Hora 25Entrevistas
Salud y bienestar

El negocio del examen MIR: un ecosistema perverso para trabajar en la sanidad pública

Más de 16.000 aspirantes compiten por 9.000 plazas en un examen que mueve millones de euros y cuya preparación depende casi por completo de academias privadas

El negocio del examen MIR: un ecosistema perverso para trabajar en la sanidad pública

Madrid

Faltan apenas dos días para que más de 16.000 estudiantes de Medicina se enfrenten al examen MIR, la prueba que decide su futuro profesional dentro de la sanidad pública española. 9.000 plazas en hospitales y centros de atención primaria para más de dieciséis mil aspirantes: una proporción que convierte la prueba en una carrera de fondo, marcada por la presión, la incertidumbre y una preparación que, en la práctica, pasa casi siempre por la enseñanza privada.

El MIR no es solo un examen. Es el filtro que permite acceder a la formación sanitaria especializada y, para muchos, el paso imprescindible para ejercer como médico en España. Sin embargo, el camino hasta ese día está cada vez más condicionado por un sistema paralelo que mueve millones de euros y que cuestiona la equidad en el acceso a la profesión.

Tres sustantivos que lo dominan todo

Hay tres nombres propios importantísimos para comprender la preparación previa al examen. AMIR, CTO y MIR Asturias. Son los tres nombres que cualquier estudiante de Medicina conoce casi desde el primer día de carrera. Estas academias privadas monopolizan la preparación del MIR y se han convertido en una pieza casi imprescindible del proceso.

Aunque no es obligatorio matricularse en una de ellas, los propios estudiantes reconocen que afrontar el examen sin su apoyo es asumir demasiados riesgos. Mario Fuentes, alumno de sexto de Medicina en la Universidad de Extremadura, lo resume con claridad: en su curso son 120 alumnos y todos, sin excepción, están matriculados en alguna academia. "Para la mayoría nos resulta imprescindible", asegura.

Más información

Teresa Serrano, estudiante de quinto en la Universidad Autónoma de Madrid y presidenta del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina, va más allá: dice no conocer a ningún aspirante al MIR —ni entre quienes se preparan ahora ni entre quienes ya se han examinado— que no haya pasado por una academia privada.

Sin temario oficial

La dependencia de estas empresas tiene una explicación clara. A diferencia de otras oposiciones, el MIR no cuenta con un temario público y oficial que sirva de guía a los aspirantes. No hay un documento de referencia que delimite con precisión qué estudiar y qué no. En ese vacío es donde han crecido las academias, que ofrecen materiales propios, esquemas, simulacros y una metodología diseñada específicamente para el examen.

Los cursos rondan los 4.000 euros y suelen incluir clases presenciales u online, baterías de preguntas y simulacros periódicos. Los estudiantes valoran la calidad de la formación, pero el precio supone una barrera importante.

Si se multiplican esos 4.000 euros por los más de 16.000 aspirantes que se presentan este año, el resultado es un negocio que supera los 50 millones de euros en una sola convocatoria.

Un sistema sin ayudas

Las academias ofrecen algunas becas, pero están dirigidas principalmente a los mejores expedientes académicos, algo que también les interesa como reclamo. Para el resto, existen facilidades de pago o descuentos por matrícula anticipada. Lo que no hay son ayudas públicas que garanticen el acceso a la preparación a estudiantes con menos recursos económicos.

Los alumnos denuncian que esta situación genera desigualdad: quien no puede pagar una academia parte con desventaja en un examen que decide su futuro profesional. A esto se suma una competencia feroz entre las propias academias, cada vez más agresivas en la captación de alumnos. La promoción empieza antes incluso de terminar la carrera y llega por todos los canales posibles: redes sociales, congresos, publicidad directa y presencia en las propias facultades.

Un ecosistema perverso alrededor del examen

El negocio del MIR no termina en las aulas. A su alrededor ha surgido todo un ecosistema de servicios paralelos. En Oviedo, donde se encuentra la sede principal de MIR Asturias, existen empresas especializadas en buscar alojamiento para los aspirantes que se desplazan durante meses para preparar el examen.

Ante este panorama, los estudiantes reclaman soluciones estructurales. Una de ellas es la creación de una academia pública que garantice la igualdad de oportunidades. Otra, más inmediata y asumible, es la elaboración de un temario oficial que permita preparar el MIR con mayores garantías sin depender exclusivamente de entidades privadas.

El Ministerio de Sanidad ve viable la idea del temario público a raíz de declaraciones recientes de la ministra Mónica García en las que abría la puerta a esta posibilidad. Sin embargo, por ahora no se ha empezado a trabajar en él y la opción de una academia pública no parece cercana.

Las academias, por su parte, han evitado pronunciarse: MIR Asturias declinó participar y AMIR y CTO no respondieron a las solicitudes de información, ha afirmado Molina.

Una odisea para los médicos que llegan de fuera

El examen es también la puerta de entrada para miles de médicos formados fuera de España. El año pasado, el 40% de los aspirantes procedía de universidades extranjeras. Una de las que logró plaza es María Princesa Ramos, hoy médica de Atención Primaria en Cáceres, que ha contado su experiencia en el programa dirigido por Aimar Bretos.

Ramos explica que el primer año de residencia es especialmente complejo. "Es un año de adaptación, una montaña rusa de emociones. Pero merece la pena y la formación es excelente" , cuenta. Antes de obtener plaza MIR, trabajó como médica en España durante la pandemia y ejerció también en Venezuela, su país de origen. Ahora afronta cuatro años de formación especializada.

Sobre si debería tenerse en cuenta la experiencia previa en otros países, considera que sí, aunque matiza que los protocolos y el sistema sanitario son distintos. "La medicina es global, pero aquí en España los protocolos son distintos, ya que se adecúa mucho a la genética de cada persona", señala.

Para presentarse al MIR es imprescindible tener el título homologado. En su caso, el proceso duró un año y tres meses, aunque reconoce que hay compañeros que han esperado más tiempo, dependiendo del país y la universidad de origen. "En comparación con otros compañeros, he tenido buena suerte. Hay universidades en las que se tarda menos", ha concluido.