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Opinión

Cuando no es el fuego, es la riada

Ignacio Peyró: "Cuando no es el fuego, es la riada"

El refranero español es varios siglos más viejo que Míster Wonderful y, en vez de abrazar la retórica motivacional -tú lo vales, bonita; eres el mejor, monstruo- prefería una crueldad de lo más crudo.

Son cosas que sorprenden todavía. Cría cuervos y te sacarán los ojos. Quien bien te quiere, te hará llorar. Piensa mal y acertarás. Hay, con todo, algunos aciertos que son un clamor. Ninguno más que el que dice que nunca llueve -o nieva- a gusto de todos.

La vida se ha vuelto un pesar continuo entre filomenas y esas danas que antes llamábamos gota fría. Apenas se ha ido la tormenta Ingrid que entra la borrasca Kristin.

Días atrás iba uno en coche por Ávila y Segovia hasta el puerto del Manzanal, que -si la geografía comarcal no me falla- delimita la Maragatería y el Bierzo. Todo estaba nevado: era una maravilla. Parecía, ya me perdonarán la expresión, un jodío Brueghel. Solo faltaban niños con trineo.

Pero bien sé, ay, que en unos días ese idilio será una caca blanca, y que mientras la nieve cae mansa en Ávila, un poco más abajo, en Cáceres, el viento arranca los árboles y el agua impide los caminos. Es nuestra condena: pasear al santo para que llueva y luego para que deje de llover. Así estamos estos años: cuando no es el fuego el que nos saca de la casa, es la riada.