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Sociedad

"Yo tenía muy claro que me iba de monja": María Engracia, la mujer que iba para el convento hasta que 'El Rubio' se cruzó en su camino

Tal como explicó en 'Hoy por Hoy', todo empezó con una invitación que no esperaba aceptar

María Engracia, una vida a velocidad de lambretta

La historia de María Engracia, albaceteña de 70 años, llegó a Hoy por Hoy como una vida sencilla, sin grandes sobresaltos. Al menos así lo describía ella misma. Sin embargo, bastó tirar un poco del hilo para descubrir que sí había historia. Especialmente la que protagonizó cuando, con 17 años, estuvo a punto de entrar en un convento hasta que El Rubio se cruzó en su camino.

"Yo tenía muy claro que me iba de monja", cuenta. Con 17 años madrugaba mucho para ir a trabajar y, antes, se pasaba por la residencia San Antón con una amiga. "Nos levantábamos a las cinco de la mañana para ir a ayudar". Su amiga sí tomó los hábitos; ella, en cambio, tenía la vocación a medio hacer.

El giro llegó por una invitación muy simple. "Una compañera me dijo: 'Qué vida más aburrida llevas, vente a dar un paseo'". A ella no le entusiasmaba la idea: "A mí eso de las discotecas no me llamaba nada, pero al final fui".

Ese día, un chico se acercó a pedirle un baile. "Se me acercó un chico rubio, guapísimo y me dijo que bailara con él", recuerda entre risas. Aun así, pensaba que su camino seguía siendo el convento: "Me lo he pasado bien, pero todavía tengo lo otro". Pero la vocación empezó a flaquear. "Me duró poco lo otro", cuenta.

El Rubio seguía insistiendo. "Me decía que no podía venir a verme porque estaba sacándose el carné de conducir y había suspendido". Ella, en broma, le respondió que tenía "contactos" para que aprobara. "Le dije: ya verás cómo pasas el examen".

Unos días después, mientras iba al trabajo en autobús, sus compañeras empezaron a señalar hacia la ventanilla: "Mira quién viene por ahí". Y era él, siguiéndola en una Lambretta. "Yo dije: pero si ese chico es el mío", recuerda.

En la primera parada, él la hizo bajar para darle la noticia: había aprobado. "Me dijo que le había dado mucha suerte". Y ella le respondió que era gracias a sus contactos: "Le dije que mis contactos eran con Dios". Él bromeó con que no entendía de misas y ella remató: ‘No hace falta que entiendas; yo pedí ayuda y te la han dado".

A partir de ahí, María Engracia no tenía dudas: "Me llamaba más el Rubio que la vocación", admite riéndose. Y así, casi sin darse cuenta, cambió el convento por una historia de amor que dura ya casi medio siglo.

Se casaron en 1978, pese a los pronósticos poco alentadores de sus amigas: "Decían que iba a durar muy poco, que yo tenía mucho genio. Hasta hicieron apuestas". Medio siglo después, es ella quien se ríe de aquellas predicciones: ‘"Mira quién ganó".

Hoy, con 70 años llenos de vitalidad, viajes, gimnasio y nietas a las que adora, María Engracia sigue emocionándose con la primera canción que bailaron juntos. "Fue Un ramito de violetas, de Cecilia", recuerda. "Cada vez que la oigo me emociono".