Carlos Franganillo ha sido corresponsal en Rusia y en Estados Unidos: esta es la diferencia más notable que ha encontrado entre ambos países
El periodista recuerda su choque cultural al llegar a Moscú y cómo esa experiencia le condicionó cuando fue enviado a Estados Unidos

Carlos Franganillo ha sido corresponsal en Rusia y en Estados Unidos: esta es la diferencia más notable que ha encontrado entre ambos países
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El periodista Carlos Franganillo pasó varios años como corresponsal en Moscú antes de trasladarse a Estados Unidos. En el programa Ser Aventureros de la Cadena SER ha recordado cómo fueron sus primeros días en Rusia y cómo esa experiencia terminó moldeando su forma de mirar el mundo.
Franganillo admite que llegó casi sin preparación: "Yo llegué sabiendo muy poquito ruso, aprendí lo justo para defenderme. Tampoco sé muchas más ahora", bromea. Le ofrecieron el puesto en diciembre y, apenas un mes después, estaba aterrizando en Moscú. "Llegué el 2 de enero de 2011, con 12 grados bajo cero y de noche a las cuatro de la tarde", contó. Aquel choque inicial fue inevitable: "La primera impresión es dura. Vas con muchos prejuicios y todo te resulta extraño: ves gente sospechosa por todas partes y todo está oscuro".
El carácter de la gente tampoco le facilitó la adaptación. "El ruso, de primeras, es una persona hostil: no te sonríe y no te da confianza hasta que pasas una serie de filtros", explicó. Esa distancia marcó sus primeros días: "Fueron días de mucha hostilidad hasta que aprendes esos códigos".
Tras tres años y medio en Moscú, su siguiente destino fue Estados Unidos. Y allí el contraste fue total. "Me encontré todo lo contrario", resume. En las calles estadounidenses se sorprendía con la cercanía de la gente: "Te paraban por la calle para decirte qué bonitos zapatos o qué gafas más bonitas. Te sonreían todo el rato".
Pero aquella amabilidad tampoco le resultó natural. "Yo pensaba: estos tipos son idiotas. Me están tratando de engañar o quieren algo de mí". Después de tanto tiempo en Rusia, había interiorizado sus códigos: "Me había rusificado tanto que esa actitud tan amistosa me chirreaba", admite.
Con la perspectiva del tiempo, Franganillo resume así lo que aprendió de ambas experiencias: "Al final, uno se adapta a todo. Te vas endureciendo y haciéndote al entorno, sea cual sea".




