Los consejos de Manuel Vicent a Juan José Millás para ser un viejo soleado
Millás quiere ser un buen viejo, como Vicent. Vicent no piensa mucho en ello pero tiene unas cuantas cosas claras.

Los consejos de Manuel Vicent a Juan José Millás para ser un viejo soleado
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Madrid
Juan José Millás cumple 80 años, Manuel Vicent está dos meses de los 90. Se sientan frente a frente calibrando qué clase de viejo es cada uno. "Pues tú estás muy bien. Tú mejor. ¿Alguna vez te has roto la cadera? No, pero hago yoga. A mi es que la gimnasia no me hace músculo…" Y así hasta que empieza la “musiquita” que Javier del Pino eligió para que cada domingo empezaran a conversar. Entonces dejan de ser dos viejos hablando de lo suyo para convertirse en dos grandes escritores reflexionando sobre el paso del tiempo. A ninguno de los dos les apasiona hablar del tema. Según Manuel no hay nada que más le joda a un viejo que remover la edad. Juanjo se siente como en un circo: ¡Señoras y señores, pasen y vean: dos viejos!... La idea es que Manuel le muestre a Juanjo la senda a seguir para transitar por los 80. A ellos no les emociona pero a los que escuchamos nos encanta saber qué nos espera si es que llegamos.
Tomamos nota partiendo de una verdad verdadera: a partir de los 18 empiezas a pudrirte. Porque desde que nacemos empezamos a deteriorarnos.
Dice Vicent que se envejece por rellanos y no por peldaños. Un día estás bien y al siguiente das un bajón que no esperabas. Probablemente no seas tú el que te des cuenta sino el amigo que te encuentras y que después de saludarte se queda en silencio. Nada resuena más que eso. Porque lo que te dice el espejo no es concluyente, “uno envejece en los sucesivos espejos que cambian de lugar. No me veo igual en el espejo de Madrid que en el de Denia”. Para Juanjo este problema es diferente porque no suele verse a sí mismo sino a su padre, o una imagen familiar en la que no se reconoce del todo.
"La vida es una idiotez absoluta, un caos entre dos silencios que dura un chispazo."
En ese caos Manuel, que a los 80 saltaba charcos y a los 90 se cae en ellos, recomienda: “No mires al firmamento porque el agujero negro está en el suelo. La filosofía de los 90 es saber dónde pones el pie”.
Uno, dentro de sí, lleva todas las edades por las que has pasado. Con 90 aun guardas al niño que fuiste. Lo malo es un señor mayor haciendo de joven. No hay que obsesionarse, cada edad tiene su encanto y su definición: La peor década es la de los 40 que es cuando acaba la juventud, la primera vez que escuchas que te llaman de usted. A los 50 piensas ¡Qué barbaridad! A los 60 “esto debería estar prohibido”. A los 70 ya no se cumplen años, se cumple salud o enfermedad, proyectos o nada. A los 80 hay que luchar por no oler a viejo cerrado.
Cuando uno huele a cerrado los chips se obturan y te conviertes en un viejo desolado. Hay que ventilarse y convertirse en uno soleado y que ese sol llegue a la circulación. Es importante que te pasen cosas. “Si no te pasa nada el tiempo no existe. Si no tienen conflictos tienes que hacer de tu vida cotidiana un acontecimiento: la salida del sol, el desayuno, un gin tonic… O fabada o psicoanálisis”.
Un último consejo: no engordes. “A un intelectual gordo nadie le va a hacer caso. Hay que estar delgado”. Amén

Paqui Ramos
Casi siempre en la radio. Siempre en la SER. Trabajando con Javier del Pino y yendo a sitios con Juanjo...




