine de su primera época, antes de la muerte de Franco, con títulos como La semana del asesino, Nadie oyó gritar o Una gota de sangre para morir amando, es menos conocido, pero es muy interesante visto hoy en día porque explica muy bien su trayectoria y la evolución de su carrera”, sostiene Gaizka Urresti. “Muestran cómo iba cambiando el país y como él se iba adaptando en función de las posibilidades que había. Además, son películas que dicen mucho de él mismo. Para él el cine es una forma de expresarse y de explicarse. Él se sentía especialmente reprimido por ser gay y quería manifestar claramente su homosexualidad y esas películas, que fueron muy censuradas, como La semana del asesino, esconden una carga de represión fortísima”, explica el cineasta.
Luego, después de la muerte de Franco, con la Transición política, Eloy de la Iglesia abrazó desaforadamente la libertad creativa. “En películas como El sacerdote, Los placeres ocultos o La criatura quiso contar todo lo que no había podido contar en los años anteriores. Él mismo dice que estaban escritas antes de la muerte de Franco, pero que era imposible hacerlas. Y quizás esa eclosión de libertad que supuso la Transición le llevó a excesos narrativos o expresivos que hay que entender en ese contexto”, explica Urresti.
Eloy de la Iglesia nació en Zarauz en 1944. Quiso matricularse en la Escuela Oficial de Cine, pero su solicitud, al no haber cumplido los 21 años, fue rechazada y aprendió a dirigir cine de manera autodidacta. “En ese proceso autodidacta seguramente cometió muchas torpezas”, admite Urresti. “Yo creo que, aparte de estas carencias en formación, él quería llegar al público para transformar la sociedad, para decirnos oye, mira lo que está pasando, mira todos estos problemas que hay con la represión, mira la violencia que está en las calles”, explica. Eloy de la Iglesia ingresó en el Partido Comunista a mediados de los años 60. En 1979 dirigió El diputado, protagonizada por José Sacristán, la historia de un parlamentario comunista que ve cómo su homosexualidad se convierte en un impedimento para liderar su partido. “Es uno de los temas que más me interesó y quizá es la película al que más tiempo le dedicamos en el documental”, cuenta Gaizka Urresti. “A veces pensamos que la izquierda siempre ha estado en la defensa de los derechos individuales de las personas y no es así. Para el Partido Comunista lo importante era la liberación de la clase obrera, no del individuo y entonces no aceptaba la diversidad sexual. Aún hoy en día hay capas de la sociedad, incluso en la misma izquierda, que no la admiten”, dice el director.
En el documental se cuenta, por su puesto, como el director se convirtió en un adicto a la heroína; los años en los malvivió durmiendo incluso en la calle y cómo volvió al cine para dirigir en 2003 la que fue su última película, Los novios búlgaros. “Yo creo que hay cineastas que, de alguna u otra manera, han continuado el legado de Eloy de la Iglesia”, admite Gaizka Uresti. Por ejemplo, Arantxa Echeverría en Carmen y Lola. Los primeros quince minutos de Maspalomas me parece una película muy de De la Iglesia. Eduardo Casanova que admite que es fan de su cine, pero no, no es fácil encontrar referentes actuales”.
Lo que sí hay es un público joven que descubre el cine de Eloy de la Iglesia. “Sobre todo sus películas quinquis”, admite Gaizka Uresti “Quizás les atrae la idea de la libertad, de expresarse libremente, sin tapujos. La idea de la transgresión en una sociedad actual en la que nos autocensuramos, en las que somos tan políticamente correctos. Estas películas, en cambio, son tan directas que yo creo que les sorprenden. Y luego yo creo que sus películas, aunque puedan parecer formalmente no muy elaboradas, narrativamente están muy bien construidas y son muy entretenidas. Películas como El Pico me parece que están muy bien contadas, con giros y transformaciones en los personajes, con sorpresas en el guion y eso sigue funcionando”.
El próximo 28 de febrero, Gaizka Urresti volverá a la ceremonia de los Goya. Ya ganó el premio en 2014 por el cortometraje Abstenerse agencias y en 2023 por el documental Labordeta. Un hombre sin más y, aunque reconoce que en esta ocasión la competencia es durísima con títulos como Tardes de soledad, Flores para Antonio, Todos somos Gaza o The Sleeper. El Caravaggio perdido, no pierde la esperanza. “Vamos a ver qué pasa. Este año ha sido impresionante en la categoría de documental. Estamos hablando de la película de Albert Serra que ha optado al Premio Europeo del cine y que fue Concha de oro en San Sebastián o el de Antonio Flores que ha tenido una taquilla estupenda. No, no está barato”, admite. De momento, Eloy de la Iglesia, adicto al cine ahí está, entre los cinco finalistas.