Nazareth Castellanos, neurocientífica: "Lo que comemos afecta directamente a nuestro cerebro"
La física y neurocientífica explica cómo el intestino, la respiración y la microbiota influyen directamente en el cerebro y en nuestra identidad

'Neurociencia de café', con Nazareth Castellanos | Intestino y cerebro
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Madrid
Durante años creímos que el cerebro era el único órgano implicado en la conducta humana. Hoy, la neurociencia dice otra cosa. "El cerebro no va por libre", explica Nazareth Castellanos en La Ventana, física, neurocientífica y directora de la Fundación HYGEIA Biomedicina. "Necesita integrar constantemente la información que recibe del resto del cuerpo", señala.
Uno de los ejemplos más claros es el eje intestino-cerebro. Si durante décadas se estudió cómo el cerebro influía en el intestino en situaciones de estrés, ahora la investigación avanza en sentido inverso: cómo lo que ocurre en el intestino condiciona la actividad cerebral.
Según Castellanos, el cerebro integra todas esas señales corporales en una región clave: la ínsula. "En la parte posterior está representado nuestro cuerpo por dentro, después el cuerpo por fuera y, en la parte anterior, nuestra identidad, nuestra biografía", explica. "Nuestro yo se construye a partir del cuerpo. No podemos separar mente y organismo".
Cuidar el cuerpo también es cuidar las ideas
De ahí que la alimentación, el descanso o el ejercicio no sean solo cuestiones físicas. "Si cuidamos el intestino, cuidamos también nuestras ideas", señala. Una reflexión que, añade, debería aplicarse también en ámbitos como la educación: "No podemos preocuparnos solo por las asignaturas y olvidarnos de la alimentación".
El foco está ahora en la microbiota, el conjunto de bacterias, hongos y virus que habitan principalmente en el intestino. Su papel es fundamental no solo para el sistema digestivo o inmunitario, sino también para el sistema nervioso.
Cuando ese ecosistema se altera, lo que se conoce como disbiosis o SIBO, las consecuencias van mucho más allá del malestar digestivo. "Se observa en cuadros de estrés, amplificación del dolor y también en ansiedad, depresión, síndrome de intestino irritable o incluso enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o el Alzheimer", apunta.
Cuerpo y mente en situaciones de estrés
Uno de los hallazgos más relevantes es que, cuando la salud mental se deteriora, la comunicación entre cuerpo y cerebro puede volverse excesiva. Es lo que los investigadores llaman "aberrancia interoceptiva". "Justo cuando estamos peor es cuando más nos cuesta cuidarnos, y es cuando más deberíamos hacerlo", subraya Castellanos.
La dieta y el ejercicio aparecen como herramientas clave. Una alimentación rica en fibra, frutas, verduras y alimentos fermentados, como yogur o kéfir, ayuda a mantener una microbiota diversa y saludable. Y el ejercicio físico también cuenta: "Una vida sedentaria se correlaciona con una microbiota menos sana".
Aunque pueda parecer revolucionario, Castellanos recuerda que esta visión no es nueva. "Hipócrates, Galeno, Maimónides o la medicina ayurvédica ya hablaban del intestino y de la dieta como pilares de la salud", recuerda. "La ciencia lo ha redescubierto hace apenas 20 años".
Para Castellanos, el mensaje es claro: "Cuidarse no es solo ir al psicólogo. El cuerpo tiene que acompañar". Una hoja de ruta para entender la salud mental como un proceso integral, biológico y profundamente humano.





